El panorama era completamente nuevo. Dos carteles recién impresos en la oficina del Monasterio de Santa Catalina y clavados en las puertas del templo informaban someramente la situación: “Cerrado momentáneamente” y “Riesgo estructural”. A los vecinos que se acercaban, un guardia les informaba que la iglesia permanecía cerrada porque habían aparecido grietas en el edificio, de más de 200 años, a partir de los trabajos que estuvo realizando el Gobierno de la Ciudad durante la semana pasada para hacer peatonal la calle Viamonte. Por la mañana, el rector del monasterio, el padre Gustavo Antico, no se animó a celebrar misa dentro de Santa Catalina y decidió salir al atrio, al aire libre, para que los feligreses no corrieran peligro.
Ocurre que vecinos y miembros de la comunidad de la iglesia y el Monasterio de Santa Catalina de Siena denuncian graves daños sufridos en la estructura del histórico templo, fundado en 1745, uno de los últimos vestigios de la arquitectura colonial porteña.

“No sabemos si existe peligro de derrumbe. Lo que sí sabemos es que desde que empezaron a trabajar las máquinas y el taladro neumático, en cuestión de horas la iglesia y todo el complejo se llenaron de grietas. Algunas parecen realmente profundas y atraviesan las columnas, que tienen dos metros de espesor. Una de las grietas atraviesa todo el edificio y llega hasta la cúpula”, relató el padre Antico a LA NACION durante una recorrida por el monasterio.
Desde el Gobierno porteño afirman que antes del inicio de la obra se realizó una evaluación del estado del edificio y un relevamiento de las grietas, y aseguran que las fisuras que se atribuyen a la obra en realidad son preexistentes, algo que niegan las autoridades del templo.

“Hay cosas que no se pueden hacer. Este edificio es muy antiguo y no tiene cimientos. Creemos que, al excavar y al perforar el asfalto con esas maquinarias, puede haberse desplazado el edificio. Aunque hayan sido pocos milímetros, fueron suficientes para que se llenara de grietas. No se tomaron los recaudos para que esto no pase”, advierte el rector.
El domingo al mediodía, al recorrer el templo, el sacerdote, que vive allí mismo, confirmó que las rajaduras, que no existían la semana anterior, estaban por todas partes. Comenzó esta mañana a colocar tiras de cinta aisladora azul sobre las paredes para indicar las nuevas grietas que aparecieron en estos días. La primera se advierte en la capilla del Santísimo. La quebradura se puede ver de los dos lados de la pared.

Hay al menos unas 20 grietas descubiertas en las últimas horas por el cura y por sus colaboradores. Algunas son pequeñas, otras, enormes. Una, sube por la pared hasta la cúpula. Hay otras dos dentro del altar, en la parte más alta. Otra atraviesa una de las diez columnas. “No sabemos si la grieta atraviesa toda la columna. Por lo tanto, tampoco sabemos si es seguro estar aquí adentro”, dice el padre Antico.
Ya el viernes, cuando empezaron a ver las primeras grietas, las autoridades del lugar reclamaron a la Ciudad que parara la obra, y así se hizo por el momento. También los convocó para evaluar daños. La reunión se realizó hoy al mediodía y participaron tanto autoridades eclesiales como vecinos y representantes de la Organización Basta de Demoler, que vienen enfrentándose con el Gobierno de la Ciudad por la viabilidad y autorización de una gran obra que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos popularmente como mormones, quiere realizar en un predio que compraron en 2023, justo a la vuelta del monasterio.
“Daños que podrían haberse evitado”
Pasado el mediodía, el rectorado de la Iglesia de Santa Catalina envió un comunicado a los vecinos y miembros de la comunidad: “Quiero comunicarles que hemos decidido cerrar momentáneamente el templo debido a los daños ocasionados por la obra de peatonalización de la calle Viamonte que está llevando adelante el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Con dolor constatamos daños estructurales que podrían haberse evitado. En reiteradas ocasiones hemos llamado la atención acerca de los riesgos que pueden generar proyectos y obras en el entorno de estos dos Monumentos Históricos Nacionales”, dice el texto, que lleva la firma de Antico.

“Nos duele la insensibilidad y el incumplimiento de las normativas ante una larga historia de reclamos. Este nuevo hecho confirma y corrobora lo que venimos manifestando desde hace mucho tiempo, dejando en evidencia la necesidad de reconocer y declarar al entorno de Santa Catalina como área de amortiguación en orden a velar por el cuidado y preservación de tales monumentos”, dice el comunicado.
Justamente, esta novedad ocurre a una semana del fallo de la Cámara de Apelaciones porteña que revocó el amparo que en diciembre último había aceptado la Justicia de primera instancia, por considerar que no estaba probado que la obra del futuro templo mormón representara un riesgo para la estructura del templo católico, levantado en 1745. Tres semanas atrás, las autoridades de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días habían presentado su apelación, alegando que exigir para la habilitación de una obra cuyo destino es un local de culto la necesidad de pasar por la Legislatura y ser sometida a audiencias públicas podría significar una violación a la libertad religiosa.

“No tiene nada que ver la libertad religiosa ni el derecho de propiedad, los señores que compraron ese terreno no pueden hacer la obra que ellos tienen proyectada, porque los monumentos se van a caer. Lo demuestran lo que pasó estos días. Esto es una muestra de lo que puede pasar. Por eso vamos a insistir ante la Justicia, porque no es posible decir que no se puede asumir un daño probable. Después va a ser demasiado tarde. Hizo muy bien el padre Antico en clausurar la iglesia y dar misa afuera, porque no sabemos si es seguro”, aseguró a LA NACION María del Carmen Usandivaras, una de las vecinas activistas de la agrupación Basta de Demoler.
Al mediodía, en las oficinas de la iglesia, en Viamonte y San Martín, se reunieron el rector y los vecinos de Basta de Demoler con los representantes que envió el Gobierno porteño, ante la paralización de las obras. Según se pudo saber, en los próximos días trabajará un arquitecto estructuralista para evaluar los daños reales. También estuvieron presentes en la reunión representantes de la Dirección Nacional de Patrimonio, ya que los dos edificios, el de la Iglesia y el que fue por muchos años un monasterio, son Monumentos Históricos Nacionales.

Por la tarde, los vecinos se acercaban a preguntar qué estaba ocurriendo y por qué la iglesia estaba cerrada. Tampoco abrió sus puertas el museo, ya que también allí aparecieron grietas y desprendimientos de mampostería durante el fin de semana. En cambio, el café y restó que funciona adentro continúa trabajando ya que la mayoría de las mesas se encuentran al aire libre.
La obra sobre la calle Viamonte estaba completamente paralizada. Todavía permanecen las vallas, desde donde se puede ver el trabajo que se hizo la semana pasada para retirar el asfalto y cavar dos profundas zanjas a los costados de la calle. También, a mitad de cuadra se hizo un profundo túnel, de unos dos metros de hondo, que avanza hasta la pared de la iglesia.
Ante las consultas de LA NACION, desde el Gobierno de la Ciudad se informó que varios meses antes del inicio de la obra se realizó una evaluación del edificio y se determinó que ya había grietas. Ahora, informaron, se constatará si se formaron nuevas.

Desde el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana del Gobierno de la Ciudad se informó que en septiembre del año pasado, la Ciudad inició la reconversión de la calle Viamonte para renovar ocho cuadras entre Carlos Pellegrini y L. N. Alem. Se apuntó que previo a que la obra avance sobre Viamonte al 400, el Gobierno porteño le presentó el plan de trabajos al con el párroco del Monasterio de Santa Catalina, quien había manifestado su preocupación por la obra.
“En ese contexto, el equipo especializado de técnicos de la Ciudad realizó un relevamiento especial ante un escribano el pasado 22 de abril para evaluar la situación estructural del edificio. El resultado de los estudios reveló que las grietas en el edificio estaban presentes antes del inicio de la obra. En virtud de la situación y, con las precauciones del caso, el miércoles 13 de mayo se inició la obra en Viamonte y San Martín sobre la vereda frente al Monasterio para no afectar directamente el entorno del edificio. Ante el reclamo del párroco, desde el viernes 15 de mayo la obra de renovación de calle Viamonte se encuentra pausada”, se informó.
Paralelamente, el Gobierno porteño decidió realizar un nuevo informe por parte de un estructuralista a fin de determinar el estado de situación actual del edificio. Se informó que las autoridades porteñas se encuentran en diálogo con el rector de Santa Catalina con el objetivo de encontrar una solución que permita reiniciar la obra.
“El proyecto Viamonte contó con instancias de participación ciudadana, que incluyeron consultas previas en el marco de reuniones con vecinos y frentistas. Las cuadras intervenidas ofrecen oportunidades claras para ampliar la cantidad de vegetación y arbolado, así como de equipamiento público. El proyecto, una vez finalizado, permitirá favorecer la reactivación de la zona tanto para los locales comerciales actuales, como para posibles nuevos comercios”, apuntan desde el Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana.


