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Estrada, la primera escuela modelo de América del Sur

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La Quincy Grammar School de Boston (Massachusetts) se terminó de construir en 1848 y se convirtió en la primera escuela con grados del continente. Albergaba doce aulas separadas por edades y pupitres individuales. El mentor de este concepto y de la escolarización universal, gratuita y laica fue el estadounidense Horace Mann.

El primer edificio, muy parecido al actual

¿Quién sino Domingo Faustino Sarmiento podía trabar amistad y lazos pedagógicos con este pionero de las aulas? Fue así, que solo doce años después nuestro prócer logró la hazaña de inaugurar un establecimiento similar en la calle Reconquista, entre Corrientes y Parque (luego Lavalle): la “Escuela Catedral al Norte”.

Fue una iniciativa que selló una idea revolucionaria en lo político y educativo; porque antes, las cuestiones de la enseñanza se improvisaban en lugares preexistentes que se adaptaban con criterios arbitrarios.

Atrás de esta proeza hay una rica cronología de hechos significativos. A poco de conocer a Mann, en 1847, Sarmiento, ni lerdo ni perezoso, escribió un valioso tratado sobre educación popular y propuso ¡crear rentas y edificios propios para impartir conocimientos a los alumnos!

Alumnos de quinto grado de la entonces Escuela Graduada de Varones, 1889.

Secuela: en 1856 asumió un rol estratégico como jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires. Brillante político, dos años más tarde consiguió que se aprobara la primera ley de construcción de edificios escolares comunes. Fue una decisión crucial dado que la provincia tenía 120.000 habitantes, de los cuales, 24.000 eran niños y apenas 7.700 tenían dónde estudiar.

La normativa estableció que las arcas estatales debían erogar con este fin instructivo iguales montos de dinero a los que recaudaran los vecinos de cada parroquia. En este caso original los recursos surgieron de acaudalados patriotas de apellidos ilustres como Guerrico, Obligado, Anchorena, Llavallol o Lezica. Se juntaron 160.000 pesos y se eligió el predio…

Proyecto original del arquitecto Barabino

Hasta entonces, las madrugadas de este inmueble se poblaban de harinas y artesanos de la masa junto a un infernal horno donde se elaboraban cientos de panes y facturas para satisfacer a los parroquianos. Don Antonio Masarro, dueño del lugar, fue renuente a dejar su local ¡por hacer una escuela! Sin embargo, entendió que “no solo de pan vive el hombre”, que el monto de la expropiación no era exiguo y accedió. Es más, hasta contribuyó con $ 1.000 “para la erección de la escuela”.

El tiempo de materialización de una idea

El 26 de mayo de 1859, el diario El Nacional, anunció: “Mañana 27… tendrá lugar una ceremonia interesante y nueva entre nosotros, la de la colocación de la piedra fundamental de la escuela superior de la Catedral Norte”. Tan único e inédito que fue la primera de América del Sur y su nombre aludía a la división barrial instaurada tomando como punto referencia el máximo templo católico (después se lo denominó como barrio San Nicolás).

Uno de los tesoros de la escuela inaugurada en 1860

Efectivamente, el 27 se armó un festejo con unos 5.000 niños y vecinos que desfilaron entre la Pirámide Mayo y el solar de calle Reconquista. El acta describió: “… bajo la piedra se colocaría una caja de hierro conteniendo copia del acta firmada por los miembros de la Comisión, una lista de los ciudadanos que hubiesen contribuido…, el plano litografiado del edificio a construirse…, un ejemplar de los diarios del día anterior y de la mañana y algunos billetes de papel moneda corriente y que hecho todo se soldase la caja”.

Y Sarmiento se despachó con una disertación metafórica: “La escuela es en lo moral, lo que la palanca de Arquímedes en lo físico, el más vulgar y conocido mecanismo humano, la más colosal de las fuerzas aplicadas a la materia o a la inteligencia.” Participaron figuras de la sociedad civil y militar, educadores, alumnos de instituciones estatales y privadas, hubo adornos con los colores patrios, se entonó el Himno y sonaron bandas de música.

Una de las aulas en clase de francés

Un año después escribió El Monitor: “El edificio está por concluirse con un lujo y gusto de decoración que abre una nueva época, con una fachada monumental, pavimento y escaleras de mármol y puertas de caoba, tiene salones capaces de contener trescientos alumnos. Espérase la llegada de los muebles de patente y útiles de enseñanza de los Estados Unidos.” Fueron 240 bancos, dos escritorios para maestros y colecciones de mapas, partituras de música, dibujos y hasta globos pizarra para geografía.

De tal modo, el 18 de julio de 1860 se inauguró en otra pomposa ceremonia con la presencia de don Domingo (entonces ministro de Gobierno), Bartolomé Mitre, Justo José de Urquiza y el presidente Santiago Derqui, entre tantas personalidades.

Placa de homenaje de los alumnos de 6to grado de 1916 a 1918

En cuanto al contexto, este hito aconteció en medio de enfrentamientos políticos militares entre la Confederación Argentina y Buenos Aires. Trasfondo que quizás llevó a Sarmiento a decir en el evento que “la Casa-Escuela de Catedral Norte es el primer edificio monumental de escuela erigido en Sud América… Fundemos, mientras otros se matan, una escuela”.

Este palacio escolar público, popular y graduado diseñado por el arquitecto Miguel Barabino se transformó en un emblema de los valores educacionales que sustentaron la organización nacional y desde 1970 está catalogado como Monumento Histórico Nacional.

Entre Estrada y el presente

El centro educativo, identificado como N° 4, recibió en su 50° aniversario el nombre del escritor, intelectual y distinguido orador José Manuel Estrada; merecido honor puesto que fue alumno y director. De ahí que la fiesta anual del colegio tenga que ver con el patrono, el 17 de septiembre, fecha de su muerte. Desafortunadamente, por el mal estado edilicio debió demolerse en 1927; aunque en 1930 estuvo lista la reconstrucción que hoy vemos, diseñada por los arquitectos Alberto Gelly Cantilo, Carlos Morra y Juan Waldorp.

Histórica magnolia que florece cada noviembre en el patio de la escuela

Solo la fachada conserva los criterios estéticos italianos que le imprimió Barabino y está retirada de la línea municipal con una verja que ocupa todo el frente y la separa de la vereda. En tanto que la planta rectangular del edificio tiene tres patios consecutivos (el central techado) alrededor de los cuales se ubican las aulas, precedidas por luminosas galerías.

Las arañas y otras luminarias aún son las originales y un detalle singular es que casi todas las aulas tienen un cuartito para guardar materiales didácticos. Por otra parte, la biblioteca es de gran porte y antigua con volúmenes históricos y actuales; mientras que en el tercer nivel funciona el comedor, el gimnasio y la sala de plástica.

Olga Benítez, Vanina Giacollo y Susana Acosta, del cuerpo directivo actual

Atrapada entre altos edificios, fundamentalmente oficinas, el 27 de mayo cumplirá 167 años de historia (aunque su edificio actual tiene 96 años) como “escuela de varones” ya que el alumnado se hizo mixto en 1984. En uno de sus dos patios abiertos, en el centro se luce una enorme magnolia, retoño de la que plantó don Domingo Faustino. Frondosa, testigo de generaciones de alumnos disfrutando los recreos, anuncia con sus enormes flores blancas cargadas de fragancia que ya es noviembre.

Uno de los pupitres que Sarmiento hizo traer, restaurado.

El perito Francisco P. Moreno, el folklorólogo y etnógrafo Juan Bautista Ambrosetti, el ex presidente Roque Sáenz Peña, el poeta Pedro B. Palacios (Almafuerte) y el filósofo, psicólogo y ensayista José Ingenieros, estuvieron entre quienes se formaron en esta institución ocupando sus pupitres.

Al respecto, es de destacar que uno original que hizo traer Sarmiento de Estados Unidos fue restaurado y forma parte del acervo museológico, como se observa en tantos muebles, cuadros, objetos, juegos, placas de homenaje y una pieza clave: la piedra fundamental de 1859.

La nueva conducción pedagógica está formada por Vanina Giacollo (directora), Olga Benítez (vice) y Susana Acosta (secretaria) con un alumnado que se forma en instrucción común, con francés como idioma e intensificada en artes desde 2008, por lo cual tienen como materias: música, teatro, danza, artes visuales y medios audiovisuales.

La escuela fue demolida en 1927 y reinaugurada en 1930. El debate acerca de si modernizarla o mantener su aspecto original tuvo mucho espacio en los medios.

“Estamos muy contentas, cómodas y con muchas ganas de renovar lo que veamos preciso de implementar sabiendo que el cuerpo docente tiene experiencia y solvencia. El diseño curricular con las nuevas corrientes y temáticas lo trabajamos por medio de distintos programas y dispositivos para aprovechar esos recursos, así como estamos complementándonos con la Cooperadora ya que tenemos muchos proyectos para renovar la escuela; siempre cuidando el patrimonio”, expresó Giacollo.

La currícula es de 143 alumnos, cifra que muestra que ha bajado, pero ocurre en general en todos los establecimientos como efecto de la reducción en la tasa de natalidad. La mitad son de los alrededores o hijos de padres que trabajan en oficinas cercanas y la otra mitad proviene del Barrio 31 de Retiro, niños que llegan en colectivos habilitados a tal fin. El horario es de 8 a 16:20 con una pausa al mediodía donde entra en juego el comedor, que cuenta con cocina propia para elaboración local.

Jorge Omar Díaz, auxiliar de portería, trabaja aquí desde 1983, está próximo a jubilarse y contó que un episodio que se repite en la calle o en algún supermercado es que alguna persona adulta le pregunte si se acuerda de él. “¡Cómo me voy acordar si eran todos niños y pasaron tantos años!”, justifica divertido.

Como se relata en tantos edificios con pasados cargados de vivencias, en la visita no faltaron los comentarios acerca de ciertas apariciones o presencias fantasmales. Al mismo Jorge lo espantó una escoba voladora cuando estaba limpiando el gimnasio. “Salí corriendo y hasta la planta baja no paré. Fue un susto tremendo”.

Un angosto patio delantero retirado de la línea del frente.

Paola Beltrán y Susana Acosta en el recorrido con LUGARES subrayaron un ámbito cargado de emoción: es el ex despacho de la legendaria Asociación de Exalumnos, donde hay material histórico recopilado y latente el recuerdo de que participaron siempre de actividades y actos, así como colaboraban con la cooperadora.

El hecho más reciente de la agrupación se remite a 2010, para la fiesta del cumpleaños 150 de la Estrada, donde uno de los exalumnos que dijo presente en la conmemoración fue el entrañable actor Luis Brandoni, quien también en 2012 encabezó el acontecimiento como “abanderado” con un estandarte especial con simbología histórica.

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