Si alguna estrella de Hollywood supo convertir su vida en una auténtica saga de glamour, pasión y resiliencia, esa es Joan Collins. Dueña de una belleza deslumbrante y una personalidad magnética que atravesó generaciones, la actriz británica vivió romances intensos, matrimonios turbulentos y escándalos que alimentaron titulares durante décadas.

Días pasados reapareció en la alfombra roja de Cannes para la proyección del film La Vénus Électrique en calidad invitada de honor y demostró que a sus 93 años recién cumplidos continúa siendo un ícono. Filmó más de 60 películas y participó en más de 15 obras teatrales, pero se hizo mundialmente famosa al protagonizar Dinastía, en la que interpretó a la inolvidable villana Alexis Colby.

AMORES, MUCHOS Y VARIADOS
Pero mucho antes, Joan ya era una de las jóvenes promesas más admiradas del cine británico. Y en los círculos rojos del espectáculo dio rienda suelta a una vida sentimental tan apasionante como compleja. Uno de los capítulos más dramáticos de su juventud estuvo ligado al actor Warren Beatty.

Collins reveló años después que, cuando tenía poco más de 20 años, quedó embarazada durante su relación con el entonces prometedor galán. Según contó en sus memorias, él le pidió que interrumpiera el embarazo argumentando que la llegada de un hijo arruinaría sus respectivas carreras. La actriz accedió y durante mucho tiempo describió aquella experiencia como uno de los episodios más dolorosos de su vida.

Su primer matrimonio fue en 1952 con el actor irlandés Maxwell Reed. Lo que parecía una historia romántica terminó convirtiéndose en un vínculo marcado por los conflictos. Collins denunció comportamientos abusivos y reveló situaciones que hoy serían consideradas absolutamente inaceptables.

Aquella experiencia dejó una huella profunda y la llevó areplantearse su visión del amor y de las relaciones. Tras el divorcio, Collins se enamoró del cantante y actor Anthony Newley. La pareja se convirtió en una de las más fotografiadas de los años sesenta. Tuvieron dos hijos, Tara (62) y Alexander (60), y durante un tiempo encarnaron el ideal de familia glamorosa.

Sin embargo, la intensa actividad profesional de ambos y las constantes infidelidades atribuidas a Newley terminaron deteriorando la relación hasta desembocar en la separación. La actriz no permaneció mucho tiempo alejada de los titulares. Su tercer marido fue el empresario estadounidense Ron Kass, con quien tuvo a su hija Katyana (53). Atravesaron momentos muy difíciles, entre ellos los problemas financieros y las adicciones de Kass.

A pesar de los intentos por sostener la relación, el vínculo llegó a su fin. En la década de los ochenta, cuando Joan alcanzó la cima de su popularidad con su papel de villana en la serie Dinastía, volvió a encontrar el amor con el cantante sueco Peter Holm. Un romance apasionado que terminó en uno de los divorcios más mediáticos de la época. Las disputas económicas fueron feroces. Collins acusó a Holm de intentar beneficiarse de su fortuna y el proceso judicial se convirtió en un auténtico espectáculo público.

A lo largo de los años también se la vinculó sentimentalmente con varias figuras célebres: el actor Ryan O’Neal, el cantante Harry Belafonte y otros galanes de distintas épocas.

MÁS DE 25 AÑOS JUNTOS
Cuando muchos pensaban que ya había vivido todas las experiencias posibles en el amor, Joan encontró la estabilidad junto a Percy Gibson. Se conocieron a comienzos de los años 2000 cuando él trabajaba como productor teatral. La diferencia de edad (ella le lleva 30 años) generó comentarios y especulaciones, pero hicieron oídos sordos a las críticas. Contra todos los pronósticos, la relación prosperó. Se casaron en 2002 y, desde entonces, son uno de los matrimonios más sólidos del ambiente artístico. Joan suele referirse a Gibson como el gran amor de su madurez, el hombre que le permitió encontrar serenidad después de décadas de relaciones turbulentas.

LA DISCIPLINA DETRÁS DEL MITO
La estrella contó que no suele desayunar y tampoco come muy tarde en la noche. “Creo que nuestro cuerpo es una fábrica… Hay que alimentarlo con lo adecuado. Si tenés un auto estupendo, no le ponés nafta de mala calidad. Soy muy exigente con lo que como”. Pero tiene una debilidad: el chocolate con leche. “Cuanto más barato, mejor. Me doy un capricho. ¿Por qué no?”.

En una oportunidad le preguntaron por el secreto para verse tan bien, y ella simplemente respondió que lleva una vida tranquila, donde su única preocupación son sus nietos e hijos. Collins también confesó que nunca fue partidaria de las dietas extremas ni de las rutinas agotadoras. Su filosofía se basa en comer, pero en pequeñas cantidades, privilegiando alimentos frescos y evitando los excesos. Además, procura mantenerse activa mediante caminatas, ejercicios suaves y estiramientos.

Fiel defensora del cuidado de la piel, sostiene que la protección solar, la hidratación y el descanso fueron algunos de sus mejores aliados a lo largo de las décadas. “No creo en las agujas ni en esas cosas. Nunca me he puesto bótox ni nada en la cara… Nunca se me ocurriría hacer algo así. He visto demasiadas caras desastrosas. Creo que si querés perder peso, tenés que comer menos. No me privo de los placeres de la vida, simplemente no abuso de ellos”, contó a HELLO! el año pasado.

Con su característico sentido del humor, Joan suele decir que uno de sus secretos de belleza es rodearse de gente joven y conservar las ganas de disfrutar. Una actitud que parece haberle permitido desafiar el paso del tiempo y seguir siendo, generación tras generación, una de las grandes y fascinantes divas de la escena internacional.




