A los siete años, Terence Tao ya asistía a clases de secundaria. Décadas después, aquel niño australiano que sorprendía a docentes y especialistas es considerado por muchos como el matemático más brillante del planeta. Hoy, a los 51, continúa investigando, enseñando y defendiendo la colaboración científica desde la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), donde desarrolla gran parte de su trabajo desde hace más de 25 años.
Apodado desde hace tiempo como el “Mozart de las matemáticas”, Tao construyó una trayectoria extraordinaria que lo llevó a revolucionar múltiples áreas de esta disciplina. Sin embargo, lejos de la imagen del genio aislado, actualmente se presenta como un investigador convencido de que los grandes avances surgen del trabajo colectivo y del intercambio de ideas entre personas de distintos lugares y especialidades.
El niño que veía números en todas partes

La fascinación de Tao por los números comenzó cuando era muy pequeño. Según dio a conocer en diálogo con la BBC, uno de los primeros recuerdos de su infancia está relacionado con su abuela, que limpiaba las ventanas de su casa. “Le pedía que hiciera los números con el jabón sobre los vidrios. Le decía: ‘poné el 3 ahí y el 7 allá’”, contó.
Las matemáticas no eran para él una obligación escolar, sino una diversión. “Me encantaba hacer la tarea de aritmética. Creo que era uno de los pocos niños que realmente lo disfrutaba”, recordó. Con apenas dos años, según le contaron sus padres, ya enseñaba a otros niños a contar y sumar.

Ese talento excepcional hizo que, mientras todavía cursaba la primaria, comenzara a asistir a clases de matemáticas y ciencias en una escuela secundaria. Su madre lo llevaba de una institución a otra cada día para que pudiera continuar con ambos programas educativos.
Una carrera fuera de lo común
La rapidez con la que avanzó fue asombrosa. A los nueve años ya resolvía problemas matemáticos complejos y llamó la atención de reconocidos especialistas durante una visita al prestigioso Instituto de Estudios Avanzados de Princeton.

Más adelante llegaron otros hitos difíciles de igualar: ganó una medalla en las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas siendo apenas un adolescente, ingresó a la universidad a los 14 años, obtuvo una maestría a los 16 y completó su doctorado en Princeton a los 21.
Poco después se incorporó a la UCLA, donde se convirtió en el profesor catedrático más joven de la historia de la institución. “Tenía aproximadamente la misma edad que mis estudiantes. Creo que se sorprendieron un poco cuando me vieron acercarme al pizarrón”, recordó.

Su trabajo terminó transformando áreas tan diversas como la teoría de números, las ecuaciones diferenciales, el análisis armónico y la computación. En 2006 recibió la Medalla Fields, considerada el equivalente al Premio Nobel dentro de las matemáticas.
Así está hoy Terence Tao
Actualmente, Tao combina la investigación académica con la divulgación científica. En conferencias y artículos suele explicar cómo las matemáticas están presentes en tecnologías cotidianas, desde las comunicaciones móviles hasta las resonancias magnéticas.
Asimismo, insiste en que la matemática moderna depende de la cooperación. “Cuando era joven pensaba que las matemáticas consistían en encerrarse en una habitación y resolver problemas por cuenta propia”, explicó. Sin embargo, con los años comprendió que gran parte del trabajo consiste en aprender de lo que otros investigadores descubrieron antes.

“Las mejores ideas vienen de todo el mundo”, sostiene. Para Tao, los avances científicos son posibles gracias a redes globales de conocimiento que permiten que investigadores de distintos países compartan hallazgos y construyan sobre el trabajo de generaciones anteriores.
Hoy, a sus 51 años, Terence Tao continúa investigando, enseñando y participando en algunos de los proyectos más complejos de las matemáticas modernas desde la UCLA. Mientras sigue defendiendo la colaboración científica y el intercambio global de conocimientos, el hombre que asombró al mundo siendo apenas un niño continúa ampliando las fronteras de una disciplina en la que ya dejó una huella histórica.


