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“La mano de Dios”: el peluquero canino que sacó una foto icónica y reveló la verdad de un gol inolvidable

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Hace cuatro décadas, Alejandro Ojeda Carbajal, un hombre de 52 años, volvía a su trabajo entusiasmado. Abrazaba la cámara de fotos que usaba, sobre todo, los fines de semana, mientras un auto lo llevaba de vuelta a la redacción del periódico mexicano El Heraldo. Estaba seguro de su suerte, pero debía esperar el revelado del rollo para comprobarla.

Había pasado la tarde apretando el obturador en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, como otros 50 o 100 reporteros gráficos de distintos medios del mundo. Se jugaban los cuartos de final del Mundial de fútbol, y la Selección Argentina se enfrentaba a Inglaterra, una de las mayores potencias en ese deporte.

El arquero Shilton y Maradona en la icónica foto del Mundial 86 tomada por Carbajal

Era el 22 de junio de 1986. Habían transcurrido los 45 minutos del primer tiempo y ninguno de los dos equipos había anotado. Corrían ya seis minutos del segundo cuando Diego Armando Maradona, el Diez, entró al área rival e intentó cabecear la pelota. Competía contra el arquero de Inglaterra, Peter Shilton, 20 centímetros más alto que él. El brazo izquierdo del delantero estaba levantado, buscaba el envión. Ganó la jugada y la pelota cruzó la línea, se metió de lleno en el arco y marcó el primer gol de la victoria que pondría a la Selección en la semifinal.

El VAR no existía, y el marcador se puso en ventaja para la Argentina, pese a que los jugadores británicos se quejaban de una jugada inválida: decían que Maradona había empujado la pelota con el puño. Sin escuchar los reproches, el árbitro ratificó el tanto. Pero al día siguiente, la primera plana de aquel periódico, El Heraldo, mostraría la verdad: Ojeda Carbajal comprobó su suerte, y en el rollo estaba, efectivamente, la imagen clara de la mano del Diez. La mano de Dios.

“No quería tomar fotos de personas muertas”

Alejandro era un hombre común. Practicaba la fotografía más como un hobby que como un trabajo. De hecho, aunque ya había cubierto los mundiales de México 1970, Alemania 1974 y Argentina 1978, su profesión -con la que se ganaba la vida y llenaba la heladera- nada tenía que ver con cámaras y rollos.

A los seis minutos del segundo tiempo, Maradona marcó el primer gol para la Argentina en el partido de cuartos de final disputado contra Inglaterra

Le encantaban los animales, especialmente los perros. De hecho, trabajaba desde joven en una peluquería canina. Su hijo, Juan Carlos, fue quien lo contó en diálogo con distintos medios: “Tenía un negocio para baño y limpieza de perros, ese era su trabajo. Pero un día comenzó a tomarle el gusto a sacar fotos, revelarlas y después colgarlas”, recordó en una entrevista con El Comercio.

Sí, su padre era aficionado a la fotografía, pero nunca había estudiado. Un gran autodidacta. El destino lo cruzó con el director de El Heraldo, Gabriel Alarcón, que por pura casualidad llevó a sus mascotas a la tienda de Ojeda Carbajal. Un día, en una típica charla de “peluquería” donde hablaban sobre sus vidas, Alejandro le contó que le gustaba tomar fotos a sus hijos y que, por eso, había armado un cuarto oscuro para revelarlas en su propia casa.

La mano de Dios, en México 86

Alarcón tuvo, entonces, una idea: le preguntó si quería colaborar con el medio que se preparaba, por entonces, para cubrir los Juegos Olímpicos de 1968. “Eligió cubrir Deportes porque era lo que más le gustaba. Y no quería tomar fotos de personas muertas o cosas así”, agregó Juan Carlos. Se hizo el pacto, arrancó así un vínculo que, sin sospecharlo, lo iba a llevar a la tapa del diario y a la boca de muchos.

“¡Yo la tengo! ¡Yo la tengo!”

Casi 20 años después de ese encuentro azaroso, de esa propuesta, su nueva profesión, que ejercía en paralelo a la peluquería canina, lo llevó al Mundial que también se celebraba en su país. Y ese 22 de junio en particular le tocó en suerte fotografiar uno de los encuentros más memorables de la competición. “Debido a la experiencia que tenía mi papá, por lo general elegía el lugar donde se ponía. Para Argentina vs. Inglaterra, eligió seguir el ataque argentino”, detalló su hijo.

La foto de Carbajal en la primera plana de El Heraldo

“En cada partido de México 86 no dejaban a más de dos fotógrafos por país y por medio de comunicación a pie de campo. En la grada podía haber otros dos. Yo cubrí ese partido, pero como sorteaban los puestos y las pecheras, y no era España la que jugaba, me tocó en el otro lado del campo. No pude captar el gol de Maradona”, recuerda el fotógrafo Pepe Caballero, que cubrió el partido para Marca.

Después del partido, de los clics, los periodistas gráficos corrieron: “Cuando fuimos todos rápido a revelar, en unas cabinas habilitadas para eso, nadie tenía la foto, pero un compañero sudamericano, con un objetivo 200 en la mano, gritó en castellano: ¡Yo la tengo, yo la tengo! Quizá era aquel mexicano”, explicó Caballero.

The Sun recordaba así el gol de Maradona a los ingleses

Ese “yo la tengo” era más una expresión de deseo que de certeza. La prueba tardó en aparecer. Todos querían ser ese alguien en lograrlo. Hasta el momento, la duda persistía: ¿había sido cabeza o había sido mano? La mano que el mismo Maradona le adjudicó a Dios, y que en su libro Mi mundial, mi verdad preveía así: “Si era por los argentinos, teníamos que salir con una ametralladora cada uno y matar a Shilton, a Stevens, a Butcher, a Fenwick, a Sansom, a Steven, a Hodge, a Reid, a Hoddle, a Beardsley, a Lineker. Pero nosotros nos alejamos de ese quilombo. Ellos eran sólo nuestros rivales. Lo que yo sí quería era tirarles sombreros, caños, bailarlos, hacerles un gol con la mano y hacerles otro más, el segundo, que fuera el gol más grande de la historia”.

Francisco Javier González, redactor de El Heraldo en la misma época, le contó a El País la tensión que vivieron en las oficinas en el ínterin. Dijo: “Cuando volví del Azteca, el encargado de fotografía, Aureliano López —ya fallecido—, preguntaba por el material de Alejandro. Todos querían saber si tenía la imagen de la mano. Pero los rollos no aparecían. Algunos compañeros incluso creen que las diapositivas aparecieron en la basura. Que alguien, por error, en el fragor del trabajo, las había tirado”.

Años más tarde, Maradona reconocería que el gol lo hizo con la mano

A esto, Adolfo Peñaloza, también fotógrafo de ese medio, agregó: “Alguien me contó que había visto a Ojeda en una cantina cercana al diario. Los partidos se jugaban al mediodía de México y los periodistas que iban al estadio, cuando regresaban, querían almorzar. Fui al bar y Ojeda estaba jugando al dominó y tomando una cerveza. Le dije ‘¡Están buscando tus fotos!’. ‘Pero si ya entregué los rollos’, me dijo. ‘No, no están’, le insistí. Al final, las había dejado en un bolso. Volvimos al diario y comenzaron el revelado. Aureliano, mi jefe, que era de carácter fuerte, estaba furioso. Le dijo ‘¿Usted tendrá la mano?’. Habíamos tenido dos fotógrafos en el partido y el primero de ellos no la había captado. Ojeda lo calmó: ‘Claro, mi amigo, la tengo’”. De nuevo, la voz de la esperanza.

“Toda la foto a la primera plana”

El revelado terminó por confirmar esa intuición. La mano de Diego hacía contacto con la pelota. “La damos en primera plana, toda la foto a la primera plana”, dijo Alarcón cuando la vio. Más tarde, en una entrevista del mismo diario, y que cita El Comercio, Alejandro explicó cómo fue ese momento: “Me interesé en seguir la jugada hasta que la pelota entró en el arco. Cuando Maradona toca la pelota, yo disparo dos veces”. Y agregó: “Lo único que sé es que los 114.000 espectadores que estaban en el Azteca, millones de televidentes y yo, apreciamos una mano, no sé si fue la de Dios, mientras el árbitro no se percató de ello y dio por bueno un triunfo que debió ser un empate”.

La tapa del Daily Mail anunciaba:

Décadas después, no solo la foto evidenció lo que se sospechaba, sino que el propio Maradona lo dejó claro en el mismo libro: “Pero [la pelota] me cayó como un globito, como un globito me cayó. Aaahhh, qué regalito, papá… ‘Esta es la mía’, dije. ‘No sé si le voy a ganar [a Shilton], pero me la juego. Si me lo cobra, me lo cobra’. Salté como una rana, y eso fue lo que no se esperaba Shilton. Él pensaba, creo, que yo lo iba a chocar. Pero salté como una rana, fijate en las fotos […]. Si te fijás en las fotos, la diferencia que hay de Shilton a la mano mía y a la pelota es grande. Shilton ni aparece y, si te fijás en los pies, yo ya estoy despegando, sigo para arriba, sigo subiendo, y él todavía ni despegó. […] La pelota había salido fuertísima. Le di con el puño pero salió como si hubiera sido un zurdazo más que un cabezazo”.

Y agregó: “Del gol con la mano no me arrepiento en absoluto. ¡No me arrepiento! Con el respeto que me merecen hinchas, jugadores, dirigentes, no me arrepiento en lo más mínimo. Porque yo crecí con esto, porque en Fiorito yo hacía goles con la mano permanentemente. Y lo mismo hice adelante de más de 100.000 personas que no me vieron… Porque todo el mundo se quedó gritando el gol”.

En el libro Mi mundial, mi verdad, Maradona rememora el gol que hizo con la mano

Hace unos pocos años, Juan Carlos habló sobre sobre su padre y la fotografía con TV Azteca: “Él lo contaba con los ojos llorosos, que era una maravilla haber tomado ese momento sublime del fútbol, que era controversial, en un partido donde Maradona metió uno de los goles más hermosos del mundo, entonces sí fue muy bonito que él haya tenido esa gran satisfacción”.

“Mi padre era muy dedicado. Él decía que lo que más le gustaba era que lo mandaran al fútbol. Siempre que tomaba una buena foto, lo sabía, tenía ese don, ese feeling”, recordó.

La imagen de un fotógrafo mexicano

Años después, la foto que le valió a Alejandro el Premio Nacional de Periodismo de México en 1987, se convirtió en la protagonista de un debate global.

En un principio, los medios británicos intentaron comprar los derechos de la imagen. Juan Carlos le detalló a El País: “Al día siguiente, la BBC de Londres contactó a mi papá para comprarle la diapositiva. Le ofrecían 10.000 dólares, pero le dijo que no. Yo tenía 23 años y le pedía ‘Vendela, papá’, pero él me decía que no era honesto, que la foto era del periódico. Entonces no había derechos de autor, o nosotros no lo sabíamos. Después, si el periódico lucró o no, no lo sé, pero para la familia siempre fue un orgullo”.

Ahora, depende dónde aparezca la foto, el crédito se le asigna o a Ojeda o a un fotógrafo inglés, Robert Thomas. Varios periodistas intentaron contactarlo para esclarecer la situación, pero el reportero no acepta entrevistas.

“Esa foto está en muchos lugares, en el Estadio Azteca, en varios museos de fútbol. Sería interesante que en algún momento le pusieran ahí que esa foto fue tomada por Alejandro Ojeda Carbajal, que, en ese entonces, trabajó para el Heraldo de México. Sería bueno saber que la tomó un fotógrafo mexicano”, opinó su hijo.

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