Buenos Aires, 24 junio (NA) — La ilusión de todos los argentinos está puesta en defender el título en el Mundial 2026 y cada partido de la Selección convoca el mismo ritual: bares y casas llenos, gritos que arrancan desde el primer minuto y se multiplican con cada jugada de Lionel Messi, pero, lo que pocos tienen en cuenta es que ese entusiasmo, sostenido durante noventa minutos y repetido partido a partido, puede dejar la voz literalmente lastimada.
“Las cuerdas vocales son dos pliegues de tejido muscular, del tamaño aproximado de una uña, ubicados en la laringe. En una conversación normal vibran entre 100 y 300 veces por segundo para producir sonido. Cuando se grita con la intensidad de un festejo de gol, esos tejidos chocan entre sí con mucha más fuerza y frecuencia de la que están diseñados para tolerar”, señaló la Dra. Ana Cofre (M.N. 117.124 / M.P.R.N. 8.815).
La Dra. Cofre, quien es médica especialista en Otorrinolaringología y directora del Centro Patagónico de Otorrinolaringología añadió en un informe al que tuvo acceso la Agencia Noticias Argentinas: “Es un mecanismo comparable al de un golpe repetido: unos pocos aplausos no generan daño, pero aplaudir con fuerza durante horas deja las manos enrojecidas e hinchadas”.
“Algo equivalente ocurre en las cuerdas vocales, con la diferencia de que ese tejido es mucho más delicado. Un solo partido con festejos intensos puede someter a las cuerdas vocales a un desgaste comparable al de una semana completa de uso normal de la voz”, agregó.
POR QUÉ EL GRITO DEL MUNDIAL ES DISTINTO A CUALQUIER OTRO
La experta indicó que varios factores se combinan en simultáneo durante un partido y potencian el daño. “El nivel de ruido ambiente en bares y reuniones suele superar largamente lo habitual, lo que obliga a gritar todavía más fuerte para hacerse escuchar”, dijo.
En ese sentido, añadió: “El consumo de alcohol y bebidas con cafeína, frecuente en estas reuniones, deshidrata el organismo y reduce la percepción del esfuerzo vocal, lo que hace que el daño avance sin que la persona lo note hasta el día siguiente”.
“La técnica también importa. Gritar desde la garganta, sin el apoyo del diafragma, multiplica la tensión sobre las cuerdas vocales. Y cuando se suma la deshidratación, el tejido pierde su capa protectora de mucosidad: las cuerdas se pegan entre sí en lugar de vibrar con suavidad, lo que obliga a un esfuerzo mayor para producir sonido y genera un círculo que termina en ronquera”, manifestó la especialista.
LAS SEÑALES QUE CONVIENE RECONOCER
La Dra. Cofre indicó que la ronquera post-partido suele aparecer entre las 12 y las 24 horas posteriores al festejo, se manifiesta como una voz áspera, fatiga al hablar, necesidad constante de aclarar la garganta -que en realidad empeora la irritación- o sensación de tener algo atascado en la garganta. En la mayoría de los casos se resuelve sola en pocos días con reposo vocal e hidratación.
“Sin embargo, hay señales que no deben minimizarse: ronquera que persiste más de dos semanas, pérdida total de la voz por más de 72 horas, presencia de sangre al toser, dificultad para tragar o respirar, o dolor de oído asociado al cambio de voz. Cualquiera de estos cuadros justifica una consulta con un otorrinolaringólogo, ya que pueden indicar nódulos, pólipos o incluso pequeñas hemorragias en las cuerdas vocales”, dijo.
CÓMO DISFRUTAR CADA PARTIDO SIN PERDER LA VOZ
“La buena noticia es que cuidar la voz no implica dejar de gritar los goles. Hidratarse de forma sostenida -no solo durante el partido, sino también las horas previas- es la medida más efectiva: el agua a temperatura ambiente favorece la lubricación de las cuerdas vocales mucho más que las bebidas heladas”, aseveró la experta.
Además, señaló: “Hacer una breve entrada en calor vocal antes del partido, con tarareos suaves que vayan subiendo de intensidad, prepara el tejido para el esfuerzo que viene. Durante el partido, alternar el grito con aplausos, bombos o cualquier otro recurso sonoro permite expresar el mismo entusiasmo sin forzar la garganta en cada jugada”.
“Reservar la voz para los momentos clave -el gol, la jugada decisiva- en lugar de gritar de manera sostenida durante los noventa minutos reduce significativamente el desgaste. Evitar el humo de cigarrillo, moderar el alcohol y no aclarar la garganta con fuerza son hábitos simples que evitan que una noche de festejo termine en una semana de afonía”, dijo.
Finalmente, expresó: “Si después de un partido la voz no se recupera en pocos días, lo más sensato es consultar a tiempo: la voz, como cualquier otra parte del cuerpo sometida a esfuerzo, necesita cuidado para seguir acompañando cada partido hasta la final”.
Agencia NA


