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RD Congo sufre la epidemia de ébola, pero vive un sábado de fiesta: pasó a dieciseisavos del Mundial

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Un estallido provocó el seleccionado de República Democrática del Congo en el estadio de Atlanta, del estado de Georgia, pero también en su tierra, donde el sufrimiento se impone desde antes del Mundial: la epidemia de ébola que puso en peligro el viaje de muchos hinchas sigue presente en el país, llevándose la vida de muchos ciudadanos. Sin embargo, este sábado tuvieron un tiempo para el festejo por lo que regala el fútbol: su bandera estará presente en los dieciseisavos de final por vencer 3-1 a Uzbekistán.

La Copa del Mundo, muchas veces, tiene lo que se vio en gran parte del primer tiempo. El conjunto dirigido por Fabio Cannavaro salió a jugar el último compromiso de su primera participación con mucho orgullo. Toda la debilidad que desnudó en las derrotas pasadas que decretaron su eliminación (1-3 con Colombia y 0-5 ante Portugal), quiso transformarla en fortaleza ante una RD Congo que también debía salir con el mismo ímpetu, pero por una causa adicional: los tres puntos lo clasificaban automáticamente a los dieciseisavos de final como una de las mejores terceras.

Yoane Wissa, el héroe de RD Congo, encabeza los festejos: le hicieron el penal, lo convirtió para igualar el partido y aportó el tercero que sentenció la historia.

A los 20 segundos de comenzado el encuentro ya arremetió contra el arco africano con una búsqueda innegociable: pelotas altas a su gigante delantero Shomurodov, de 1,90 metro. Al sacar del medio, el carrilero Sherzod Nasrullaev lanzó un inmediato pelotazo al área rival, el atacante peinó, su compañero de ataque Dostonbek Khamdamov remató de zurda y la atajada del arquero Lionel Mpasi le dejó la definición servida a Shomurodov, que acertó al arco. Sin embargo, la bandera estaba levantada: ambos, en sus intervenciones finales estaban inhabilitados.

El conjunto asiático no bajó los brazos y continuó con esa postura que tomó por sorpresa a los congoleños. Y a los diez minutos tendría premio. Gracias a la jerarquía del N°14, superior con respecto a la de sus laderos de ofensiva, que aceleró con mucha desventaja para ir a buscar otro envío al área del volante Akmal Mozgovoy que en realidad intentaba encontrar a Abbosbek Fayzullaev, que terminó pasado.

El desentendimiento entre la cobertura de Aaron Wan-Bissaka y las dudas de salir o no de Mpasi le dieron tiempo y lugar a la corrida de Shomurodov, que aprovechó un pique de la pelota para no dudar y definir de zurda y emboquillada hacia la pared más alejada del arco. Golazo.

RD Congo, entonces, debía revertir el resultado para concretar su sueño. Y parecía que la reacción era un hecho. Uzbekistán continuó con la misma idea, pero con una resistencia defensiva potenciada, como intentó en los partidos pasados en los que no fue ni siquiera una sombra, lanzándole más pelotazos a su estrella, que supo jugar en Roma. Cedía la posesión y los africanos empezaron a lanzarse al ataque.

Encontrando rápidamente, a los 18, la igualdad. Los movimientos rápidos dentro del área uzbeka por parte de Brian Cipenga distrajeron a la defensa, que miró el pase atrás a Nathanael Mbuku, que controló y sacó un zurdazo desde la puerta del área que ingresó por el primer palo. Sin embargo, el VAR llamó: el propio goleador había metido un manotazo a la cara de Nasrullaev para sacárselo de encima en el inicio de la jugada.

Los de Cannavaro respiraron y volvieron a hacerse fuertes en la zona baja, mientras que los congoleños inquietaron poco. Algo que cambiaría rotundamente en la segunda parte, en la que los asiáticos exhibieron su verdadera cara: el pecho inflado quedó sin aire y la intención de privar el sueño duró apenas un tiempo. Tanta solidez pasó sin escalas a la fragilidad de los días pasados. Aun cuando reunió nueve jugadores de campo entre su área y pocos metros por delante de la misma.

Todo fue del seleccionado dirigido por el francés Sébastien Desabre. Tantas oportunidades, más allá de una claridad que alternaba, tenían aroma a gol. No uno, varios. Y así fue. Primero, a los 20 minutos, el temple y futuro que vio Josep Guardiola en Abdukodir Khusanov para llevarlo a Manchester City, en el Mundial se transformó en una torpeza tras otra. En este caso, quiso rechazar sin percatarse del anticipo de Yoane Wissa y lo terminó pateando. Penal indiscutido. Y convertido con mucha clase por el delantero del Newcastle inglés.

A los 32, el ingresado Meschack Elia encaró, remató y el rebote entre tanto defensor le permitió a Fiston Mayele (también entró desde el banco) anticipar al arquero Abduvokhid Nematov y definir por encima de su intento por embolsar la pelota. Estalló Atlanta con el grito de gol: RD Congo estaba en dieciseisavos, pero había que sostenerlo.

Y si bien amagó con disponerse a sufrir con una postura conservadora, los espacios de su cansado adversario lo invitaron a seguir corriendo hacia adelante. Así, sobre la hora, estiró el resultado. Tras rescatar un balón que se iba para el saque de arco, le dieron la responsabilidad de cuidarla a Wissa y lo hizo de la mejor manera: salió del área con ella y, cuando menos lo esperaron, metió un derechazo que se metió, como en el penal, pegada al palo izquierdo del arquero uzbeko.

RD Congo y una clasificación histórica. Si bien no es su primer Mundial, por haber sido parte de Alemania 1974 con el nombre de Zaire, la emoción por avanzar como uno de los mejores terceros la siente incomparable.

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