DALLAS (enviado especial).- Cuatro tiempos, porristas, cuenta regresiva, pantallas gigantes de alta resolución, puestos de comida, cerveza, coreografías en el entretiempo. Pasó la primera parte del Mundial y la cultura estadounidense se apropió del evento global más importante del mundo. Para quienes viven en este país el espectáculo está íntimamente ligado al deporte. Sin embargo, para los hinchas como los argentinos que llegan desde otras latitudes el ”show americano” imbuido en la cultura futbolera genera rechazos.
Las ligas de básquet, NBA, de béisbol, MLB y especialmente la de fútbol americano, NFL, convocan a sus fanáticos no solo por lo deportivo sino también por los shows que combinan luces, recitales, mascotas y bailarines. El espectáculo del entretiempo del Super Bowl es la máxima expresión de ese fenómeno cultural que está tan arraigado en el ADN norteamericano. Es la cita más convocante del país.
La mayoría de los hinchas argentinos con los que habló LA NACION, y que llegó a la Copa del Mundo para los tres primeros partidos de la fase de grupos, en Kansas City y en Dallas, y ahora emprenden viaje a las playas de Miami, cuestiona lo que rodea a los deportes que les son ajenos y que aquí copó el fútbol.
“Te cortan el partido en la pausa de hidratación y te ponen a las porristas. No hermano, no me lo cortes. No me gusta el show ni los concursos en el entretiempo”, le dijeron a LA NACION un par de amigos que llegaron desde Buenos Aires y estuvieron en el banderazo del viernes en el centro de Dallas. Otro hincha que también vino desde Argentina para los partidos en Texas señala que la infraestructura en los Estados Unidos, en cuanto a autopistas y estadios es “fabulosa”, pero se queja que “culturalmente somos otra cosa; así están rompiendo el fútbol totalmente”.
Madre e hija argentinas también cuestionan los shows que vieron antes y durante los partidos que jugó la selección: “Nos parece muy poco fútbol y mucho soccer o fútbol americano”.
Estrellas de Hollywood, celebridades e influencers son captados por las cámaras del estadio, lo que provoca estallidos en medio del partido. La selección local logró atraer a figuras como Bill Gates o George Lucas. También a Brad Pitt con gorro piluso y Edward Norton, a Paris Hilton y a Jessica Alba, por nombrar solo a algunos. En los partidos de Argentina la presencia de Manu Ginóbili en los dos encuentros en Texas provocó la explosión del estadio cuando proyectaron su figura en la pantalla gigante.

Pausas de hidratación
La FIFA inauguró para este Mundial las pausas de hidratación. Bajo la excusa de reponer energías, los directores técnicos aprovechan esos tres minutos para replantear tácticas en medio de cada tiempo. El propio Lionel Scaloni criticó la nueva regla con el argumento de que “eso le da una mano al equipo que teóricamente es más débil en ese momento porque tiene tiempo para preparar cosas que no había hecho antes”.
Resignados, los protagonistas debieron adaptarse a las nuevas reglas.
Las cadenas de televisión aprovecharon rápidamente la novedad para facturar. Fox, que tiene los derechos en Estados Unidos por tercer Mundial consecutivo, armó su propio negocio. La BBC estimó, en base a expertos del mercado publicitario norteamericano, que la cadena obtuvo unos 250 millones de dólares adicionales en publicidad por ese tiempo. Cerca de la mitad de lo que pagó por la televisación de toda la Copa del Mundo.
La cadena mexicana Telemundo, que tiene los derechos para la transmisión en español en EE.UU., se ufana que no mandan al corte publicitario en las pausas de hidratación. Claro, esos tres minutos son sostenidos por una marca de gaseosa cola.
En el último partido de la selección argentina frente a Jordania, que se disputó el sábado a la noche en el imponente Dallas Stadium, cada cooling break recibió una fuerte silbatina por parte de los hinchas.
Porristas y show
Los norteamericanos acostumbran a vivir los eventos deportivos como una salida al cine o a un recital. Muchas veces poco importa el resultado. Por eso es normal ver que después de comenzado el segundo tiempo haya miles de butacas vacías, ya que sus ocupantes están en algún pasillo del estadio esperando por su porción de nachos con guacamole.
También se suelen retirar antes de tiempo si el partido se extiende en el tiempo o el resultado no es el esperado. Por eso sorprendió tanto a los locales que miles de argentinos se quedaran hasta una hora después de terminado el partido contra Jordania cantando por Messi y el sueño de la cuarta estrella.
En el entretiempo de los encuentros, la gigantesca pantalla gigante proyecta un código QR. Al escanearlo el celular sincroniza los flashes de todos los celulares presentes en el estadio para seguir el ritmo del pegadizo estribillo “Whoa oh, livin’ on a prayer” de Bon Jovi. Un sistema parecido al de las pulseras que utiliza Coldplay en sus recitales.
Las Dallas Cowboys Cheerleaders, el grupo de porristas de la franquicia de la NFL que tiene su propia serie en Netflix, animaron los shows del entretiempo de los partidos de la Argentina desde una de las cabeceras que se proyectan en las pantallas gigantes. Fenómeno que se repite en la mayoría de los estadios norteamericanos, con porristas y bailarines.
Cuenta regresiva y hot dogs
En los estadios suena una hora antes del comienzo de los partidos el himno de los Estados Unidos. Tras la ceremonia oficial de FIFA, el encuentro no arranca sin antes hacer la cuenta regresiva que se proyecta por las pantallas.
La competencia entre las hinchadas se mide en decibeles. Una rubia con sombrero texano pide por los parlantes que cada seguidor grite su selección. El resultado del ganador se muestra en la pantalla.
En los pasillos y en los accesos a los estadios se vive una verdadera feria gastronómica. Panchos, hamburguesas, nachos, tacos, pizzas, snacks. El menú es tan extenso como cargado de calorías. Hay gaseosas y cervezas que se sirven en vasos tuneados con los nombres de los rivales de cada encuentro. Si la fila es demasiado larga y el partido arrancó, poco importa. Primero la comida. Incluso hay servicio de delivery a las butacas para los que no quieren moverse.


