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La increíble historia del actor sirio Rami Fadel Khala: no habla castellano, es refugiado y debuta en el Teatro Alvear

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Entre las grandes figuras que protagonizan los tanques de la avenida Corrientes y la variada cartelera teatral porteña aparece el nombre de Rami Fadel Khalaf, un actor sirio que no habla castellano y que el jueves debuta en Buenos Aires con un espectáculo cuyo estreno mundial fue en el marco de un festival en Viena de hace tres temporadas. Luego de haberse presentado en Alemania, Lituania, Grecia y Francia, su postergada llegada a estas tierras será en el Teatro Alvear, sala que depende del Complejo Teatral de Buenos Aires. La obra en cuestión se llama, justamente, La obra y se trata de una creación del talentoso director y dramaturgo Mariano Pensotti y del Grupo Marea (los mismos de Sombra voraz, El pasado es un animal grotesco, Cineastas o tantos otros grandes títulos de producciones que han pasado por importantes festivales internacionales).

¿Cómo llegó Rami Fadel Khalaf acá para ser parte de todo esto? Lo explica el mismo actor a LA NACION en un alto del ensayo de esta obra que se estrenará mañana y en la que comparte escena con un elenco de lujo conformado por Alejandra Flechner, Diego Velázquez, Susana Pampín, Horacio Acosta y Pablo Seijo. “Pensotti me vio en Europa actuar en una obra del director suizo Milo Rau. Hubo contacto entre ellos y, al poco tiempo, me contactó para La obra porque necesitaba a un actor de Medio Oriente para el personaje de un tal Walid Mansour. Me pasaron la primera versión y ahí surgió el primer problema: estaba escrita en español, idioma que no manejo. Después me fui dando cuenta de que fui una de las primeras víctimas de este falso documental que yo había pensado que era una historia real“, se ríe el actor que responde a este medio en inglés, aunque en La obra habla francés.

El disparador de esta trama de múltiples capas es más o menos así. Un tal Simon Frank, polaco de origen judío, llega a Coronel Sívori, un pequeño pueblo de la Argentina, en 1962. Es el único sobreviviente de su familia a los campos de concentración del nazismo. Un día comienza en su jardín una reconstrucción de su casa en Polonia para representar una obra de teatro que narre su propia vida antes de la guerra. Sus vecinos se prenden en todo esto y van sumando sus propias historias de vida. Pero un día de 2005, la policía detiene a quien buscó refugio en este lejano país porque el anciano Simon Frank no es quien aparenta ser.

Un director Suizo le hizo de puente con Mariano Pensotti para esta obra con elenco argentino y un actor sirio que se estrenó en Austria

En la trama ideada por Pensotti, en 2019 un tal Walid Mansour, director de teatro libanés residente en Europa, descubre la historia y se interesa por este singular proyecto que tiene lugar en una ciudad de la provincia de Buenos Aires. Viene a la Argentina al año siguiente con la idea de hacer una “obra sobre la obra” y lo sucedido en Coronel Sívori. Al llegar, es uno de los que detecta que algo de esa realidad narrada por un refugiado polaco no es real. En el primer texto, Walid, especie de alter ego de Pensotti, termina preguntándose: “¿Quién mierda es Simon Frank?“.

“Hermosos mentirosos”

Durante esos dos meses entre que a Khalaf le entregaron el texto y terminó encontrándose con Pensotti, se hizo varias preguntas similares. Se la pasó buscando datos sobre ese pueblo llamado Coronel Sívori que, en verdad, no existe. Y buscó datos sobre su personaje, Walid Mansour, ese director de teatro lituano. “Pasó algo increíble: di en las redes con información de un tal sujeto con el mismo nombre y apellido que es un director canadiense”, cuenta a LA NACION sobre ese proceso en el cual fue armando su propia historia. También buscó información de ese tal Pensotti y del Grupo Marea. Ahora, cruzando la información encontrada junto a su propia experiencia, apela a la síntesis. “Leí que era gente muy talentosa y muy genial. Luego me fui dando cuenta de que son unos hermosos mentirosos”, suelta entre risas.

Pablo Seijo, Susana Pampín, Alejandra Flechner y Horacio Acosta en una escena de La obra

Con estos “hermosos mentirosos” viene trabajando desde hace más de tres años, previo al estreno de esta pieza en Viena. Cuando por entonces estuvo ensayando en Buenos Aires, pudo ver Los años, trabajo previo de Pensotti que se presentó en el Teatro San Martín. En perspectiva, admira esa mezcla entre realidad y ficción que no solamente lo confundió en un principio como a la audiencia que vio en Europa este trabajo que, por fin, llega a nuestro país. “Luego de algunas funciones veías a espectadores que estaban buscando en sus teléfonos data de Coronel Sívori como de los personajes. Esa delicada línea es de suma actualidad en tiempos de fake news”, apunta.

Vale aclarar que Pensotti escribió esta obra hace unos cuatro años, cuando el tema de las noticias falsas recién empezaba a formar parte de la narrativa de ciertas construcciones políticas. Y escribió este texto muchos antes del actual conflicto en la Franja de Gaza.

La historia real de un refugiado que cuenta la trama de otro refugiado

Rami Fadel Khalaf, 44 años, nació en Damasco, capital de Siria. Vivió en una pequeña ciudad cercana a Damasco. Dejó el país en 2012, dos años después del inicio de la guerra civil en tiempos de la llamada Primavera árabe. El conflicto en su país derivó en un conflicto sangriento y multifacético del que participaron grupos de oposición locales, facciones extremistas y potencias internacionales. Aquel despiadado enfrentamiento dejó más de 500.000 muertos y millones de sirios que huyeron del país.

Cuando leyó el texto de Pensotti pensó que todo lo que se contaba formaba parte de la realidad

Él fue uno de los tantos que debieron abandonar su tierra de origen. “Había participado en diversas manifestaciones y mi hermano mayor había sido arrestado. Como me tocaba ingresar al servicio militar obligatorio, la única opción fue irme”, cuenta en uno de los palcos del Teatro Alvear. Cuando abandonó Siria, no hablaba otro idioma. Primero fue a Italia, luego pasó unos meses en Suecia hasta volver a Italia. La cosa no quedó ahí. Durante 4 años vivió en París y, desde hace 9, está radicado en Berlín.

A los 11 años, en un colegio de Siria tuvo su primera aproximación al teatro. “Si alguno de ustedes quiere actuar acá, en frente, hay un centro cultural que pueden probar”, soltó un docente parco que luego volvió sobre sus mismos pasos y agregó: “Me olvidé de decirles que hay un montón de chicas lindas”. Un amigo cruzó la calle. Al otro día lo convenció de ir. Así fue que empezó a trabajar como actor en una obra japonesa. Al principio, eran 14 chicos y chicas. Al poco tiempo, quedaron 3. Aquella vez terminó interpretando a 13 personajes. Durante las funciones notó que las reacciones del público eran fantásticas. Ahí mismo decidió que quería ser actor. Tomó clases en la única escuela de actuación en Siria que todavía está en funcionamiento.

Ya como refugiado político, la cosa se fue complicando. Por necesidades y urgencias tuvo que ir aprendiendo otros idiomas. En uno de sus trabajos fue presentador de noticias en una radio siria parisina. “En un momento dado me di cuenta de que estaba actuando de periodista, algo que no era”, reconoce. Así fue como llegó al casting del afamado director suizo Milo Rau. Nunca tomó otros cursos de actuación. Actualmente, su universo actoral se extendió a otras obras de teatro y series.

Volvió a Siria por primera vez en diciembre. Luego de 14 años estuvo un mes en su tierra. “Fue todo muy loco, muy fuerte. Fue como volver atrás en el tiempo. Todo estaba igual a cuando había dejado mi pueblo. No sabía si la gente estaba diferente y era yo el que estaba diferente. Hubo algo que me impedía conectar con lo que estaba pasando. En 14 años no se había hecho nada: todos los alrededores de Damasco, la ciudad en sí misma no porque estaba controlada por el régimen de Bashar al-Assad [quien fue derrocado en 2024]; seguían destruidos, en ruinas”, recuerda en un relato cargado de vivencias y emociones.

“Tengo un hijo de 8 años que vive en Alemania. Durante mucho tiempo le contaba cosas de Siria, de su gente tan amable, de sus paisajes o de su rica comida como idealizando todo lo vivido. Cuando volví a Alemania me di cuenta de que en todo ese relato había también, como en La obra, algo de lo ficcional”, reflexiona. En aquella visita de diciembre pasado no se encontró con familiares ni con sus viejos amigos que, tal vez, les podría haber dado curiosidad saber qué es eso de una obra llamada La obra que se va a presentar en una lejana ciudad como Buenos Aires. Nada de eso sucedió. Sus familiares así como sus 9 hermanos y sus amigos, ya no viven en la pequeña ciudad en donde creció. Allí solo está la tumba de su madre.

Fue a parar a la casa de la familia de otro refugiado que había conocido Europa. “En perspectiva, ya no me siento sirio. Tampoco francés o alemán. Eso tiene un lado negativo, que es el no pertenecer a ningún lugar, y otro, digamos, positivo, porque tal vez me haga sentir más humano”, reflexiona.

“Hijos de la guerra”

En escena, Rami Fadel Khalaf es el que cuenta la historia de este falso documental

En los diversos cruces entre su propia idealización de su país y el personaje de Simon Frank encuentra algunas similitudes: “Los dos son hijos de la guerra. Ambos fueron obligados a abandonar el país y se casaron con mujeres europeas. Y —algo que nunca hablé con Pensotti— hay algo similar en la historia de ambos con sus respectivos padres”.

En la ficción, Simon Frank es un judío polaco que escapó de los campos de concentración y que se establece en un pueblo argentino. Allí emprende un proyecto, pero en algún momento de la trama, se sospecha que ese tal Simon Frank ha tenido un accionar oscuro en los tiempos de la última guerra mundial. En tanto, en su propia historia, el padre de trabajaba para el ejército sirio: “Siempre pensé: ‘¿Por qué no hace algo frente a todo lo que estaba pasando?´. Era un tipo muy moral, muy recto, muy reservado. Recién ahora, siendo yo padre, me doy cuenta de que hizo lo mejor que pudo… Es, en cierto modo, un tránsito similar al de Frank”.

Hay una escena de La obra en que siente que hay una extrema coincidencia entre las dos historias: en la que el personaje descubre realmente quién fue el traidor. “Cuando llega ese momento, siento que tengo que contener las lágrimas porque la vivo como algo muy personal”, se sincera sobre algo que ni tiene hablado con sus compañeros de elenco.

Luego de tres años y de haber pasado por varios festivales europeos, Rami Fadel Khalaf estrenará La obra en Buenos Aires

Para Pensotti, muchos de los actores de La obra son viejos conocidos. Susana Pampín, Diego Velázquez y Horacio Acosta formaron parte de montajes anteriores del Grupo Marea que conforma el director y dramaturgo junto a la escenógrafa Mariana Tirantte, el músico Diego Vainer y la productora Florencia Wasser. En cambio, Alejandra Flechner trabaja con Pensotti por primera vez.

“Amo a estos actores, de verdad. Trabajando en Europa encontré algo muy diferente acá, en la Argentina. Es la combinación perfecta de talento actoral y de buena gente; eso es muy difícil de encontrar allí”, asegura este intérprete de tantas rutas recorridas más allá de su voluntad.

En su parlamento final, el falso director del Líbano que oficia de alter ego de Pensotti y que es interpretado por él, dice: “A veces los impostores conmueven más que las personas reales”. Cualquier aproximación a la realidad es pura coincidencia.

Para agendar

La obra, de Mariano Pensotti, en el Teatro Alvear (Corrientes 1659), se puede ver de jueves a domingo, a las 20, hasta el 2 de agosto. Entradas desde $12.000

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