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La sabia fórmula que aplican las plantas en invierno para sobrevivir

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¿Alguna vez te preguntaste por qué en invierno el jardín parece quieto? El crecimiento se detiene, muchas plantas pierden hojas y algunas directamente desaparecen de la superficie durante meses.

Detrás de esa apariencia casi inmóvil ocurre algo bastante complejo: las plantas entran en una especie de “modo ahorro” biológico para sobrevivir al frío. “No es que el jardín se muera en invierno: las plantas ralentizan sus funciones vitales para conservar energía”, explica la paisajista Agustina Anguita.

Y esa desaceleración afecta prácticamente todas las funciones de las plantas: desde su capacidad de crecer hasta la forma en que absorben agua, producen energía o desarrollan nuevos tejidos.

Para atravesar el invierno muchas especies modifican su estructura física, por ejemplo, perdiendo sus hojas

Bajar el ritmo para sobrevivir

Cuando las temperaturas descienden, el metabolismo vegetal también se modifica porque el frío impacta directamente sobre las proteínas y enzimas responsables del crecimiento.

“Disminuye la actividad de las proteínas y enzimas encargadas de la división celular y el desarrollo de nuevos tejidos”, explica Anguita. Por eso en invierno muchas especies dejan de brotar, frenan la producción de hojas nuevas y reducen drásticamente su crecimiento. Pero el cambio no termina ahí: “También se reducen la transpiración y la capacidad de las plantas para absorber agua y nutrientes desde el suelo”, agrega la paisajista.

En otras palabras, la planta consume menos porque necesita gastar menos energía. Algo bastante parecido a lo que ocurre en ciertos animales durante períodos extremos.

Uno de los cambios más drásticos del invierno ocurre con las especies caducifolias, aquellas que pierden las hojas

Jardín en modo ahorro

Uno de los efectos más visibles del frío ocurre en la fotosíntesis. Como hay menos horas de luz, menos actividad celular y temperaturas más bajas, la producción de energía se vuelve mucho menos eficiente.

“Las bajas temperaturas debilitan la eficiencia de la fotosíntesis y la respiración celular, lo que frena el crecimiento general”, explica Anguita. Por eso muchas plantas dejan de florecer o de crecer activamente durante esta época. De hecho, para atravesar el invierno muchas especies modifican incluso su estructura física.

El frío ralentiza procesos esenciales como la fotosíntesis y la respiración celular

Cómo cambian las plantas

Hay plantas que se vuelven más compactas, otras pierden completamente las hojas y algunas directamente entran en reposo vegetativo. “Algunas plantas adoptan una estructura más compacta, con hojas pegadas al suelo, para protegerse del viento y retener el calor”, explica Anguita.

Es una forma de crear su propio microclima y evitar la pérdida excesiva de temperatura

Los árboles también desarrollan mecanismos defensivos sorprendentes. “Muchos árboles, especialmente frutales, entran en un estado de reposo vegetativo y detienen su crecimiento y floración para conservar energía”, señala Anguita.

Por qué pierden las hojas

Uno de los cambios más drásticos del invierno ocurre con las especies caducifolias, esas que en otoño tiñen el paisaje de amarillo, rojo o cobre antes de quedar desnudas.

Lejos de ser un signo de debilidad, perder hojas es una decisión inteligente. Anguita lo explica así: “Las especies caducifolias pierden su follaje en otoño como un mecanismo para disminuir el gasto de agua y de recursos”.

Mantener hojas activas durante el invierno implicaría seguir perdiendo agua y sostener un gasto energético innecesario en un momento donde los recursos escasean; por eso muchos árboles prefieren esperar.

Ginkgo biloba y Acer ginnala pierden sus hojas en invierno para disminuir el gasto de recursos

El invierno es una preparación

Aunque el jardín parezca detenido en invierno, en realidad está atravesando una etapa de reorganización en la que las raíces continúan trabajando lentamente, las plantas acumulan reservas y el ecosistema entero se adapta a una nueva velocidad.

Quizás por eso los paisajistas insisten tanto en mirar el jardín también en invierno, porque ahí se producen procesos que después explican la fuerza y velocidad que adquiere el paisaje en primavera.

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