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Así creció el inesperado hostigamiento contra los argentinos

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La semana pasada, Ignacio H. viajó a Brasil por trabajo. Un empleado de la empresa de la que es gerente regional lo buscó cada día para decirle una y otra vez que España iba a ganar el Mundial. “No era un pronóstico, era una forma de provocación que intenté evitar. Nunca me había pasado algo así”, dice. Otra argentina, empleada de una multinacional, evaluó abrir una denuncia contra compañeros de trabajo por el acoso que sufrió en ese mismo país. A María, que hace siete años estudió en España, la contactaron excompañeros para insultarla tras la final. Micaela, de 23 años, no sale de su asombro por la actitud de un amigo alemán que le escribió en cada partido para decirle que estaba todo arreglado, que estaba harto de los argentinos, que son corruptos y soberbios. Estos no son casos aislados. Son relatos recopilados por LA NACION que se inscriben en una suerte de ola antiargentina que se instaló en las últimas semanas en redes sociales y que se exacerbó tras la caída contra España.

El sentimiento antiargentino encontró en el mundo virtual su principal vía de amplificación. La fuerte acusación contra la Argentina de ser “uno de los países más racistas del mundo” del reconocido actor estadounidense Samuel L. Jackson fue una de las publicaciones que más terreno ganó en la conversación por estos días.

Los mensajes de odio empezaron a llover y un video que se viralizó en redes sociales mostró la cara más peligrosa de esta embestida. En las imágenes se ve el ataque a un joven con la camiseta argentina en la estación Sol del metro de Madrid. Desde la Policía Nacional de España indicaron a LA NACION que no hubo ninguna denuncia al respecto por lo que no pueden confirmar cuándo habría ocurrido la agresión.

La hostilidad permanente no es una percepción exclusivamente argentina. El politólogo irlandés Éamann Mac Donnchada, que vivió en la Argentina y actualmente reside en Barcelona contó en sus redes que tuvo que bloquear amigos españoles. “No se conformaron con su merecida victoria y empezaron a lanzar odio contra Argentina. Uno comparó a El Dibu con un guardia del campo de concentración de la ESMA. Lo que me llamó la atención no fueron las críticas al arquero argentino sino la facilidad con la que las críticas a Martínez se convirtieron en juicios generalizados sobre todo un pueblo: incivilizado, violento, emocionalmente inmaduro, moralmente cuestionable. Gran parte de su lenguaje reflejaba los estereotipos hegemónicos clásicos: ‘nosotros somos educados y racionales, ellos son violentos y emocionales; nosotros afrontamos los problemas con serenidad, ellos se enfadan con demasiada facilidad; confían en su talento innato; nosotros tenemos sistemas y progreso.’ No he percibido ni rastro de autocrítica por parte de los españoles progresistas sobre la ironía de que critiquen de esta manera a sus antiguos súbditos coloniales, escribió.

Estereotipos amplificados a escala global

“Esto no es nuevo, evidentemente las redes sociales le dan una dimensión global y se convierten en un espacio propicio para los discursos de odio”, explica Orlando D´Adamo, consultor en comunicación, investigador sobre la argentinidad y autor de El argentino feo. “Ya en 1995, cuando escribimos el libro, dábamos cuenta de que en el Mundial anterior, lo mismo que en 1986 y en 1982 había habido expresiones similares”, cuenta.

Y suma: “El estereotipo de la arrogancia de los argentinos está instalado. Eso es muy difícil de desactivar. Pareciera que están esperando que algún argentino haga algo que pueda considerarse soberbio, para echárselo en cara. Un tipo menos arrogante que Lionel Scaloni, no hay. No importa. Lo dicen igual. Quizás ese prejuicio tuvo más que ver con los porteños, con la forma de hablar, de ser tan enfáticos. Creo que no somos los más soberbios, pero sobre todo en América Latina no se puede hablar bien de la Argentina porque empiezan a hablar de un sentimiento de superioridad. Hay un componente de envidia importante. Quizás no referida a nuestra realidad actual, a que en nuestro país hay cosas extraordinariamente hermosas y que Buenos Aires es una ciudad muy valiosa por su estructura, su cultura y su diversidad”

Respecto a la acusación de racismo, el analista plantea que es ridícula. “En la selección no hay afroargentinos porque al país llegaron muy pocos esclavos en relación a otras colonias, porque los colonos no los trajeron, porque no los necesitaban para los trabajos que había. Y los que llegaron se mezclaron con la población local. Nadie pregunta por qué no hay chinos en la selección. A nosotros nos tomaron de punto para criticarnos”, indica.

El propio escritor Arturo Pérez Reverte buscó interceder con un mensaje en X: “No seamos injustos, no nos equivoquemos. Con su zafio comportamiento, sucias maneras y mal perder, la selección que jugó contra España no representó a Argentina”.

La licenciada en Relaciones Internacionales María de los Ángeles Lasa analizó los mensajes que circularon en X a lo largo del Mundial sobre la Argentina para entender cómo se activaron estos llamativos discursos de odio. Se basó en una muestra de 40.000 publicaciones de Twitter/X realizadas entre el 11 de junio y el 20 de julio de 2026 que mencionaban, en inglés o español, a la Argentina, a Lionel Messi o a la selección.

Después de eliminar los tópicos residuales, el algoritmo identificó 29 temas específicos que pueden agruparse en torno a cinco grandes narrativas: solo una fue estrictamente futbolística y reúne acusaciones de ayuda arbitral, trampa, corrupción, privilegios hacia la selección argentina y referencias al rol de Messi. La segunda conversación gira en torno al racismo argentino, pero incorpora discusiones sobre identidad y pertenencia regional. Aparecen afirmaciones tales como “los argentinos no son latinoamericanos” o “se creen europeos” de la mano de la idea de un rechazo a las raíces afro, mestizas e indígenas. “El racismo pasa a presentarse como una característica esencial de la sociedad argentina y, por extensión, de cada argentino”, señala Lasa.

Otra narrativa que irrumpió estuvo ligada a la guerra de Malvinas, un debate que se amplificó tras el partido contra Inglaterra y, sobre todo, luego de la exposición de la bandera que mostraron algunos jugadores con un mensaje de soberanía sobre las islas.

Los otros dos temas que prevalecieron en redes sociales llamaron la atención de la experta. Uno se refiere a la Argentina como un destino de nazis y el otro tópico fue la consideración de la Argentina como la “Israel” de América Latina. “No estudiamos todavía de dónde vienen esas conversaciones, pero sí es muy evidente que fueron generadas artificialmente y muchas de ellas encontraron eco en las redes sociales como argumentos en la difusión de discursos de odio contra la Argentina”, explica Lasa a LA NACION.

Samuel L. Jackson

“En psicoanálisis hablamos de transformar las ansiedades. Cuando el otro responde con odio, con envidia, con mentiras o resaltando aspectos negativos cuando hay mucho positivo, lo importante es no dar cabida. No olvidarnos de lo que realmente somos. Hay un interés especial por desacreditarnos. El partido frente a Inglaterra se vivió como una final. Inglaterra sintió una especie de ‘vergüenza’ por perder frente a Argentina porque nos considera rivales inferiores. Pero lo mejor que podemos hacer es no corresponder a estos discursos de odio”, sostiene la psicoanalista Eva Rotenberg, miembro de la Asociación de Psicoanalistas Argentinos (APA).

El psiquiatra José Abadi suma su mirada: “Los argentinos podemos tener, como toda sociedad, nuestras problemáticas, bien o mal resueltas. Lo que no somos es racistas, ni discriminadores, ni maltratadores. Genera un cierto asombro esta andanada de críticas. Es más llamativo porque este fue un Mundial donde hubo un grupo humano que trabajó en conjunto, que jugó con vehemencia, pero con lealtad, que se atrevió a revertir un final que parecía sellado, una rebeldía que parece que no nos estuviera permitida”.

Cuando parecía que la escalada antiargentina ya había alcanzado su máxima expresión, apareció el nombre más inesperado en escena. A días de sus shows en Buenos Aires, la cantante española Rosalía replicó en TikTok un video de la actriz Mía Khalifa en el que celebraba la caída de la Argentina en la final con la frase “cómo suena la vida ahora que las perlas fueron derrotadas”, derivada de su tema musical “La Perla”.

Tras el rechazo que generó su mensaje, la cantante eliminó la publicación, sin embargo, distintos fans que ya tenían entradas para su concierto publicaron que las ponían en venta en repudio a lo que consideraron una provocación de la artista.

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De Estados Unidos a Europa

En el país anfitrión de la Copa, la hostilidad contra el seleccionado argentino se hizo sentir. Antes de la final, una columnista del diario The Boston Globe, Marcela García, de origen mexicano, recordó en un artículo titulado “Lo siento, Messi: por qué los latinos no apoyan a la Argentina” uno de sus memes favoritos de Mundial. “Creado para los latinos en Estados Unidos, establecía una jerarquía estricta para decidir a quién apoyar a medida que los países iban siendo eliminados: primero, apoyas a tu país de origen; luego, apoyas a cualquier otro país latinoamericano, excepto a la Argentina. Después, apoyas a Estados Unidos. Y finalmente, cuando ya no queda otra opción, apoyas a quienquiera que juegue contra la Argentina”, escribió. “Así que aquí estamos. Adivinen a quién apoyaré. A España, el país que colonizó el mío”, se sinceró García.

Su texto fue solo una muestra que reflejó un sentimiento expandido entre muchos argentinos que vivieron el Mundial en suelo norteamericano y que, a medida que el equipo avanzaba en el torneo, expresaron su fastidio por una suerte de campaña en contra, sobre todo entre latinos que hincharon por los rivales a los que fueron enfrentando Messi y sus compañeros. En charlas informales, redes sociales y hasta en grupos de WhatsApp afloraron las críticas contra la Argentina que la convirtieron en “la villana” del torneo por el presunto favoritismo de la FIFA, supuestas ayudas arbitrales y la conducta de jugadores del seleccionado en la final en Nueva Jersey.

La fuerte acusación contra la Argentina de ser “uno de los países más racistas del mundo” de Samuel Jackson no hizo más que echar nafta al fuego.

Organizaciones como Amnistía Internacional Argentina debieron salir a fijar una postura ante la ola de acusaciones.

“Fútbol 1, Criminales 0”. El titular del periódico británico The Telegraph lo dijo todo. La prensa fue unánime en Europa y la Argentina concentró críticas con una virulencia pocas veces vista.

En Francia, Le Parisien se preguntó sin rodeos si fue acaso “la peor final de la historia”, lanzando cuestionamientos mordaces contra el bajo nivel técnico y las escenas de violencia que marcaron el último tramo del encuentro.

Pero fue después del partido cuando el escándalo se potenció. Mientras España recibía su trofeo, los jugadores argentinos dieron la espalda al podio. Ningún miembro del equipo se dignó a dar declaraciones en la zona mixta, a pesar de sus obligaciones con los medios. “Una falta de elegancia inaceptable”, criticó RMC Sport.

Marca, en España, fue aún más duro: “Gesto vergonzoso: Argentina ha quedado en evidencia ante el mundo”. El diario madrileño calificó su actitud como “una de las cosas más despreciables jamás vistas en un Mundial”.

La animosidad contra el seleccionado irrumpió por primera vez en Italia, donde argentinos residentes y turistas se hicieron oír con bombos en las instancias decisivas de la Copa tanto en la emblemática Piazza Campo de’ Fiori como en Nápoles, tierra de Maradona.

Las críticas por el comportamiento de los jugadores y un arbitraje con supuesto favoritismo por la albiceleste estuvieron en boca de todos. Aunque quizás lo que más pudo palparse fue un combo de envidia, rabia e indignación por no estar por tercera vez en el certamen.

La derrota en la final, de hecho, fue celebrada en redes sociales. Apareció también la acusación de que los jugadores argentinos son “antideportivos, brutos y unos matones” luego de las escenas de futbolistas que cometieron faltas contra sus rivales españoles.

Paredes, uno de los amonestados en la final contra España

En Brasil, más allá de la clásica rivalidad, gran parte del debate, sobre todo en redes sociales, buscó “justificar” la negativa a apoyar a la selección argentina en las instancias decisivas bajo un argumento supuestamente ético: el racismo persistente en las tribunas y la percepción de complicidad u omisión de los jugadores. Esta postura quedó reflejada en columnas de opinión como la de Júlia Duailibi en O Globo(“Torcer pela Argentina ficou inviável”) y en expresiones públicas como la del comentarista del mismo canal José Roberto Burnier, quien calificó de “inadmisible” el “silencio connivente” del plantel argentino, la FIFA y la prensa internacional ante agresiones verbales en los estadios protagonizadas por argentinos.

Este clima derivó también en una preocupante ola de hostilidad y xenofobia contra la comunidad argentina en Brasil, con episodios de amedrentamiento registrados no solo en redes sino inclusive en locales comerciales de inmigrantes.

Con infomes de Elisabetta Piqué, Luisa Corradini, Guillermo Idiart y Marcelo Silva de Sousa

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