La municipalidad de La Carolina, un pueblo de San Luis de menos de 400 habitantes, anunció que durante las vacaciones de invierno sorteará todos los días una muestra de oro de 18 quilates entre los turistas que se acerquen a este antiguo centro minero. El metal precioso es extraído por pirquineros locales que mantienen vigente una tradición que lleva más de dos siglos.
La iniciativa, que comenzó el 18 de julio y finaliza el próximo 28 de julio, se promociona en redes sociales como un premio que refleja “la historia, la identidad y el espíritu” del lugar.

“Estas vacaciones de invierno en La Carolina, ¡vamos a regalar oro!“, se lee en el flyer promocional de la extravagante iniciativa que la Municipalidad del lugar replicó a través de redes sociales. ”Decidimos premiar a nuestros visitantes con un premio único”, sigue el afiche que, junto al texto, evidencia una cajita roja y aterciopelada, característica típica de un producto de joyería.
Según informó la Agencia de Noticias San Luis, la participación es simple y no requiere inscripción previa. El único requisito es visitar el caserío y conservar el ticket del estacionamiento del Pueblo Peatonal. Ese comprobante es el que habilita a participar.

Roxana Lucero Zavala, la secretaria de Turismo de la localidad, indicó que “mientras más días se visite el pueblo, más chances de ganar tendrán los turistas”. La modalidad de los sorteos es en vivo y en directo, desde las cinco de la tarde y en la oficina de Informes Turísticos.
Situada en la región norte de San Luis, La Carolina se ubica a 80 kilómetros de la capital provincial sobre la base del Cerro Tomolasta, a 1600 metros de altitud sobre el nivel del mar.

“Cada premio es, en los hechos, un pedazo del territorio”, sostuvieron los organizadores para evidenciar la emotividad que representa para ellos entregar este regalo a los visitantes.
La historia se remonta del oro en La Carolina se remonta a 1785, cuando Tomás Lucero -vecino histórico y minero colonial de San Luis- encontró este metal precioso en aquel poblado olvidado entre los cerros. En 1792, para evitar una mayor oleada de aventureros en busca del preciado metal, el entonces gobernador Marqués de Sobremonte intervino las minas y bautizó el lugar como “La Carolina” en honor al rey Carlos III.

A partir de entonces, socavones, excavaciones y respiraderos convivieron en el cauce del rio donde confluyó la búsqueda del oro, transformados por el paso del tiempo y las vertientes, que dejaron estalactitas de colores, todo a lo largo del camino hacia las profundidades.


