En el sur de Maine, decenas de gallos gigantes de metal empezaron a aparecer en los jardines de los vecinos. Todo comenzó cuando una familia fue multada por exhibir las esculturas en su jardín, una forma de apoyo emocional para su hija de seis años con autismo, que las autoridades consideraron publicidad encubierta para su restaurante.
La controversia por gallos gigantes de metal en Maine
David y Sara LeBlanc tenían una exhibición rotativa de gallos de aproximadamente seis pies (1,8 metros) de altura en el jardín de su casa en Ogunquit, Maine, como una forma de brindar apoyo emocional a su hija Pyper, una niña con autismo. Según informó ABC, las autoridades de la pequeña ciudad costera consideraron que se trataba de publicidad para su restaurante, The Omelette Factory.

La familia se resistió a la orden municipal que les exigía retirar sus adornos e insistió en que no buscaban publicitar su negocio, sino apoyar a su hija. Aun así, el inspector de código Tyler McOsker los multó con US$450 en abril y les ordenó retirar toda la señalización no autorizada, incluidas las estatuas de los gallos.
Las autoridades del pueblo consideraron que la exhibición estaba orientada a publicitar el restaurante porque la familia añadió un gallo al logotipo de su negocio, que también aparece en sus camisetas y otros productos. Los LeBlanc argumentaron que consideran al animal como un escudo familiar y presentaron una apelación.
Cuando el reclamo llegó a la Junta de Apelaciones de Zonificación, McOsker explicó que no sabía que los gallos estuvieran conectados con el diagnóstico de autismo de Pyper hasta que la pareja apeló las multas. También hizo referencia a un artículo de mayo de 2025 publicado en un periódico semanal local que describía las figuras como una forma divertida y poco convencional de anunciar la apertura oficial de The Omelette Factory.
Sobre ese artículo, LeBlanc afirmó que el reportero malinterpretó la broma de un cliente sobre los gallos como cartel de “abierto”, y aseguró que ellos nunca dijeron que servirían como publicidad. Un integrante de la junta, Jay Smith, cuestionó además la falta de comprobación médica de que los gallos fueran realmente necesarios para Pyper.
Finalmente, la junta concluyó que no tenía autoridad para anular las multas, pero le otorgó a la familia una excepción que reconoció la necesidad de dos gallos para el acceso de Pyper a la vivienda. “Quiero remarcar que hablamos de dos gallos: si tienen crías o se multiplican durante la noche, no”, advirtió otro de los integrantes de la junta.
La familia de Maine recibió una nueva multa por no cumplir con una condición
La familia tomó la decisión de regalar los gallos a otras personas como una forma de difundir la aceptación del autismo. Los LeBlanc afirmaron haber recibido mensajes incluso desde Nueva Zelanda, de una persona que les compartió fotos de sus hijos con la estatua de un gallo.

Aunque las autoridades brindaron una excepción, una de las condiciones impuestas para mantener dos gallos era que formaran parte de una barandilla. Dado que la familia los tenía atornillados a los escalones y que no modificaron esta situación, recibieron una nueva multa de US$500.
La historia detrás de los gallos que adornaban un jardín en Maine
David y Sara LeBlanc compartieron con ABC que recibieron a Pyper como niña de acogida, pero más adelante la adoptaron. Cuando llegó a su lado, llevaba con ella un gallo de peluche.
En 2025 su padre la llevó a una tienda Tractor Supply y Pyper vio una gran escultura de un gallo con la que quedó maravillada. Ese fue el inicio de su colección que creció hasta superar las dos docenas, algunas de las cuales adornaban el jardín de la familia.
Su padre compartió que la pequeña solía esconderse detrás de uno de los gallos cada mañana mientras esperaba el autobús escolar. Según detalló, esto le ayudaba a regular sus emociones y sobrellevar los cambios.


