Al llegar a determinada edad, muchos profesionales comienzan a preguntarse cómo continuar su carrera en un mercado que suele asociar el paso del tiempo con el retiro. Sin embargo, reinventarse después de los 50 o 60 años no implica abandonar la experiencia acumulada, sino encontrar nuevas formas de aprovecharla.
Así lo explicó Andrés Hatum, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella y columnista de LA NACION, quien reflexionó en una publicación de LinkedIn sobre las posibilidades que se abren para los adultos con una extensa trayectoria laboral.
“Cuando cumplís cierta edad en el mundo corporativo, empieza a flotar en el aire una pregunta: ‘¿Y ahora qué?’”, planteó. Según indicó, el sistema parece empujar a las personas a esperar la jubilación de manera pasiva, una lógica que, a su entender, desperdicia uno de los activos más importantes de la sociedad: la experiencia.
Frente a esa mirada, el especialista destacó que los trabajadores mayores cuentan con herramientas que probablemente no tenían al comenzar su carrera. Entre ellas mencionó el criterio, la red de contactos, la resiliencia y una mayor estabilidad para tomar decisiones desde el deseo y no solamente desde la urgencia.
Cómo reinventarse después de los 50 años
Hatum aseguró que el modelo tradicional de carrera, basado en estudiar, trabajar y luego jubilarse, quedó atrás. En la actualidad, señaló, la vida laboral está compuesta por múltiples etapas y llegar a los 50 años no representa necesariamente el final del recorrido profesional.
Para llevar esa idea a la práctica y evitar las frases motivacionales sin sustento, el profesor compartió tres pasos que también analiza con sus alumnos y en su libro Carreras extraordinarias para gente común.
El primero consiste en desacoplar la identidad personal del último cargo ocupado. En lugar de presentarse únicamente como director, gerente o ejecutivo de una empresa, recomendó reconocer las capacidades adquiridas a lo largo de la trayectoria.
“Vos sos un paquete de capacidades portátiles”, sostuvo. La experiencia en gestión de crisis, negociación o formación de equipos, explicó, puede resultar especialmente valiosa para pequeñas y medianas empresas, emprendimientos o proyectos independientes que necesitan conocimiento ejecutivo, aunque no estén en condiciones de incorporar a un profesional de tiempo completo.
En ese sentido, indicó que algunos trabajadores pasaron de ocupar cargos en grandes compañías a desempeñarse como consultores independientes, directores de organizaciones no gubernamentales, asesores de startups o mentores de nuevas generaciones. “No tiraron su experiencia; cambiaron el formato de entrega”, resumió.

La importancia de trabajar con otras generaciones
El segundo paso propuesto por Hatum es buscar lo que definió como una “polinización cruzada”, es decir, establecer vínculos profesionales con personas de distintas edades y conformar equipos intergeneracionales.
Para lograrlo, advirtió que los adultos con mayor trayectoria no deberían ubicarse en el lugar de quien considera que ya conoce todas las respuestas. Por el contrario, aconsejó acercarse a los jóvenes, escuchar sus perspectivas y combinar capacidades.
“La combinación de la energía y el manejo tecnológico de un menor de 30 años con el pensamiento crítico y la templanza de un mayor de 50 es imbatible”, afirmó el columnista de LA NACION.
Pasar de la reflexión a la acción
El último paso consiste en dejar de analizar indefinidamente una posible transformación y comenzar a probar alternativas concretas. “La reinvención no ocurre en un retiro espiritual, ocurre en la acción”, remarcó Hatum.
Entre las primeras experiencias posibles mencionó anotarse en un programa ejecutivo sobre nuevas tecnologías, ofrecerse como mentor en una incubadora o realizar una consultoría para evaluar cómo se siente la persona en ese nuevo rol. La clave, según su planteo, es experimentar antes de tomar decisiones definitivas.


