El intenso calor y la escasez de lluvias han generado incendios forestales sin precedentes en Europa, provocando la evacuación de más de 300.000 personas en España y Francia, en lo que se considera uno de los mayores retiradas forzadas de personas desde la Segunda Guerra Mundial.
En el sudoeste de Francia, el gigantesco incendio en la región de Gironda, al oeste de Burdeos, arrasó una superficie cuatro veces mayor que París. En España, el incendio más grave se registró en la provincia de Ávila, donde el fuego devastó más de 500 kilómetros cuadrados, convirtiéndose en el mayor incendio registrado en la historia reciente del país.
Europa occidental atravesó una primavera muy lluviosa, que favoreció un crecimiento inusual de pastizales y matorrales. Sin embargo, las temperaturas extremas registradas durante los pasados meses de mayo y junio y la falta de lluvias, que ha sido casi un 50% inferior al promedio, secaron rápidamente esa vegetación y la convirtieron en una enorme reserva de combustible. Los investigadores advierten que el calor extremo, que antes se concentraba en los meses de verano, ahora llega más temprano y está acompañado por una atmósfera más seca, lo que incrementa la evapotranspiración, es decir, la pérdida de agua del suelo y la vegetación hacia la atmósfera.
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea Datos, el continente europeo se está calentando a un ritmo más acelerado que cualquier otra región del planeta, tanto que esta crisis ígnea superó el promedio mundial observado desde 1980. Un estudio del grupo científico internacional World Weather Attribution, publicado en junio pasado, señala que el calor extremo está ligado al impacto del cambio climático. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) destacó que a medida que avanza el cambio climático se agrava el riesgo de incendios, aunque no sea el único factor que los causa.
En ese contexto, crece la presión para avanzar en políticas de reducción de emisiones, adaptación de ciudades y campos, y fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana, con el objetivo de disminuir el impacto humano, ambiental y económico de estas crisis.
Nadie discute que el clima pueda influir en la intensidad y frecuencia de determinados fenómenos extremos. Pero hace décadas que también se sabe que, si bien es imposible impedir todos los incendios, sí es posible reducir su propagación y minimizar sus consecuencias mediante una adecuada gestión forestal que se está dejando de lado.
La Comisión Europea apuesta por a incorporar nuevas herramientas de detección temprana, entre ellas, imágenes satelitales en tiempo real, cámaras equipadas con inteligencia artificial, satélites capaces de localizar focos apenas se inician y redes de drones que ya funcionan en países como Grecia, también obligada a evacuar a más de 200 personas en los últimos días por incendios que ya afectaron unos 50 kilómetros cuadrados.
La mitigación del riesgo exige políticas de Estado continuas que reduzcan las emisiones contaminantes, que diseñen presupuestos para la prevención y regímenes de severas sanciones para la criminalidad ambiental.


