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10 paisajes argentinos que merecen ser preservados

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Ubicados en rincones remotos y vírgenes del país -a veces, bastante inaccesibles-, estas tierras guardan tesoros naturales de valor incalculable. Al no estar dentro del dominio de parques nacionales ni en áreas protegidas, alcanzarlas requiere, en algunos casos, atravesar campos privados a pie o en 4×4 (incluso en lancha), o contratar excursiones con guías locales.

1. Cañón del Río Oro (Santa Cruz)

El río Oro formó un angosto y profundo cañón de piedra de extraordinaria belleza

Nace de los glaciares del cerro San Lorenzo –el más alto de la provincia de Santa Cruz– y desemboca en el lago Pueyrredón. El río Oro, que corre por el noroeste santacruceño, formó, cerca de su desembocadura, un angosto y profundo cañón de piedra de extraordinaria belleza que los lugareños conocen como el Cañón o la Garganta del río Oro. El punto desde donde mejor se aprecian la garganta, el entorno lacustre y la cordillera es un mirador vertical situado sobre un profundo desnivel de 120 metros sobre el cañón, y es donde arranca una huella usada por los animales que desciende hasta un mallín ubicado al borde del desfiladero.

Por el camino para autos se puede continuar hasta el valle del Oro. Una caminata corta lleva a la garganta, donde la corriente fluvial pasa de 15 metros de ancho a dos y se convierte en una sucesión de rápidos. Con el debido asesoramiento y preparación, es posible aventurarse más allá en un trekking de cinco horas, que va paralelo al río y llega hasta la base del San Lorenzo, con vistas plenas de la cordillera.

Lago Posadas es la localidad donde hacer base para visitar el valle inferior del río Oro. Aún más cerca y a pocos minutos del cañón está Lagos del Furioso –en el angosto istmo de 200 metros de ancho por 4 km de largo que separa los lagos Pueyrredón y Posadas–, la hostería boutique que reabrió después de algunos años.

2. Inca Cueva (Jujuy)

Las ocho cuevas de pinturas rupestres son un atractivo poco explorado de la Quebrada de Humahuaca

Este conjunto de cuevas (en total se descubrieron ocho) fue refugio de pobladores originarios, nómades, cazadores y recolectores desde el año 10.000 a.C. En el interior aparecieron armas hechas con restos de animales marinos, hondas, boleadoras, arcos y flechas, lanzas, instrumentos musicales, semillas de maíz, pipetas para fumar. Y en las cercanías, huellas de dinosaurios.

La cueva más accesible es la que se identifica como la 1. Se llega tras 10 km de trekking desde la RN 9, a 48 km de Humuahuaca. Allí pueden verse pinturas hechas con grasa animal, excrementos y plantas. Hay una imagen de una mujer en parto, llamas, chamanes, soles, hachas y hombres a caballo, entre otros motivos.

Al desandar el camino, el guía muestra que unos hilos de agua de pronto desaparecen, pero emergen unos metros más adelante: el río por cuyo lecho se transita tiene tramos subterráneos.

3. Salto Yasy (Misiones)

El salto a pocos minutos de Iguazú al que sólo se accede por agua y permite bañarse casi solo

Por empezar, sólo se accede por vía acuática. Es decir que para descubrirlo hay que hacerlo en lancha, canoa o kayak hasta sus inmediaciones. Para eso es preciso navegar el río Paraná y luego meterse en el arroyo Jasy, que en guaraní (aunque se pronuncie “yasy”) significa ʻlunaʼ. A lo lejos ya se divisa el salto, al que es posible aproximarse lo suficiente como para quedar frente a él. Se deja la embarcación amarrada a la vera del arroyo. De ahí salen pequeñas picadas que bordean el agua y permiten internarse en un sector pedregoso, preámbulo de la gran hoya que forma el salto, y que se une con el arroyo. Son sólo un par de minutos de caminata por la selva paranaense.

Desde esas rocas de basalto es posible contemplar el salto y el punto de observación inspira a quedarse horas. El suelo de la hoya –con sectores más profundos que otros– se sentirá como un colchón de algas y musgo, mientras se avanza hasta la pared de basalto para bañarse bajo la caída de agua. Demás está decir que este plan está supeditado a la altura del río y a las lluvias.

Si bien es posible llegar por cuenta propia, lo recomendable es contratar una excursión. El conocimiento de alguien que sabe cómo y hacia dónde hay que moverse enriquece la experiencia.

4. Volcán Malacara (Mendoza)

El volcán Malacara es una rareza por sus cárcavas que permiten recorrerlo desde adentro

El Malacara es único por varias razones. Si bien está en los dominios de La Payunia, donde se registra una de las mayores concentraciones de conos volcánicos en el mundo, este se encuentra apartado del conjunto, más precisamente a 42 km de Malargüe y camino a la reserva Laguna Llancanelo.

Además, está dentro de una propiedad privada –la estancia de la familia Quezada, en el paraje La Batra– y el acceso implica reservar y pagar la visita.

Por último, su origen hidromagmático subraya la gran diferencia. El agua acumulada y la roca sólida asociados a una violenta erupción formaron, a lo largo del tiempo, pasadizos y cárcavas (hoyas o zanjas que suelen hacer las avenidas de agua) de más de 30 metros de alto, que se pueden recorrer en toda su extensión. En esta exploración, los relieves que van apareciendo inducen a imaginar rostros de seres extraños o de animales fantásticos.

El volcán tiene una altura de 2.450 metros. Su nombre se debe a que, visto desde lejos, se percibe en su ladera una mancha parecida a la que tienen los caballos llamados, justamente, Malacara.

5. Cajón del Río Pico (Chubut)

Al cajón del Río Pico se llega con coordenadas precisas y luego de atravesar varios campos: es un rincón intocado de los que casi no quedan

A este paraje cordillerano prácticamente intocado llega solo el que quiere o busca. Lo más conveniente es pedir indicaciones y consultar por el estado del camino y el río en la comuna rural Atilio Viglione (ex Aldea Las Pampas) –un pueblito encantador y de los que casi no quedan, en el límite con Chile –, o dejarse orientar por los guías baqueanos, que tienen coordenadas precisas de todos los desvíos para alcanzar los mejores spots de la zona.

Para acceder a “la última frontera”, como le llaman los locales al paraje donde se encuentra el puesto de la familia Solís, la única construcción a la vista, es necesario atravesar unas ocho tranqueras campo adentro. Allí termina la ruta y cuesta distinguir qué montaña es argentina y cuál chilena. Se sigue por una huella casi invisible, hasta donde se pueda.

Hasta acá se puede llegar en vehículo de doble tracción. El resto del camino es a pie, primero por un verde valle donde es común cruzarse con cientos de ovejas y caballos, y más adelante hay que abrirse paso entre cañaverales y barbas de viejos que cuelgan de los ñires y lengas, siempre cuesta arriba y bordeando el río.

6. Glaciar Cagliero (Santa Cruz)

Al glaciar Cagliero se puede acceder con crampones, gracias a una empresa de El Chaltén que organiza la excursión

El cambio climático tiene consecuencias de todo tipo, y varias de ellas se vieron reflejadas en El Chaltén. El retroceso del hielo en los glaciares Viedma y Torre impidió que pudieran seguir operándose como opciones de trekking con crampones, y así fue que Fitz Roy Expediciones, agencia pionera en la joven localidad patagónica, abrió el juego con el Cagliero en 2019.

La operación no es tan sencilla, pero el aumento de adrenalina es directamente proporcional a la sensación de aventura. Es muy probable que quienes se apunten a esta salida nunca en su vida hayan hecho una vía ferrata, un sistema de escalada que consiste en acceder a los lugares a través de un cable de acero al que uno se conecta con dobles mosquetones.

Se sale a las 8 del pueblo hasta la reserva privada Los Huemules, se camina por un amable bosque de Nothofagus hasta la laguna Diablo y allí se colocan los arneses. Una vez allí, con los crampones puestos, avanzar no presenta dificultades. El glaciar –atravesado por sumideros celestes– es un territorio blanco y desierto, inquietante.

7. Puente de Piedra (Neuquén)

Al Puente de Piedra se llega tras una hora de caminata bordeando el lago Caviahue

Se trata de un increíble puente natural de piedra que se encuentra en un sector de acantilados de la margen sur de la península del lago Caviahue. Esta “geoforma” es bastante poco habitual; en ella, a lo largo de miles de años, intervinieron procesos diversos: la erosión glaciar, el posterior golpe constante de las olas, que modificó su base y generó la caída de rocas, más la consecuente formación de un hueco que terminó convertido en caverna, parte de cuyo techo se desplomó. Su borde externo formó el puente que permite ver las aguas turquesas del lago.

Hay que salir de Caviahue hacia Loncopué por la RP 26 y bordear el brazo sur del lago; antes de llegar a su punta, se detectan un par de araucarias sobre la ruta: allí sale, a la izquierda, una huella no señalada que rodea por un par de kilómetros el “perilago” hasta una extensa playa, donde se deja el auto y se sigue a pie.

La caminata hasta el Puente de Piedra demanda una hora. La primera etapa es en pendiente, medianamente pronunciada; luego se hace plana por 1,5 km: tramo que se recorre por la parte superior del empinado acantilado.

La recomendación es no caminar sobre el puente, ya que puede haber derrumbes o desprendimientos ocasionales. Su superficie, bastante regular, tiene un largo aproximado de 16 metros, un ancho de 5 m y un espesor de entre 6 y 8. El desnivel entre la parte superior del puente y la playa en la base del acantilado alcanza los 50 metros.

8. Cono de Arita (Salta)

El Cono de Arita emerge solitario en la inmensidad del salar de Arizaro

En el extremo sudoeste del salar de Arizaro, a 75 kilómetros de Tolar Grande, emerge este enigmático y perfecto cono. Es una pirámide volcánica, mezcla de sal y lava negra. Se trata de un lugar sagrado para los pobladores locales. Estudios geológicos, citados por algunas publicaciones, indican que sería un volcán que no tuvo la fuerza para estallar.

El cono tiene 150 metros, casi la misma altura que la pirámide de Keops, y 16 millones de años. Lo primero que llama la atención es su condición solitaria: un pequeño y perfecto pico, como un mini-volcán, en medio del inmenso salar.

9. Cañón del Río Jáchal (San Juan)

La garganta del río Jáchal es ideal para hacer rafting por sus rápidos

Tallado durante millones de años por la fuerza del agua y el viento, se destaca por sus imponentes paredones de roca que superan los 30 metros de altura, creando pasajes angostos y un paisaje imponente donde el río Jáchal serpentea por abajo. Para llegar, se debe tomar la RN 40 hasta la localidad de Jáchal y, desde allí, seguir los caminos que conducen al cañón.

Gracias al caudal y las condiciones del río, este lugar es ideal para practicar rafting, una experiencia emocionante que combina rápidos, adrenalina y paisajes únicos. Sus rápidos de niveles II y III ofrecen la velocidad ideal para esta disciplina, que atrae tanto a principiantes como a expertos. Además de su valor recreativo, el cañón posee una gran importancia hidroeléctrica y de riego para la región y es un área que preserva la biodiversidad autóctona de la precordillera cuyana.

10. Corona del Inca (La Rioja)

A 5.550 msnm, la laguna de Corona del Inca es la de mayor altura de la Argentina y aseguran que también bate el récord a nivel mundial

La temperatura, en verano, ronda los -20 °C. Y Corona del Inca, la laguna del cráter (1 km2 de superficie y 300 m de profundidad), se aprecia a 5.550 msnm: es la de mayor altura de la Argentina y aseguran que también bate el récord a nivel mundial.

El cráter Corona del Inca es una de las metas off-road más difíciles, accesible sólo en 4×4 a partir de diciembre (antes, imposible: los accesos están bloqueados por la nieve) y hasta los primeros días de abril, que es cuando comienza a nevar.

Es una experiencia de un día que permite llegar, contemplar la “corona” de los volcanes circundantes –Bonete Chico y Bonete Grande, Veladero, Pissis, Reclus, Baboso y Gemelos Norte y Sur– que se aprecian desde el inmenso cráter, con sus glaciares que alimentan la laguna de un azul tan profundo como hipnótico, y volver al punto de partida.

Por seguridad se arman, mínimo, grupos de seis personas con dos vehículos doble tracción, especialmente equipados para este tipo de travesías. Mejor si el grupo es más grande y se suma otra camioneta.

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