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Playa de los Pocitos: el lujoso balneario de América del Sur y el hotel sobre el río que tuvieron que demoler

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La marea del Río de la Plata baja en la costa montevideana, y en esos días la Playa de los Pocitos, muestra alguno de sus tesoros ocultos (uno de todos esos que hay en Uruguay): unos postes con bordes pulidos por las aguas que, dando cuenta de otros tiempos, emergen entre las aguas. Los turistas no tardan en notar lo que los locales ya conocen desde que, allá por 2011 y 2015, obras de la comuna en el río encontraron estos postes de 1,70m, restos de la base del muelle del Gran Hotel Pocitos. Esas pequeñas pilastras testigos de otros tiempos y la base para -con tecnología digital y el trabajo del arquitecto Daniel Thul- reconstruir cómo fue aquel hotel que marcó un período de lujo para América del Sur, donde la élite local pero sobre todo la argentina, pisaba la arena mucho antes que en otras playas de la zona.

Otra visión del hotel en la reconstrucción virtual del arquitecto Daniel Thul del Hotel de Los Pocitos

“Nuestro recorrido culminó en el Hotel Pocitos, junto a la playa de baños del mismo nombre, donde disfrutamos de un delicioso almuerzo al estilo francés. ¡Qué sopa tan sabrosa, qué huevos fritos tan etéreos, qué exquisita langosta con mayonesa servida en platos individuales, qué suflé como postre, qué duraznos perfectos, qué vino clarete local tan especiado! Todo resultó muy reconfortante, y nuestro viaje de regreso fue sumamente satisfactorio”, escribía en 1911 un cronista norteamericano que visitó Montevideo, cuenta el historiador Daniel Balmaceda sobre esos días de gloria que desconocían su fecha de vencimiento. Pero la historia de este primer balneario había comenzado años atrás.

Una imagen de la época de los turistas y el hotelUn aviso de la época promocionando los descuentos del Hotel, fuera de temporada, y la cocina francesa que servían

El nacimiento de los balnearios de América del Sur

Las fechas de inauguraciones y momentos en los que los balnearios del subcontinente americano empezaron a recibir acalorados turistas -por entonces con trajes de baño que no dejaban mucha piel al sol- se superponen o difieren en pocos años. Mar del Plata (1874), Punta del Este (1907), Piriápolis (1930), y Montevideo (1876) muestran sus fechas. En esos momentos la supremacía de balneario de lujo que hoy ostenta Punta del Este era de la Playa de los Pocitos, donde familias locales y de la vecina Argentina la elegían como destino vacacional.

El Hotel de los Pocitos en sus inicios

El inicio de la construcción despertó un gran interés, allá en 1882, cuando en plena Playa de los Pocitos el primer hotel sobre el mar seducía ya a los veraneantes. Sin embargo, un incendio en 1892 lo destruyó totalmente, por lo que recién a comienzos del siglo XX -y por un interés de la compañía eléctrica, que había modificado el ritmo de la zona al reemplazar a los tranvías tirados por caballos por unidades eléctricas que aseguraban un mejor acceso a la costa- el denominado Gran Hotel Pocitos se consolidaba bajo el proyecto del arquitecto inglés John Adams, que vivía en Montevideo. Su trabajo cautivó a quienes ya disfrutaban de la zona. Para 1912, la aristocracia había vuelto a las -más- cómodas instalaciones y amplios salones, aunque no pasarían muchos años hasta toparse con otra desgracia climática.

Imaginarse la magnitud de la construcción puede no ser suficiente, y por eso es razón de más para agradecer el trabajo de reconstrucción realizado por el arquitecto Daniel Thul. En base a una fotografía, documentos originales y los restos que quedaron en el río, recreó el espacio, la decoración y distribución de los muebles que le dieron ese glamour al hotel: un comedor de 900 metros cuadrados, 80 mesas y una terraza techada que sumaba 70 mesas más. De estilo académico francés, los tés y los cigarros acompañaban las charlas entre ministros y presidentes.

El comedor del hotel fue recreado digitalmente por el arquitecto Daniel Thul

Al ritmo de la belle époque montevideana: “Los autos cruzaban el día anterior”

El presidente de Uruguay desde 1907 era Claudio William y los veranos del poder en el Río de la Plata tenían como epicentro esta zona de la costa de Montevideo. Prestigio y política se trasladaban a las terrazas del Gran Hotel de los Pocitos. Este gran palacio sobre la arena, inaugurado por la empresa del tranvía, nucleaba a la belle époque de América del Sur entre el glamour, el ocio y la política.

“Roque Sáenz Peña fue huésped del hotel en la época en que era canciller, hacia 1909”, recuerda Daniel Balmaceda y agrega: “En esa época los carnavales en Pocitos eran muy característicos, de los principales bailes de carnaval a comienzos del siglo XX. Y la terraza del hotel tenía una característica muy particular, por la noche se realizaban conciertos, así que era muy concurrida y se internaba a 100 metros en el mar. Es decir, que estabas. . . prácticamente bailando sobre el agua, y eso sí era una característica muy llamativa y muy deseada por todos”.

Registros antiguos del hotel y su muelle

A comienzo de siglo, cuenta Balmaceda, también eran habitués: “El belga Tomás Jofré, uno de los fundadores de Bunge & Born; Sebastián Lezica, Hortensia Méndez Cabrera y su hija Ernestina (no es la descendencia directa de Alejandro el DJ, pero están emparentados, detalla el historiador) y José Paso Viola”, entre otros. Y un dato que siempre le atrajo al historiador al investigar sobre el tema era cómo se hacían en los años 30 excursiones en automóviles: “Cruzaban los autos el día anterior a Colonia, y al día siguiente, cruzaban todos los excursionistas, los esperaban los autos en Colonia, y de ahí se iban a pasear por Montevideo, y el lugar donde paraban era el Hotel de los Pocitos, muy característico de los argentinos. Iban los Monsegur, Florencio Martínez de Hoz y familia, Bullrich, Macoco Alzaga Unzué, Horacio Peralta Ramos, Emilio R. Casares (muy fierrero), Pedro Weil, agropecuario (constructor del edificio SAFICO), eran lindas excursiones de treinta o cuarenta automovilistas, era un programa salir todos a “excursionar” en auto”, finaliza con una elocuente imagen de la época. Otros registros fotográficos también dejan en claro las visitas de Julio Argentino Roca y del General Bartolomé Mitre.

El fin de una época y el inicio de otra

La alta clase uruguaya y argentina tenían ya su lugar de esparcimiento cruzando el “charco” pero ese microcosmos perfecto tendría sus ataques. En la publicación Anarquía registran el humor de otra parte de la sociedad: “En contraste con toda la paquetería y opulencia de las clases pudientes de la Suiza de América, los trabajadores mozos del hotel entran en conflicto. En plena temporada, el gremio de los mozos se declara en huelga y presenta un pliego de peticiones. La patronal responde con el despido de trabajadores en lucha y contratando rompehuelgas para su reemplazo.

El recorte del diario Anarquía en el que se marca el ataque a poco de abrir el Hotel

En febrero de 1913, durante la noche del martes 4, estalla una bomba en el Hotel de los Pocitos. El hecho despierta gran conmoción y a las pocas horas se suceden detenciones de huelguistas y anarquistas. Durante días las páginas de prensa se ocupan de las consecuencias del atentado y dan cuenta de las pesquisas policiales”.

Pilotes del antiguo hotel pocitos que se ven hoy cuando baja la mareaEn 2015 y con la baja de la marea se encontraron restos del hotel que fueron levantados de la playa por la intendencia municipal

El impacto del hecho no fue sin embargo lo que terminó con la vida del hotel, el 10 de julio de 1923, la ambiciosa construcción del muelle y parte de la terraza sobre el mar fue destruida por un fuerte temporal con vientos huracanados de alrededor de 150Km/h y olas de 3,30 metros de altura, y aunque siguió vigente en 1935 otro ataque de la naturaleza volvió a azotar a la construcción debilitándola tanto que se decidió demolerla; para entonces, Punta del este ya estaba en su apogeo y el vecino Hotel Carrasco, que había abierto sus puertas en 1921, impactaba. No era viable reinvertir en el hotel, pero la Playa de los Pocitos se beneficiaba de una Rambla que en la actualidad cuenta con 22 km y es un lujo que en los últimos años atrae a un público más exigente en sus gustos de descanso.

El recuerdo de la belle époque

Ya no hay autos paseando rumbo a la terraza sobre el mar que ostentaba el glamour de 1880, pero la esencia de la belle époque en Pocitos se mantiene viva a través de su trazado urbano y de tesoros arquitectónicos específicos. Si bien el barrio se transformó radicalmente a mediados del siglo XX al sustituir sus antiguas casonas de veraneo por modernas torres residenciales de alta gama, el espíritu residencial y el refinamiento de entonces persiste en rincones emblemáticos.

Una de las postales que reflejan La Rambla en los primeros años del siglo XX

La fisonomía curva del trazado de la Rambla República del Perú, paralela a la bahía, sigue el diseño de los paseos marítimos franceses. Su espectacular perspectiva de cara al Río de la Plata evoca directamente el propósito original con el que fue concebida: ser el centro del veraneo elegante y cosmopolita de Montevideo. Actualmente el único hotel 5 estrellas en ese lugar recuerda el vínculo con su entorno y su exterior vidriado busca “homenajear la luminosidad del mar y el cielo para crear una comunicación continúa con la Rambla” define el arquitecto Iván Arcos, sobre su diseño.

En la misma sintonía, el montevideano Francisco Lorente gerente del Hotel Costanero desde su apertura en 2021, reconoce la importancia de estar sobre la línea del mar, e identifica que “el lujo hoy, al menos para el hotel, no es solo tener grandes instalaciones (en el caso de ellos 92 habitaciones) sino mantener las experiencias como un valor diferencial, una buena carta, la vista privilegiada, tarjetas de bienvenida con artistas y actividades culturales locales y la atención. La calidez es tan importante como la cantidad” enfatiza y finaliza: “No competimos con Punta del este, somos dos productos diferentes que hoy trabajan en sinergia, porque tanto los argentinos como los brasileños que vienen también pasan por Punta o por Colonia”.

Mansiones en calles internas: Aunque la primera línea costera se modernizó por completo, basta con caminar una o dos cuadras hacia adentro (por calles como Juan Benito Blanco, Chucarro o Tomás Diago) para descubrir espectaculares residencias de estilo ecléctico y francés que sobrevivieron al auge inmobiliario.

La plaza Gomensoro es una de las joyas arquitectónicas de otra época en Pocitos

Plaza Gomensoro: Es el testimonio físico más puro y romántico de la época. Diseñada con una fuerte influencia paisajística europea, conserva sus elegantes balaustradas blancas, pérgolas, bancos de descanso orientados al agua y escalinatas que recrean el ambiente de los paseos aristocráticos de la década de 1910.

La rambla en la Bahía de Pocitos: “Nunca te aburrís, te saca de la parte urbana”

El bienestar como lujo: Irene es argentina, de Rosario, pero hace ya 19 años que vive en Uruguay y para ella “La rambla es un lujo, para correr, caminar, ver el atardecer, nunca te cansás ni te aburrís, te saca de la parte urbana. Hace meses me empecé a copar con correr, porque es una actividad meditativa, y salir por la Rambla es espectacular, para mi ya es un vicio”, reconoce y suma otra espacios: “Los bares que se quedaron en el tiempo y no se embanderan con tendencias, como el bar Las Flores, que aunque el mozo tenga mala cara ya sabés lo que vas a encontrar. También me gusta Chez Piñeiro, unas pizzas muy de bar uruguayo” y agrega, aunque siempre priorizo la tranquilidad de los parques y las playas, las cafeterías y las panaderías”. vivió en Pocitos y en Punta Carretas, donde hoy tiene su particular cafetería Santé.

La calidez del bartender: Alexis González es uruguayo y entre técnicas modernas, el rescate de la identidad de su país en bebidas y su trayectoria detrás de las barras premium de Punta del Este, marcas del sector y hoteles, también acentúa el lujo en la experiencia.

En el Bar Cauce con vista a la Bahía de los Pocitos, las personas que se sientan en su barra salen transformados. Solos, acompañados de amigos, parejas, o compañeros de trabajo, luego del primer saludo, los tragos y las tapas desfilan de acuerdo al gusto del cliente pero con una propuesta individual que sobresale.

Con el correr de las horas la gente se suma y hasta se conoce mientras Alexis charla, realiza un trago acorde al humor de quién lo pide y hace partícipe a quienes tienen ganas de compartir. Aunque juntos, cada experiencia es personal y la destreza, como de la de un buen alquimista, es solo la base para lo que mejor le sale: escuchar e interpretar.

Las experiencias en las vecinas Buceo y Punta Carretas: con la consolidación del más tradicional Punta Carretas y su faro y negocios nocturnos, otra nueva propuesta que se consolida año a año es la vecina Buceo con su World Trace Center y crecimiento en ascenso. Con menos playa pero más actividades naúticas, la cercanía entre ambas zonas permite recorrer todo a través de la Rambla. Ese espacio que tuvo su auge con la creación del Gran Hotel Pocitos en 1910 se consolidó y le dejó a la ciudad un valor para disfrutar a cualquier hora del día, aunque ya no se pueda bailar sobre el río.

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