Buenos Aires, 14 agosto (NA) — Investigadores de la Universidad de Viena descubrieron mediante escáneres cerebrales que los perros procesan las sonrisas en una región cerebral única y, por primera vez, aportaron pruebas de que pueden distinguir entre expresiones faciales negativas, como la ira, la tristeza y el miedo.
El estudio, publicado en la revista iScience de Cell Press, analizó el cerebro de estos animales mientras observaban imágenes de diversas expresiones humanas. De esa manera, pudieron comprender “qué adaptaciones desarrollaron para sustentar su extraordinaria comprensión social y emocional de los humanos”, explicó el primer autor, Raúl Hernández-Pérez.
LOS ROSTROS FELICES
Los investigadores analizaron la actividad cerebral de ocho perros mientras les mostraban imágenes de desconocidos con expresiones alegres o neutras.
Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, los rostros felices activaron la corteza temporal y el núcleo caudado en el cerebro de los perros, regiones asociadas con el procesamiento cognitivo superior y la recompensa, respectivamente.
“Las caras felices provocaron una mayor actividad en regiones involucradas en el procesamiento visual, social y afectivo positivo. Hallar esta respuesta fue especialmente interesante porque los perros estaban mirando fotografías de personas totalmente desconocidas, lo que sugiere que los rostros felices podrían tener un valor afectivo positivo para ellos”, explicó a Sinc la investigadora Laura Cuaya.
IRA, MIEDO Y TRISTEZA
Los investigadores mostraron imágenes de personas que expresaban felicidad, ira, miedo y tristeza a 12 perros y analizaron su actividad cerebral mediante aprendizaje automático.
Así, descubrieron que los perros no reaccionaban de la misma manera ante estas emociones negativas. La red de la corteza temporal y el núcleo caudado respondía de forma específica a la felicidad, lo que permitió a los investigadores distinguir fácilmente las reacciones cerebrales a las sonrisas de las de las tres expresiones negativas.
LOS PERROS VAN MÁS ALLÁ: DISTINGUEN ENTRE IRA Y TRISTEZA
El análisis cerebral completo evidenció patrones de actividad distintos que diferenciaban el miedo de la ira y la tristeza, lo que consiste en la primera evidencia de que los perros pueden distinguir entre expresiones faciales negativas específicas.
Asimismo, los investigadores aclararon que dicha capacidad no significa que los perros experimenten las emociones exactamente igual que los humanos. Además, una foto de un rostro humano no lo dice todo; en la vida real, los perros observan el lenguaje corporal, matices de la voz y obtienen información a través del olor.
SERES EMOCIONALES
Los autores del estudio señalaron que los perros que participaron eran mascotas de familias cariñosas, y que los perros que viven en la calle se desenvuelven en un entorno social muy diferente y pueden procesar las señales humanas de manera distinta.
El próximo paso de este trabajo es intentar comprender cómo los perros integran estas señales cerebrales y dan sentido a las personas que los rodean, así como comparar cómo los cerebros humanos y caninos procesan las mismas señales emocionales.
Agencia NA


