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El tenista que no puede superar el calvario de las lesiones: un tobillo que sembró angustia en Cincinnati

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Nada peor para un deportista que una lesión. Ni hablar cuando los imponderables se empiezan a encadenar y los temores ante cualquier problema se incrementan. En un circuito como el del tenis, tan exigente, desgastante y competitivo, quedar fuera del ruedo por semanas o meses, en el peor de los casos, puede modificar el rumbo de una carrera. Y poco puede hacerse cuando la cabeza empieza a procesar en modo negativo.

Algo de eso puede haber sentido ayer el australiano Thanassi Kokkinakis, que ya no es precisamente un joven impetuoso, de los que se llevan todo por delante. Con 30 años y 440° del ranking mundial, le tocó debutar en el Masters 1000 de Cincinnati ante el portugués Nuno Borges. Un partido cerradísimo y que incluso pudo haber ganado, disponiendo de un match-point en el segundo set. Fue derrota, y más dolorosa aún porque pareciera confirmar una historia que lleva demasiado tiempo intentando cambiar.

Porque en el tie-break decisivo, sacando 4-5, el corazón se le paralizó. Corriendo hacia la derecha para impactar una pelota, una situación lo sobrepasó: sufrió una fuerte contractura en el gemelo derecho y, ante el mal movimiento, padeció una torcedura de tobillo impactante. Hasta se escucharon unos gemidos de dolor. Fueron segundos de angustia para todos, incluido su rival. En una de las tomas de TV se veía cómo tenía el gemelo duro. Imposible moverse en ese instante hasta que no afloje el músculo. Sin saber, claro, qué tan grave había sido la torsión del tobillo.

Thanasi Kokkinakis y el momento de la torcedura del tobillo derecho

Se reincorporó como pudo luego de ser atendido, sólo alcanzó a disputar un punto más y finalmente perdió el encuentro por 5-7, 7-6 (7/3) y 7-6 (7/4). El dato que vuelve todavía más cruel la escena es que Kokkinakis había llegado a Cincinnati después de atravesar uno de los períodos más difíciles de su carrera. A los 30 años, y después de haber pasado buena parte de su trayectoria entrando y saliendo del circuito por problemas físicos, buscaba algo que para él parecía casi extraordinario: una temporada completa de tenis sin que una lesión volviera a detenerlo.

Ahora tendrá que esperar para saber la gravedad real del problema en el tobillo. Lo ocurrido ante Borges, sin embargo, vuelve a abrir una historia que parecía interminable.

Un cuerpo que nunca le dio tregua

Kokkinakis irrumpió muy joven. Fue finalista del Abierto de Australia junior en 2013 y rápidamente apareció como uno de los grandes talentos de su generación. Pero su carrera profesional quedó marcada casi desde el comienzo por las lesiones. Tuvo problemas en la espalda, hombro, codo, rodilla, ingle y pectoral. También sufrió una enfermedad que lo obligó a pasar por el hospital y le hizo perder una cantidad importante de peso. El talento estaba. El físico, muchas veces, no acompañaba.

El momento de la lesión

Hubo momentos en los que parecía que finalmente podía instalarse entre los mejores. En 2015 derrotó a Roger Federer en Miami y en 2022 encontró una de las grandes alegrías de su carrera al ganar el Abierto de Australia de dobles junto a Nick Kyrgios. En 2023 alcanzó el mejor ranking individual de su carrera: número 65 del mundo. Pero cada vez que comenzaba a construir continuidad, aparecía otro problema.

El calvario más reciente comenzó varios años antes de la operación. Kokkinakis sintió por primera vez que algo no estaba bien en el pectoral derecho en 2019. Continuó jugando y aprendió a convivir con el problema. Durante años disputó partidos con un músculo que, según explicó posteriormente, no estaba correctamente unido al hombro. Era una situación particularmente cruel: podía jugar, incluso podía ganar partidos importantes, pero el dolor aparecía después. En ocasiones disputaba un encuentro y luego su brazo quedaba prácticamente inutilizado para los partidos siguientes.

Thanasi Kokkinakis y la rigidez de la pierna derecha en medio del dolor, con el gemelo totalmente contracturado

La situación llegó a un punto límite en el Abierto de Australia 2025. Después de un durísimo partido de cinco sets contra Jack Draper, el problema empeoró. Al día siguiente debía jugar dobles con Kyrgios, pero tuvo que retirarse. Ya no había margen para seguir esperando. En febrero de 2025 decidió operarse. Y no fue una operación convencional.

Kokkinakis consultó a numerosos especialistas. Incluso habló con médicos relacionados con Rafael Nadal. Finalmente encontró una solución muy poco habitual: le retiraron tejido y parte del pectoral derecho y utilizaron un injerto de tendón de Aquiles procedente de un donante fallecido para volver a unir el músculo con el hombro. Era una apuesta.

Tan poco habitual que, según contó el propio australiano, ningún tenista había atravesado antes una cirugía de esas características. Muchos especialistas directamente no se sentían cómodos con la posibilidad de operarlo. “Fue un riesgo que decidí tomar”, explicó después. Y había una razón: estaba cansado de jugar un partido, sentirse competitivo y luego tener que abandonar o pasar días sin poder utilizar normalmente el brazo.

Un momento de felicidad para Thanasi Kokkinakis: en 2022, cuando ganó el dobles en el Australian Open junto con Nick Kyrgios

“Me daba igual si no volvía a jugar”, llegó a decir al recordar aquel momento. Lo que ya no quería era continuar atrapado en ese ciclo de jugar, sentir dolor y volver a parar. La recuperación fue larga. Casi un año fuera del singles.

En enero de 2026 llegó el momento que había esperado durante meses. En Brisbane volvió a competir en dobles junto a Kyrgios. El triunfo de los “Special Ks” tuvo un componente emocional enorme y Kokkinakis lloró. Después llegó el regreso en singles, en su casa, en Adelaida. Le ganó a Sebastian Korda en tres sets y protagonizó una remontada emocionante. Pero durante el partido volvió a aparecer el dolor en el hombro derecho. Recibió atención médica y terminó el encuentro como pudo. La victoria, paradójicamente, volvió a tener un sabor agridulce.

Al día siguiente se retiró del torneo por la lesión en el hombro. Y posteriormente decidió no disputar el singles del Abierto de Australia. Había pasado un año entero rehabilitándose para volver a jugar. Y apenas regresó, el cuerpo volvió a recordarle que la historia todavía no estaba terminada.

Kokkinakis luego de la operación de pectoral

Pero Kokkinakis, tozudo, volvió a levantarse. Llegó a Roland Garros 2026 y consiguió entrar nuevamente en el cuadro principal, algo que tenía un valor especial después del camino recorrido. Ganó en el debut ante el local Terence Atmane y se retiró en segunda rueda frente al español Pablo Carreño Busta. Para entonces, llevaba en el brazo una enorme cicatriz de aquella operación que él mismo describió como una especie de “mordida de tiburón”. El australiano no escondió la magnitud de lo que había vivido: una cirugía prácticamente sin antecedentes en el tenis y una rehabilitación incomparable. Por primera vez en mucho tiempo, parecía que podía mirar hacia adelante. Hasta Cincinnati.

Kokkinakis se marchó de Cincinnati con un nuevo nterrogante sobre su futuro físico. Todavía no se conoce la gravedad de la lesión de tobillo. Pero la imagen alcanza para entender el golpe: el vive un calvario sin fin.

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