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Crimen en Villa Devoto: un ataque de cuatro minutos, 46 puñaladas y una herida mortal

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El ataque donde Romina María de los Ángeles Calvo fue asesinada a puñaladas por su pareja, Walter Verón, en su casa de Villa Devoto, duró entre tres y cuatro minutos. La víctima sufrió 46 heridas punzo cortantes y, además, tuvo otros siete golpes como consecuencia del forcejeo o de una caída en su intento de defenderse.

Una de las 46 puñaladas fue mortal. Así se desprende del resultado preliminar de la autopsia que ya está en poder del juez nacional en lo criminal y correccional Darío Bonanno, a cargo de la investigación, según informaron a LA NACION fuentes judiciales.

“En un cálculo rápido, una lesión corto punzante cada 4 o 5 segundos”, explicaron los voceros consultados.

Mañana, el magistrado le tomaría declaración testimonial a los hijos de la víctima y victimario. La menor. una niña de 8 años, fue testigo del homicidio. Dormía en la misma habitación donde su padre mató a su madre.

“Las lesiones sufridas por la víctima se hallan distribuidas, fundamentalmente, en la región superior del tronco, ambas caras del mismo y en las regiones axilares, determinando un conjunto de heridas de gravedad por la multiplicidad de las mismas y la profundidad que determinan las lesiones de órganos ya referidas que son idóneas para producir la muerte”, se explicó en el informe de la autopsia, según pudo reconstruir LA NACION de fuentes judiciales.

La lesión mortal fue identificada con el número 36 en la necropsia. Se trata de una “herida punzo cortante en epigastrio, lado derecho, de milímetros de largo, con un ángulo romo superior y derecho y un agudo inferior e izquierdo. Examinado en profundidad esta lesión penetra en el tórax y lesiona el ventrículo izquierdo en dos sitios contiguos, siendo la causante del deceso inmediato de la víctima”, se explicó en la autopsia.

Como se dijo, el jueves pasado Verón mató a Calvo, de 40 años, delante de su hija menor, de 8 años. La niña dormía en la habitación de sus padres y se despertó cuando comenzó el ataque. Todo quedó registrado por las cámaras de seguridad instaladas en el PH situado en Pedro Morán al 5200, en Villa Devoto. donde vivían Verón, Calvo y dos de sus tres hijos, la niña de ocho años, testigo del crimen, y un joven de 21.

El sistema de videovigilancia filmó los momentos previos y posteriores al ataque, pero no el momento en que Verón apuñaló a la víctima dentro de la habitación matrimonial.

La secuencia, según pudo saber LA NACION de fuentes que observaron las grabaciones, comienza cuando Verón salió del PH, presumiblemente para ir a trabajar a una carnicería. Todavía no había amanecido.

Poco después, según las imágenes volvió a ingresar. Calvo se levantó, prendió la luz del living y regresó a la habitación. Detrás de ella fue Verón.

“Verón entra en la habitación, la niña, desesperada, sale corriendo. Fue testigo del ataque. Fue a buscar a su hermano, quien llamó al número de emergencias 911″, dijeron las fuentes consultadas.

La carta que escribió el femicida

La llamada al número de emergencias 911 ingresó a las 6.50. El hijo de la víctima dijo su hermana lo despertó para avisarle que su padre había matado a su madre. El arma homicida fue un cuchillo metálico con el mango plástico blanco, lo que se conoce como “cuchillo de carnicero”.

Tras el ataque, Verón se quiso matar. Se hizo un corte en el cuello. Después escapó de la escena crimen. Pero no fue muy lejos, personal de la Policía de la Ciudad lo detuvo a unos 200 metros, herido de gravedad. Continúa internado en terapia intensiva.

Antes del mortal ataque, la mujer había pasado por situaciones de violencia de género. El sindicado femicida había sido condenado a seis años de prisión en suspenso por el delito de lesiones leves. La pena había sido impuesta en 2018 por el Juzgado Correccional N°2 de La Matanza.

La agresión había ocurrido en 2017 cuando Verón agarró a Calvo “con fuerza del cuello hasta hacerla desvanecer, provocándole excoriaciones esa región”. Nueve años después de esa condena se registró el femicidio.

La Policía de la Ciudad trabaja en la escena del crimen

Cuatro días antes del femicidio, Verón escribió una carta dirigida a sus hijos Parecía un anuncio de que se iba a quitar la vida.

“Quiero decir lo que siento. Estoy muy cansado de esta injusticia que estoy pasando. Trabajé tanto por ella y mis hijos. No la aguanto más”, escribió

En una parte de la carta el homicida sostuvo, en referencia a la víctima: “Siempre me recagó con todo”. El agresor también dijo: “Me quiere fuera de la casa. La gente no sabe lo que yo trabajé por todos”. Verón también hizo referencia a una serie de deudas “que ella generó y se están pagando un poco”.

También nombró a Pitty. Era una referencia a Verónica Asad, más conocida como Pitty la numeróloga, que tenía una relación comercial con Calvo. La víctima tenía una franquicia de uno de sus locales de venta de esencias y velas.

“Esa Pitty le cambió toda su personalidad”, escribió el femicida.

El viernes pasado, Pitty despidió a la víctima en su perfil de Instagram, donde publicó una fotografía en la que están juntas.

“Recién hoy pude encontrar esta foto. Porque, además de trabajadora, siempre fuiste respetuosa y muy amorosa. Esta vez no hablo de mi trabajo. Hablo como mujer”, escribió Asad.

Y continuó: “Romina, una mujer que trabajaba conmigo, fue víctima de un femicidio. Su vida fue arrebatada por quien decía quererla. Y detrás de cada femicidio hay una historia, una familia, hijos, amigos y compañeros que quedamos preguntándonos qué más podríamos haber hecho. Por eso quiero usar mi voz para decir algo que puede parecer simple, pero puede salvar una vida: si tenés miedo, pedí ayuda; si te controla, no es amor; si te amenaza, no es amor, y si te humilla, te aísla o te hace sentir que no podés escapar, no es amor”.

También afirmó: “Y quienes estamos alrededor, no miremos para otro lado. No desviemos la mirada de lo verdaderamente trágico de este final: que una mujer haya sido asesinada delante de su hija. Muchas mujeres tienen miedo o vergüenza de contar lo que viven. Muchas son manipuladas hasta creer que ellas mismas tienen la culpa. Por eso es tan importante escuchar, acompañar y estar atentos. Hoy levanto la voz por Romi, por esta historia que me atravesó el corazón y por todas las mujeres que ya no pueden hacerlo. Y especialmente por vos, que estás leyendo esto en silencio y sentís que estas palabras te representan: no te dejes para después. Pedí ayuda. Puede ser el comienzo de tu libertad. Y a vos, Romi, me cuesta aceptar que una mujer con tanta vida haya tenido que ser arrebatada de esta manera”.

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