El tartamudeo de la historia. Ese título enigmático llevará la muestra retrospectiva de Thomas Demand, que desde el 22 de agosto, en Fundación Proa, expondrá más de cincuenta fotografías a gran escala, videos y wallpapers. Se trata de un recorrido por la obra de este escultor y artista conceptual alemán, de reconocimiento internacional. La exhibición, al cuidado de Douglas Fogle, llega a las salas de La Boca tras haber pasado por el Jeu de Paume en París y por el Museo de Bellas Artes de Houston, entre otras instituciones. Pero en cada sitio, despliega un sello diferente.
El proceso de trabajo de Demand consiste en tomar imágenes de los medios de comunicación o de archivos históricos y reconstruir esos escenarios en tamaño real usando únicamente papel y cartón. Luego, fotografía las maquetas tridimensionales y las destruye. De esa manera, la foto final es el único registro que sobrevive.

“Hoy, con las redes sociales, donde constantemente miramos cosas y las compartimos en todo el mundo, nuestras vidas están siendo moldeadas por el contenido de otras personas, principalmente por imágenes y ya no tanto por textos”, decía a LA NACION hace algunas semanas, en una visita a Buenos Aires previa a la inauguración de esta semana. “Creo que si el arte tiene un rol, ese es el de ayudarnos a tomar distancia de nuestra realidad cotidiana –añadía–. Nos permite detenernos, observar y reflexionar. Como una buena novela que, al terminarla, nos hace pensar el mundo de una manera diferente. Espero que el arte visual también pueda ofrecernos una nueva perspectiva sobre el mundo y sobre nuestra propia experiencia. Por eso pienso especialmente en las fotografías que todos compartimos y en cómo las imágenes median nuestra relación con la realidad. Junto con esas imágenes también se construye la memoria”.
Demand cuenta que intenta fotografiar la imagen interior más que la del exterior. El tartamudeo de la historia radica en esa brecha entre el mundo que habitamos y el mundo recreado en papel y cartón. Su obra se comprende a partir del diálogo constante entre la realidad histórica, las imágenes fotográficas que los medios producen de ella y las reconstrucciones escultóricas. Al volver a convertir esas recreaciones en imágenes de gran formato, Demand las reinserta en el mundo, generando un circuito continuo entre realidad, representación y memoria. “Mis fotografías intentan construir la imagen de la memoria más que la imagen de la realidad. La realidad ya está ahí afuera, no necesito hacer nada con ella”, apunta.
Completamente desprovista de presencia humana, Room (1994) recuerda el fallido atentado contra Hitler. Cuando la realizó, atravesó una experiencia reveladora: “El fallido atentado contra Hitler lo veíamos en los libros de texto una vez al año para demostrar que como nuevo ciudadano uno debe asegurarse de que eso nunca vuelva a ocurrir”. Continúa: “Fui a Goldsmiths y me di cuenta de que todo lo que había aprendido en Düsseldorf no era el lenguaje del arte, sino que era el dialecto de Alemania Occidental del lenguaje del arte. Todos deberíamos saber cómo sucedió, cómo los nazis llegaron al poder. Durante mucho tiempo, los abuelos decían: ‘No podíamos hacer nada’. Pero eso no es cierto. Siempre se puede hacer algo: se puede resistir y, de hecho, hubo resistencia”.
Las animaciones cinematográficas han sido una parte importante de la práctica de Demand desde la recreación del túnel en el que murió la princesa Diana en su obra Tunnel (1999). Luego, Demand creó su obra maestra de animación stop motion con su película Pacific Sun (2012), en la que recreó minuciosamente un video de YouTube del interior de un crucero experimentando una turbulencia extrema. Le tomó tres años de trabajo y se exhibirá también en la muestra en Proa. “Ves que todo está volando por los aires. En este caso, la cámara se había fijado al barco, así que no se movía. Todo lo que se mueve es lo que es móvil: las sillas, todo, los vasos, los armarios…”, enumera los elementos de ese gran desafío artístico que en algún momento pensó como un ballet de objetos, una coreografía extremadamente compleja. Todas las piezas de la instalación estaban catalogadas. Se sabía exactamente cómo caería cada mínimo material, cómo chocaría con los otros. “Pensé que había cierta arrogancia en ello, como si intentaras imitar a la naturaleza. Pensé que iba a hacer una réplica de ese incidente lo más fiel que se pudiera”, afirma.
Demand no suele incluir personajes en sus escenas, la presencia humana se evidencia por sus vestigios. “Lo que a mí me interesa es mostrar espacios como lugares para el pensamiento. Cuando mirás una imagen con gente, rara vez te imaginás a vos mismo dentro de ella. En cambio, cuando ves un espacio vacío podés proyectarte allí”.
El tartamudeo de la historia se centrará en cuatro áreas de la obra de Demand: historias inquietantes, el impulso arquitectónico, los misterios de la vida cotidiana e imágenes en movimiento.
Durante la entrevista, el artista también reflexiona sobre las imágenes generadas con inteligencia artificial. “Cada vez circulan más, la cantidad no deja de crecer. Hay cosas que ya son tan absurdas, tan grotescas, que siento que no puedo añadir nada a eso. Pienso en la vergüenza, en la grosería, en la forma en que muchas personas intentan imponer sus opiniones a los demás. Toda la iconografía de MAGA (Make America Great Again) es tan abrumadora que, como artista, no tengo nada que decir al respecto. Lo mismo ocurre con ciertas catástrofes”.
Asimismo, se refiere a ciertas imágenes de la guerra: “Es como si los iPhones y las cámaras de este mundo crearan una imagen hermosa a partir del horror absoluto. Por eso, como artista hay que tener cuidado con la belleza del impacto, con cómo procesar eso y cómo relacionarse con ello”. Y cierra: “Tengo la sensación de que la producción de imágenes está un poco amenazada. En este momento hay demasiadas imágenes. Por eso, las cosas en las que trabajo buscan apartarse de este ritmo vertiginoso, de este bombardeo constante que recibimos todos los días. Necesito ir más despacio. Mucho más despacio para pensar y descubrir qué es lo que realmente permanece”.
Para agendar
El tartamudeo de la historia. Desde el 22 de agosto, en Fundación PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929. De miércoles a domingo, de 12 a 19. Entradas, $6000; miércoles, gratis; estudiantes, docentes y jubilados, $4000; menores de 12 años, sin cargo.


