São Paulo siempre fue una ciudad para comer bien, pero en los últimos años su escena gastronómica parece haber entrado en una etapa de madurez más interesante que el simple recuento de aperturas. La capital paulista ya no se explica solo por sus grandes casas de autor, por la fuerza de sus comunidades inmigrantes o por el lujo de sus menús degustación. Hoy conviven, en pocos kilómetros, cocinas latinoamericanas con identidad propia, barras asiáticas de fuego alto, mesas japonesas que miran a la tradición sin quedar detenidas en ella y casas brasileñas que revisan el recetario familiar con técnica contemporánea.

Para un lector local, esa amplitud puede ser una ventaja y también un problema: São Paulo no se deja ordenar con facilidad. Hay que entender sus barrios, sus distancias y sus ritmos. Jardins, Pinheiros, Cerqueira César, Vila Buarque o la Avenida Paulista no son solo direcciones: son escenas distintas. La Guía Michelin Rio de Janeiro & São Paulo 2026 confirmó este momento de expansión, con dos restaurantes paulistas en la cima de las tres estrellas –Tuju y Evvai–, pero también con una zona media muy viva, donde los Bib Gourmand y los recomendados muestran que la conversación ya no pasa únicamente por la alta gastronomía.
Este quinteto no pretende definir “los cinco mejores” restaurantes de la ciudad. Propone, más bien, cinco entradas posibles a la São Paulo actual.
Ping Yang Thai Bar & Food
Barra tailandesa con peso propio
Ping Yang representa una São Paulo más reciente: pequeña, intensa, nocturna, con carta breve y una identidad definida desde el primer plato. Abrió en marzo de 2023, en Jardim Paulista, y en poco tiempo se instaló como referencia de cocina tailandesa en la ciudad. En abril de 2026 entró al Bib Gourmand de Michelin, la categoría que reconoce buena relación entre calidad y precio, y ya figuraba desde 2025 entre los 50 Best Discovery. El dato importa porque es el único restaurante dedicado a la cocina tailandesa señalado por esas dos plataformas en América del Sur.

Al frente está Maurício Santi, cocinero formado en el Senac Águas de São Pedro, con más de 20 años de investigación sobre la cultura gastronómica tailandesa y siete años de experiencia directa en el país. Pasó por cocinas en Hawai, Miami, Nueva York, São Paulo, Londres y Sydney; en 2009 llegó a Tailandia y trabajó en Nahm, con David Thompson. Luego recorrió provincias, productores y cocinas locales hasta volver a Brasil en 2017, donde empezó con cenas privadas bajo el nombre Ma Kin y, durante la pandemia, con un delivery de curries.

La carta está organizada en secciones tailandesas –Chim, Yam, Tao, Ping y Yang, Wok y Kanom Wan– y está pensada para compartir, sin una secuencia rígida. Entre las preparaciones del nuevo menú aparecen el Gai Baan Yang, galeto marinado durante 12 horas, cocido a baja temperatura y terminado a la brasa, con nahm jim jaew, arroz tostado, arroz glutinoso, hierbas frescas y pepino; el Miang Kham, presentado como “Tailandia en una mordida”, con caramelo de azúcar de palma, tamarindo, salsa de pescado, lima, chile, jengibre, pasta de camarón fermentado, maní, coco tostado y hoja de chaplu; y el Gaeng Deng Ped, curry rojo de pato con leche de coco y especias.
Rua Doutor Melo Alves, 767, Jardim Paulista. +55 11 3086-3785 +55 11 91762-6008. De lunes a jueves de 19 a 23; viernes de 19 a 23.45; sábado de 13 a 17 y de 19 a 23.45; domingo de 13 a 17. @pingyangsp
Metzi
Diálogo mexicano-brasileño en Pinheiros
En Pinheiros, uno de los barrios donde la escena gastronómica paulista se volvió más dinámica, Metzi es una de las mesas que mejor muestran cómo se puede absorber una cocina extranjera sin convertirla en decorado. Conducido por Luana Sabino y Eduardo Ortiz (ella, paulista; él, oaxaqueño), ambos se conocieron trabajando en Cosme, en Nueva York, y desde 2020 investigan la cocina mexicana desde Brasil, con ingredientes locales, productores brasileños y una atención sostenida a procesos artesanales que incluyen tortillas, moles, fermentos y salsas. La novedad de 2026 es el menú degustación “Entre Territorios”, que explicita algo que Metzi ya venía haciendo: tender puentes entre biomas, recetas y prácticas alimentarias de México y Brasil. La idea no es “fusionar” sino poner en diálogo Oaxaca con el Cerrado, Nayarit con la Amazonia, Sonora con la pampa gaúcha. En esa línea aparecen platos como el pitú de aguas dulces de la Amazonia y el Pantanal, apenas grillado, con chilpachole y chochoyotas; o el pescado zarandeado, confitado con glace de tucupi negro, puré de pimenta cambuci ahumada y hoja santa, pensado para “taquear” y comer con las manos.

El menú también permite ubicar mejor el tipo de cocina que propone la casa. Hay ingredientes como maíz, urucum, caju, cacao, miel de abeja nativa, hoja santa y hasta hormiga tanajura, pero usados con una lógica de equilibrio más que de exotismo. Entre los pasos iniciales figuran un salbute de Yucatán con siki pak, caju nixtamalizado y vinagreta de urucum, y un aguachile con salsa XO, aceites de chile y mastruz, y pescados del Atlántico. La propia cocina define tres pilares –acidez, picancia y tatemado, ese tostado intenso, casi quemado, pero técnico– que ayudan a entender por qué Metzi no se limita al repertorio mexicano más conocido.

En este sentido, no ofrece una cocina brasileña directa ni una mexicana convencional, sino una lectura latinoamericana desde São Paulo: técnica, investigación, maíz, chiles, productos brasileños, memoria oaxaqueña y una sala de escala humana. El menú degustación cuesta R$ 600; la armonización, R$ 380.
Rua João Moura 861. +55 11 97087-4819. De martes a jueves de 19 a 23; viernes y sábado de 12 a 15 y de 19 a 23; domingo y lunes cerrado. @metzirestaurant
Dalva e Dito
El plan B de Alex Atala
Dalva e Dito ocupa otro lugar en este recorrido. No es una novedad ni necesita parecerlo: abrió en 2009 bajo la firma de Alex Atala, a pocos pasos del universo más sofisticado de D.O.M., pero con una intención distinta. Su tema aquí no es la alta cocina de ocasión especial, sino la cocina brasileña de mesa: recetas reconocibles, memoria familiar, ingredientes locales y una puesta más pulida que la de un restaurante popular, sin perder el registro afectivo. Hasta el nombre tiene esa intención: une la Estrela D’Alva –el primer punto de luz que aparece cuando anochece– con São Benedito, patrono de los cocineros.


La casa suma ahora un dato de vigencia: bajo la supervisión de Atala y de Geovane Carneiro, su brazo derecho en D.O.M., la cocina está comandada por un equipo diverso integrado por Marcelo Augusto Barbosa, de Ouro Preto; Claudir Groin, de Puerto Príncipe; Amanda Rinaldi, de Ribeirão Preto; y Lyssa Moreira, de Natal, al frente de eventos. Esa mezcla ayuda a explicar el tono actual del restaurante: una cocina brasileña que no se limita a una región ni a una postal turística. En la carta aparecen moqueca baiana, mandioca frita, caldinho de feijão, macarrão de forno, bife à parmegiana y pudim. Entre los clásicos se mantienen el “rubacão”, versión del baião-de-dois nordestino con mandioca frita y queijo coalho y el aligot con filé mignon. También hay una dimensión muy de almuerzo paulista: el PF, el “prato feito”, aparece en los especiales de la semana –“virado à paulista” los lunes, arroz de galinhada con quiabo los martes, bife à cavalo los miércoles, estrogonofe los jueves y moqueca con arroz y pirão los Viernes–, y el menú ejecutivo trabaja sobre una idea elemental de Brasil: arroz, feijão preto, farofa, couve y una proteína a elección. En los postres, se destaca el suspiro con frutilla, terminado en la mesa con aceite de albahaca y flor de sal; la floresta amazônica, con puxuri y cacao de Combu; y el cartola, de raíz pernambucana, con banana, queso y dulce de leche. Para un argentino, Dalva e Dito funciona como una puerta amable y bastante completa a la cocina brasileña cotidiana, pero con técnica, ambiente y relato.
Rua Padre João Manuel, 1115, Cerqueira César. +55 11 3068-4444. De lunes a sábado de 12 a 15 y de 19 a 23; domingo de 12 a 16. @dalvaedito
Cora
Rooftop en pleno centro
Cora tiene algo que, para un visitante, funciona casi como una escena de llegada a São Paulo. No está en la postal más evidente ni en una calle de paseo turístico cómodo: hay que buscarlo en el sexto piso de un edificio histórico reciclado de Vila Buarque, frente al Minhocão, esa autopista elevada que divide opiniones y paisajes urbanos. Al salir del ascensor, el contraste es inmediato: una terraza abierta, cocina visible, mesas buscadas y la ciudad apareciendo desde un ángulo menos obvio. Parte de su atractivo está justamente ahí, en convertir un punto del centro, duro, real, nada maquillado, en destino gastronómico.

El chef aquí es Pablo Inca, argentino nacido en Jujuy, que conoció a Rolo Scarpetti en La Comarca, uno de los primeros hoteles boutique de Purmamarca. Él lo impulsó a viajar a São Paulo donde los caminos lo cruzaron con Paola Carosella, la chef argentina de Arturito conductora de MasterChef Brasil. En 2016, creó con ella las empandas de La Guapa, después viajó luego a Londres, y regresó para armar Cora, pero justo los interrumpió la pandemia. El restaurante, creado junto con Rafael Capobianco y Dany Simon, abrió en 2021 y consolidó una cocina de producto, estacional, con referencias latinoamericanas y técnicas más bien directas. La carta cambia con frecuencia, pero hay referencias estables: corazón de pato con couve-flor y cebollas tostadas; tortilla de calamar; atún con coalhada y tomates crocantes; quiabo con pasta de castaña y zaatar; y coliflor asada con calabaza y garbanzos. También aparece como una marca de la casa el uso de frutas de estación –higo, caqui, melón, manzana verde, granada, uvas o frutillas– y de quesos como Tulha, coalhada, burrata, mascarpone y mozzarella de búfala. En bebidas, la carta de coctelería trabaja clásicos y tragos de autor, con opciones sin alcohol.

Cora es una buena primera comida para quien quiera entender la São Paulo que recupera edificios, vuelve al centro y arma escenas allí donde antes nadie se hubiera animado. No es un restaurante para buscar mantel largo ni ceremonia, sino para mirar la ciudad desde arriba, pedir varias cosas y dejar que la cocina marque el pulso de la noche. Conviene reservar y, si es posible, llegar con luz para aprovechar la terraza.
Rua Amaral Gurgel, 344, 6º andar, Vila Buarque/República. +55 11 3231-4561. De martes a jueves de 19 a 23; viernes de 12 a 15 y de 19 a 23; sábado de 12 a 16 y de 19 a 23; domingo de 12 a 17; lunes cerrado. @cora.sp
Aizomê
Nueva lectura de la cocina japonesa
Es sabido que São Paulo tiene una de las comunidades japonesas más importantes fuera de Japón, pero eso no significa que toda su cocina japonesa responda al mismo molde. El trabajo de Telma Shimizu se ubica en un lugar más delicado: parte de la tradición, la estudia, la respeta y la vuelve contemporánea. El nombre ayuda a entender la propuesta. “Aizomê” es una técnica milenaria de teñido de tejidos con índigo o añil, asociada al tiempo, la naturaleza y la destreza del artesano. La imagen se traslada bien a la cocina: paciencia, precisión, estacionalidad y una belleza contenida.

En la mirada de Shimizu pesan conceptos japoneses que vale la pena conocer. Omotenashi es la cultura de la hospitalidad, una forma de recibir que no se agota en el servicio correcto. Ofukuro no aji remite al sabor de la comida de madre, o de la cocina casera. Mottainai expresa el pesar ante el desperdicio y empuja hacia un uso más consciente de los recursos. Moritsuke es el arte de disponer la comida para que la presentación sea parte del sabor. Esos conceptos no funcionan como ornamento: ordenan la experiencia de Aizomê, desde la elección de ingredientes hasta la vajilla y el ritmo de la comida.
La casa original está en Jardins, más reservada y silenciosa, pero para un viajero resulta especialmente práctica la unidad de Japan House São Paulo, sobre la Avenida Paulista (ver nota principal). La experiencia se completa con el Aizomê Café, inspirado en los kissaten, las cafeterías japonesas tradicionales que ayudaron a formar una cultura propia alrededor del café, el filtrado y la pastelería. Ese dato no es menor: muestra que Shimizu no trabaja la cocina japonesa como una pieza de museo, sino como una cultura viva, capaz de dialogar con el café, la repostería y los hábitos urbanos de São Paulo. Su propio recorrido también agrega sentido: en un universo que durante mucho tiempo reservó la cocina japonesa profesional a los hombres, Telma Shimizu se convirtió en una referente, respetada por la crítica y por la comunidad japonesa local.

Aizomê no es una recomendación para quien busca una barra de sushi rápida ni el restaurante más ruidoso de la noche paulista. Funciona como una pausa de mediodía. Shimizu tiene prevista para octubre la apertura del tercer Aizomê en Saúde, el barrio en el que ella vive.
Av. Paulista, 52, 2º andar, Bela Vista. +55 11 91296-4199. Martes a domingo de 11.30 a 16.30; lunes cerrado. @aizomerestaurante


