ZANDVOORT AAN ZEE, Países Bajos (especial para LA NACION).– En esa chomba, el chaleco holgado y demás ropa cotidiana habita una leyenda. Mark Sutton no tiene aspecto de celebridad, pero es el número 1 mundial en lo suyo. Y lo suyo es el ámbito de un arte: la fotografía. Este inglés de 61 años es una suerte de mito viviente en la Fórmula 1, una categoría que él cubre desde hace 42. Tanto tiempo que en este fin de semana, el de Países Bajos, cumple 650 grandes premios. Seiscientos cincuenta. El máximo campeonato del automovilismo cuenta 1161 en sus 76 años de existencia. Y Mark presenció más carreras (casi 56%) que las que no lo tuvieron a un costado de la pista en la historia.
Pero no solamente la cantidad hace al hombre-récord: la calidad distingue a tal punto a Sutton que lo hace reconocido en el ambiente de la F. 1 y en el de la fotografía en general. Sutton Images fue referencia de fotos de automovilismo por mucho tiempo y fue casi pionera en internet, con un sitio lanzado en el temprano 1996; hoy está dentro de Getty Images, la agencia de fotografía más extendida y prestigiosa del mundo. Y Mark, que no por sexagenario y leyenda deja de llevar a cuestas su pesada cámara temprano en cada jornada a alguna prometedora curva de un autódromo, tocó su ideal profesional: trabaja para la propia Fórmula 1, una afición suya desde pequeño, y para Getty, el Everest de su profesión. Une pasión con trabajo. Será por eso que le sobran ganas cuando muchos otros, a esa altura, piensan en algo menos esforzado y estresante, y hasta en el retiro.

Con más de cuatro décadas de F. 1, de las cuales los últimos 34 años fueron de cobertura consecutiva, vio de todo. La muerte de Ayrton Senna (“el recuerdo más asombroso para mí fue cuando todos los tifosi aplaudieron. Y eso siempre estará en mi mente: que ellos apreciaron lo que hizo para el deporte”), la del casi olvidado Roland Ratzenberger, los últimos grandes premios en Argentina, celebridades como Lionel Messi y Kim Kardashian, definiciones de campeonato vibrantes… Lo único que no vio, al menos bien, fue algo espectacular que vivió la Fórmula 1 en esos 34 años. Justo lo que para algunos fue el desenlace de temporada más atrapante de todos los tiempos: Lewis Hamilton vs. Max Verstappen 2021. Sutton estaba ahí, claro. Pero a medias…
“Estaba en un helicóptero, créase o no. Toda la carrera, porque estaba trabajando para el gobierno de Abu Dhabi. Entonces no supe qué estaba pasando hasta que aterricé”, recuerda. Lo que había pasado era que el piloto inglés tenía en el bolsillo la corona pero a pocas vueltas del final apareció el auto de seguridad, Mercedes se equivocó al no cambiarle los neumáticos en la neutralización, el neerlandés aprovechó y lo superó en el último giro para lograr su primer título de campeón. Todo eso se perdió el fotógrafo estelar de la categoría. “No sabía y tuve que preguntar. La gente me miraba y me decía «¿de qué estás hablando? ¿No viste lo que pasó?». Era el único que no sabía, sí”, sonríe hoy.
Celebridad en su pago entre celebridades mundiales, Sutton se complace de haber interactuado en los autódromos con muchos famosos, importantes para la F. 1. De los usualmente 15 fotógrafos que Getty tiene en los grandes premios (pueden ser hasta 30), varios no sacan una sola placa de los coches en la pista: están en el paddock para retratar a figuras del espectáculo y otros deportes. Mark se maneja más en el circuito, pero no deja de andar por esa pasarela de estrellas y tratar con ellas. Se dio el gustazo de conocer a Messi en el último GP de Miami, cuando Adidas llevó al rosarino al box de Mercedes; hizo correr en autos de Lego a otro crack del deporte, el ex fondista y campeón olímpico y mundial sir Mo Farah; fotografió a Kardashian en Mónaco; se divirtió con las ocurrencias de Jack Black en Japón, donde el comediante y músico internacionalmente conocido descontracturó desopilantemente las preparaciones de Ferrari y Mercedes para la carrera, acciones que Sutton fotografiaba mientras reía.

Y en eso de descontracturar cuenta a Franco Colapinto, “bastante divertido, un personaje muy agradable en la Fórmula 1”, al que ve mejor en 2026. “Está más relajado ahora que cuando empezó. Estaba tan nervioso… Tiene una gran personalidad. Él y Pierre [Gasly, su compañero en Alpine] se unen muy bien, y los compañeros de equipo no siempre se unen. Es genial verlos avanzar. Definitivamente Franco ha cambiado este año, tiene más carácter y más confianza. Se nota hasta en su conducción. Puede cometer errores raros, como el de Hungría, pero todos los cometen. Como Max en el mismo lugar”, exalta al chico de Pilar. Del que le gusta “su pasión”. Como la de Kimi Antonelli, que obedece a que “la mentalidad italiana es completamente diferente a las de otros países europeos”.
Inglés, Sutton posee vínculos con Argentina. En los años noventas trabajó para la revista de automovilismo Campeones, y cubrió los cuatro grandes premios que hubo en el autódromo Gálvez entre 1995 y 1998. ¿Se replicarán dentro de no mucho tiempo? “Espero que sí, un día. Sería genial. Buenos Aires es una ciudad hermosa, me encantó. Me encantó la carne. Y el vino, hermoso, el Malbec. Soy un fanático del vino tinto, como también de los bifes. Sería espectacular que volviera la Fórmula 1 ahí, porque extrañamos Argentina”, concede Mark con su simpático y claro acento británico. Tiene un fundamento para la esperanza: “Volvimos a México después de tantos años. Obviamente, por Sergio ‘Checo’ Pérez y la pasión de la gente mexicana. Y puedo ver lo mismo en Argentina; hay mucha gente de Argentina que viene a las carreras. Hubo muchos argentinos en Bélgica. Impresionante”.

Tiene fotos emblemáticas Mark Sutton, por supuesto. Él arma el archivo de la F. 1, en el que sobresalen algunas placas suyas, como Finlandés Volador (en alusión al “Escocés Volador”, Jim Clark, campeón de 1963 y 1965): Mika Häkkinen hace saltar a su McLaren sobre el asfalto de Adelaida en Australia 1993 como si fuera un auto de rally, cosa que el propio piloto no creyó hasta que vio impresa la imagen –que autografió–. También, Hoja de Arce, por el trofeo del Gran Premio de Canadá que sostiene en el podio Hamilton en una posición en la que el sol hace brillar la pieza al punto de hacerla parecer una luminaria artificial. Y una más terrenal y divertida, Panzazo: Daniel Ricciardo se tira a la pileta para festejar una victoria en nada menos que Mónaco, y exactamente horizontal como lo está en la imagen congelada, parece una embarcación que se abre paso en agua embravecida.

Hay talento y hay aprendizaje en esas placas. “Muchos fotógrafos que ven aquí y de otros deportes son autodidactos. Tienen los conocimientos básicos y aprenden en la práctica como si fueran a un colegio o una universidad: la sabiduría de la luz, la velocidad del interruptor, la exposición. Es cuestión de experimentar un poco. Eso es todo”. Lo dice con modestia; él mismo progresó así. Y le queda margen de mejora a la leyenda: “Honestamente, todavía estoy aprendiendo, incluso después de 40 años. Aún estoy experimentando”, insiste.

Todo comenzó cuando a los 18 años cubrió por primera vez una carrera de automovilismo, Oulton Park 1983, por la Fórmula Ford local. Aquello fue una batalla entre Senna y Martin Brundle, que serían contrincantes también en Fórmula 1. En rigor, la guerra deportiva entre el brasileño y el inglés duró todo aquel año, pero ahí, en Cheshire, cerca de Manchester, tuvo un capítulo ya inquietante. Mark solía ser colaborador de su hermano mayor, al que ayudaba con el revelado –la digitalización era por entonces ciencia ficción–, pero ese día debutó con la cámara, sin tener mucha idea. “Mi hermano me dijo «voy a hacer la primera curva; vos andá al fondo». Y yo no sabía a dónde iba ni qué estaba haciendo… Pero estuve ahí, en ese particular viraje al que llegaron los dos a la par, con Senna por dentro. Él aterrizó sobre el auto de Brundle, pasando muy, muy cerca de su casco. Y tengo también la imagen de los dos caminando al lado de los coches. Aún hoy en día uso ambas fotos, en blanco y negro”, evoca Sutton, cuyo hermano seguía la campaña del piloto paulista.

Un día este debía cubrir una carrera y no podía ocuparse de la primera práctica de la trayectoria de Senna con un auto de Fórmula 1. Entonces le pidió hacerlo a Mark, su asistente. Que fue, por supuesto. “Ensayó en un Toleman en Silverstone. En ese momento, eso no significaba nada; ahora significa un montón para mí y para el deporte. Yo nunca había sacado una foto de un auto de Fórmula 1, nunca; fue mi primera vez. Fui solo y realmente no sabía ni lo que estaba haciendo, a decir verdad. Pero miré revistas, miré las fotos de mi hermano, y aprendí de mucha gente”, rememora el hoy Sutton más famoso. Senna fue especial para él, pero su ídolo de adolescencia fue otro brasileño: Emerson Fittipaldi.

Eran épocas en las que Mark concurría a la Fórmula 1 como espectador, pero ya queriendo “estar del otro lado de la reja”. Era muy factible que terminara así: su papá era aficionado a las carreras y a la fotografía y lo llevaba a los autódromos. Hay una imagen enternecedora de Mark a sus dos años, en la que toma como con expresión como de susto una rueda del Honda RA273 de John Surtees, en ocasión del GP de Gran Bretaña de 1967. El virus del automovilismo ya le había sido transferido.

“Diría a quien quisiera ser fotógrafo de motociclismo o de Fórmula 1 que debe tener la pasión, amar el deporte. Cualquier deporte, en realidad; no importa el que sea. Hay que amar lo que uno hace. Que no solo sea un trabajo. Y a mí me encanta mi trabajo, me encanta mi deporte. Roba un tiempo largo de familia, pero mi hijo, James Sutton, también está en esto, filmando en Fórmula 2. Sigue el mismo camino y estoy muy orgulloso de él”, aconseja, con la autoridad de su prestigiosa carrera.

“Sí, es una carrera increíble. Soy muy privilegiado. He tenido una carrera larga, y aun así, tengo una pasión enorme”, celebra. Y habrá más: “Creo que eventualmente tendré que apagar mis cámaras en algún momento. Y disfrutar una vida fuera de ella. Creo; no sé. Pero todavía la disfruto ahora”. Como el gran Mark Sutton sigue aprendiendo, queda la esperanza de que la mejor foto esté por venir. Y eso es mucho decir en su caso.



