A punto de largarse la 42ª Maratón Internacional de Buenos Aires, el nombre de la prueba hace honor al contar con corredores de 63 países, pero esconde un secreto a voces: la invasión verdeamarela. Ya en los días previos se los puede ver en las parrillas, comprando vino o recolectando dulce de leche. El sonido dulzón del portugués americano los delata. Y este domingo, desde las 7 de la mañana, 2769 corredores de brasileños representarán el 17% de una edición récord con 16.384 inscriptos. Sólo Brasil casi iguala el total de representantes de los otros 61 países extranjeros. ¿Quiénes son, por qué vienen y cuál es el oculto motivo que esconde la invasión verdeamarela? Lo descubriremos en esta nota al trote.
Henrique Guelber es un abogado de 46 años y experimentado maratonista. Está listo para desafiar por séptima vez los 42 kilómetros, pero es su debut en Buenos Aires, y tiene claro por qué eligió la ciudad: “Es fácil: vino, carne y dulce de leche. Y de nuevo, vino, carne y dulce de leche”, no duda Henrique en sus preferencias. Y luego, sí, explica los motivos secundarios, deportivos: “Quería una prueba plana, en un clima agradable, para mejorar mi tiempo general. Y es esa la fama de la prueba. Esas características me trajeron a la ciudad junto a otros 8 amigos. También, la cercanía con Brasil ayuda mucho.”
La presencia brasileña, al igual que la carrera en general, marca un récord de corredores. Pero no es algo nuevo. La Maratón de Buenos Aires va por su cuarto año consecutivo superando su marca de inscriptos, y los de Brasil, que en 2025 fueron más de 2200, este año sumaron unos 500 más. Como comparación con los otros países más convocantes: de Chile vienen 499, de Colombia 468 y de Uruguay 455. ¿Qué otros motivos hay, que la barrera idiomática no logra contener?

“Elegí la maratón de Buenos Aires como mi primera maratón porque quería mucho representar a Brasil en otro país”, explica Dâmaris Marçal Pordeus, veterinaria de 35 años y aspirante a recibirse de maratonista. “Además de ser una prueba plana y bien organizada, esta es una ciudad linda que ya había visitado dos veces y me encanta volver”. Su visita va más allá de la carrera, tiene varios planes ocultos tras una fachada de corredora: “Me voy a quedar 10 días, voy a aprovechar para conocer y recorrer con calma muchas atracciones de la ciudad: museos, parques, restaurantes, fiestas, espectáculos… y pienso volver otras veces, porque no faltan cosas interesantes para hacer acá. Además de amar el idioma español”, y es cierto, se la oye fluida.
Entre los aficionados, Brasil envía dos representantes de peso: Andre Luiz Silva Antonio (40) y Marina Richwin (38). Andre fue 8° el año pasado, mientras que Marina viene de marcar 2h36m07s en diciembre en Valencia. A nivel internacional tendrán la legión africana, con kenianos y etíopes a la cabeza, pero también un ruandés de peso, como rivales cuasi imbatibles. Y a nivel local, Ignacio Erario y Chiara Mainetti (fueron los mejores argentinos en 2024) serán los candidatos a darles batalla.

Volviendo a los brasileños y sus motivos, Alexandre Jorio, ingeniero de 46 años, afirma que ya tiene asegurado el éxito: “Considerando el ciclo de entrenamientos durante meses previos que hicimos con mis compañeros, sólo el hecho de venir juntos ya ha sido una gran experiencia”. A esto le suma lo que destaca el resto, considerar a la maratón de Buenos Aires como la más rápida de Sudamérica, y entonces proyecta: “Con el clima bueno y todos bien, tengo grandes expectativas de que todos alcancen sus mejores marcas, posiblemente corriendo también juntos a lo largo de la prueba”.
Es probable que Alexandre pueda correr con sus compañeros porque la largada está bien organizada en diez tandas, separadas cada un minuto, ordenadas por ritmo de carrera. Lo que no es tan probable es que el clima acompañe. La temperatura prevista para la largada es de unos 16°C y se espera que la humedad sea de alrededor del 90%. Eso puede ser un gran condicionante en una prueba que, para la punta, lleva algo más de dos horas de esfuerzo, y para los últimos, puede llegar a cinco horas. A estos últimos los esperaría en la llegada unos 23°C, un clima que está lejos de ser lo ideal, que ronda entre los 6°C y los 15°C para una maratón. Al menos no se prevé viento y eso sí es una buena noticia.

Más allá de las expectativas del clima y los tiempos de carrera, Anne Monteiro, administrativa de 34 años que va por su tercera maratón, tiene otros objetivos: “Quiero terminar la maratón y disfrutar cada momento de esa experiencia. Vine a vivir la energía de Buenos Aires, sentir el clima de la prueba y, claro, disfrutar la maravillosa gastronomía argentina”. Anne tiene claro por qué eligió la ciudad: “Por la belleza, por el clima y, claro, por ser la tierra de mi entrenador”.

Es que tanto Anne, como Alexandre, Dâmaris y Henrique son entrenados por Ezequiel Morales, un triatleta profesional que nació en Lobos (Buenos Aires), pero emigró a Brasil hace más de dos décadas. Luego de una exitosa carrera como triatleta que lo llevó a ganar todo lo posible en Argentina, representar al país en dos Juegos Panamericanos y luego obtener en Brasil el Ironman de Florianópolis en el 2012 (entonces era la única prueba Ironman de Sudamérica), Morales se dedicó a entrenar alumnos. Y no le fue nada mal, hoy tiene más de 350 y dirige el grupo de entrenamiento más grande de Niterói, una ciudad de casi 500.000 habitantes frente a Río de Janeiro.
Principalmente corredores y triatletas, Morales llegó con quince alumnos de Brasil y sumó cinco más de Argentina. Ezequiel, a quien apodaron Ezk en Brasil, destaca que más allá de la carrera, para el brasileño, Buenos Aires es un destino turístico muy apetecible. Opina que para ellos, la ciudad está a la altura de las urbes europeas, pero a solo dos horas de avión, por eso es muy común que vengan, aunque sea por pocos días, a recorrerla. Y ya acá se reparten entre los shows de tango, las canchas de fútbol, Palermo, el Rosedal, pero principalmente comen carne y toman vino.
“Se sorprenden de lo barato que son ambos productos para la calidad que tienen -explica Morales-. Una alumna nos pasaba hoy los precios del pan y del vino, mostrando que un pan lactal sale lo mismo que una botella de vino, y se reía: acá es muy fácil estar hidratado”. Cuenta que para correr suelen venir cuatro o cinco días, y en el caso de su grupo, sumaron once acompañantes más al viaje. Ya sobre la carrera en sí, confiesa que como entrenador, se las hace entrenar distinto que otras carreras en Brasil.

“Acá es una carrera donde el objetivo de tiempo está más presente”, explica el profesor de educación física y entrenador nacional de atletismo, “por eso los entrenamientos están más enfocados en el ritmo de carrera. No se trata solo de llegar, sino de aprovechar el circuito rápido para lograr una buena marca personal”.
“Más allá de la velocidad, mis alumnos también destacan los puntos turísticos del recorrido, todo lo que visitan en el circuito”, agrega Morales, haciendo referencia a sitio como: las canchas de River y Boca, el Hipódromo, el Rosedal, Recoleta, la avenida Corrientes, el Teatro Colón, el Obelisco, Cabildo, Plaza de Mayo, la Casa Rosada, la Facultad de Derecho, la Floralis Genérica y el Planetario.

También marca que si bien la inscripción, en comparación con las carreras brasileñas, cuesta casi el doble (Buenos Aires tiene un valor de 120 dólares para los extranjeros), la medalla de la media maratón (en dos partes unidas por imantación) “es de las más lindas que he visto”, y lo dice un entrenador y atleta con miles de carreras en su haber. Como comparativa, las “Majors”, las seis maratones más importantes del mundo, tienen inscripciones que van de los 220 a los 330 dólares.
¿Cuál es el motivo real para que los brasileños invadan la Maratón de Buenos Aires? Habrá unos 2769 motivos personales, pero entre los récords deportivos, los paseos turísticos y los sonidos del bandoneón, queda claro que además de medallas, la invasión verdeamarela busca llevarse dulce de leche y buen vino como para seguir saboreando a Argentina ya de vuelta en Brasil.


