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La nueva travesía que une dos paraísos naturales entre humedales, yacarés y cientos de aves

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El café de la mañana todavía entibia las manos cuando el motor de una camioneta anuncia que es hora de salir. Estamos en Formosa capital. Llegamos el día anterior, con el tiempo perfecto para descubrir la ciudad: caminamos por la costanera del río Paraguay, disfrutamos el verde encendido de sus plazas y nos dejamos contagiar por esa hospitalidad litoraleña que te hace sentir bienvenido al primer “buen día”. Pero ahora el plan de viaje es otro. Vamos a unir el Bañado La Estrella con el PN El Impenetrable, del otro lado del Bermejo, dos grandes áreas protegidas muy próximas, pero que hasta ahora no podían combinarse porque no había prestadores que cruzaran el río.

Jabirús en el Bañado la Estrella, Formosa

Puntual, a la hora señalada, nos pasa a buscar Adrián Subeldía de Che Roga, una agencia local especializada en naturaleza que impulsa el turismo comunitario con la participación de los pobladores de la zona.

Consulto el clima: nubes, algo de sol y frío. Nos dirigimos a Las Lomitas, donde haremos base. El movimiento en la RN 11 se hace notar; es parte del corredor que comunica Formosa capital con Asunción. En el trayecto vemos escuelas y centros de salud con techos de color azul. “Todas estas construcciones las hizo Gildo”, dice, en referencia a Insfrán, el gobernador de Formosa que cursa su octavo mandato consecutivo desde 1995. El guía nos cuenta también que en la provincia conviven tres pueblos originarios: qom, wichí y pilagá. También explica que el aguará guazú, el mayor cánido de Sudamérica, habita la zona y es muy valioso para la biodiversidad. “Hay un tema de Los Tabaleros que habla de este animal”, dice Adrián y sintoniza la canción.

Apenas una hora más tarde, en una estación de servicio, el grupo se agranda. Se suma una segunda camioneta con cuatro pasajeros, otra guía y su chofer. Ya somos un verdadero equipo de expedición.

Los champales, bosques inundados de troncos secos y enredaderas, son una de las postales más fascinantes del Bañado La Estrella

El viaje por la RN 81 hacia Las Lomitas es una metamorfosis visual. Atrás dejamos el paisaje dominado por el verde vibrante y los palmares; el monte se cierra en una transición de tonos verde oliva y grisáceos y todo se vuelve más árido.

Llegamos a Las Lomitas, una localidad tranquila que mantiene la esencia del interior formoseño. Vamos directo al Hotel Eva, donde haremos base. Lo lindo de estos viajes es encontrarse con historias locales, y la de Eva Padilla es una de ellas. Nacida y criada en Las Lomitas, la mujer tuvo una boutique antes de abrir las puertas de su propio hotel. Hoy es ella misma quien te da la bienvenida y se despierta temprano para prepararte el desayuno. Con esa calidez norteña, salimos a almorzar a un comedor local.

“A pocas cuadras de acá estuvo viviendo Menem”, dice Adrián, haciendo referencia al confinamiento del expresidente cuando llegó a Formosa en 1980 como preso político. Carlos Saúl Menem vivió unos seis meses en la casa de la familia Flores, donde hoy hay una placa que recuerda su paso por la ciudad.

Tatú hecha “bolita”

Un desvío con identidad

A 40 minutos de Las Lomitas, sobre la RP 28, se ubica El Vertedero, uno de los portales de acceso vehicular al Bañado La Estrella. El guía nos propone un desvío clave: ingresar a Campo del Cielo, donde habita una comunidad originaria pilagá. “Vamos a conocer a las mujeres artesanas”, dice Adrián, un convencido de que hay que tejer redes sólidas con los pobladores locales para que sean ellos mismos quienes muestren el verdadero valor de su tierra.

A través de la producción de piezas en carandillo, las artesanas han transformado este oficio tradicional en su medio de vida y en una base para sostener la economía familiar. Recorren el monte de la región en busca de las hojas de esta palmera, de las que extraen la fibra utilizada en la cestería. Las mujeres de la comunidad mantienen vivo el oficio y lo transmiten de generación en generación, aplicando técnicas ancestrales de tejido con notable destreza.

Julia Acosta es una de las mujeres de la comunidad pilagá que realiza cestería con la fibra del carandillo

Julia Acosta, mamá de siete hijos, es quien nos abre las puertas de su comunidad. Machete en mano, nos invita a recorrer un sendero por el monte. A cada paso, comparte con nosotros los conocimientos ancestrales sobre las plantas que utilizan para la cestería y la alimentación. En este recorrido me aproximo a una noción diferente de la autosuficiencia y comprendo cómo la naturaleza provee absolutamente todo si se la sabe escuchar. Julia nos muestra cómo cosechan el palmito de la palma caranday y, con una precisión que nos deja mudos, nos enseña el paso a paso para extraer del carandillo las fibras que después se transforman en cestería.

Durante el recorrido por el monte, Julia nos regala algo inolvidable: nos canta una canción en su lengua originaria que manifiesta la alegría que siente de tenernos allí. También nos lee un texto para mostrarnos la musicalidad, la cadencia y los caracteres especiales del pilagá. Los integrantes de la comunidad conservan con orgullo su lengua y aprenden español como segunda lengua en la escuela. Escucharla en el corazón del monte es un momento verdaderamente conmovedor.

Cestería de carandillo

La experiencia culmina en el museo comunitario donde las artesanas exhiben sus piezas. Por supuesto, no nos resistimos y compramos varios objetos para llevarnos un pedazo de su cultura a casa.

El Vertedero

Con la tarde cayendo y un cielo repleto de nubes, retomamos el rumbo hacia El Vertedero, uno de los portales del Bañado La Estrella, el de más fácil acceso. Se trata de una obra hidrovial construida en 2012 sobre la RP 28 para el manejo del agua mediante un sistema de compuertas. El espejo de agua con troncos secos me recordó enseguida a Epecuén, una postal tan bella como extraña. En sus ramas se posan cientos de biguás, aves que habitan en los humedales de Formosa.

El Vertedero, sobre la RP 28, es otro de los accesos al Bañado

Bajamos en el mirador y caminamos por el puente listos para avistar la flora y la fauna locales. Hasta este rincón llegan pescadores que se apuestan sobre el puente y a orillas del bañado, compartiendo el espacio con familias que hacen picnic, toman mates y acuden a ver cómo saltan los peces en el desnivel del agua que provocan las compuertas. Con el humedal a ambos lados de la ruta, vemos centenares de aves; la más llamativa es el jabirú, una cigüeña blanca que tiene la cabeza negra y el collar rojo. Con vista de lince, mi amiga hace hallazgos a distancia: un yacaré solitario posado sobre un tronco seco, buscando con insistencia el calor de un sol que se hace rogar.

Dicen que sentarse allí a esperar el atardecer es un espectáculo hipnótico: el sol se esconde sobre el espejo de agua mientras las aves autóctonas regalan un canto de despedida.

Al caer la noche, regresamos a Las Lomitas con el cuerpo cansado, pero el espíritu encendido. La cena es en Bien Campero, un bodegón familiar que sirve platos caseros de la gastronomía local.

Tres generaciones al frente de la pulpería Bien Campero

El Impenetrable

Llegar al río Bermejo por la RP 28 desde Las Lomitas es toda una aventura. Registro con la vista cómo el campo abierto se va desvaneciendo para dar paso a una vegetación cerrada y selvática. Son 55 km en los que el paisaje cambia bastante. Estamos camino al Parque Nacional El Impenetrable, en la provincia del Chaco. Es un territorio de 128.000 hectáreas que abraza la biodiversidad y donde organizaciones como Rewilding Argentina desarrollan proyectos de conservación y turismo de naturaleza junto a las comunidades locales.

Avanzar por este rincón formoseño es comprender que, aunque todavía no forme parte del Parque Nacional, comparte sus ambientes naturales, buena parte de su fauna y esa biodiversidad desbordante. El camino difícil, custodiado por árboles densos que parecen cerrarse sobre el vehículo, exige vehículos altos – preferentemente 4×4- y guías expertos que conozcan sus desafíos. “No se preocupen, que viajamos equipados”, dice Adrián, haciendo referencia al equipo que podría necesitarse ante cualquier imprevisto (cadenas para el barro, compresores y lingas). Al mismo tiempo, señala: “Ese es el itín, un árbol nativo de esta zona de Chaco y Formosa”, y explica: “Las hojas son muy particulares, parecen espinas. Su madera es considerada una de las más duras del mundo. Y acá también está el famoso palo borracho”.

Al llegar al límite interprovincial, el monte se abre y aparece el río Bermejo: ancho, misterioso, cargado de vida.

El río Bermejo marca la frontera natural entre Formosa y Chaco y funciona como puerta de entrada al parque nacional

Dejamos la camioneta y nos embarcamos en una lancha que nos lleva hasta el acceso más próximo a El Impenetrable. Navegar por el Bermejo es comprender la fragilidad y la fuerza de un ecosistema agreste. Nuestro destino es Puerto San Jorge, el desembarcadero rústico que oficia de portal hacia el Parque Nacional El Impenetrable. A pocos pasos se encuentra el Camping La Fidelidad, donde almorzamos. “Ya estamos en Chaco”, pienso entusiasmada.

Aquí se puede pasar la noche en carpa propia o en una de las que se alquilan en el lugar. Todas se arman sobre tarimas elevadas a medio metro del suelo, dispersas frente al río. Las de alquiler son de doble altura para que puedas ingresar y estar de pie con comodidad e incluyen catres y bolsas de dormir. Para ir al baño, hay que caminar hasta la zona del restaurante.

La Fidelidad es la puerta de entrada perfecta a la aventura: desde ahí mismo parten algunos senderos que se internan en el monte. Allí nos espera Héctor Argañaraz –guía de sitio y vecino del Paraje La Armonía– para emprender el recorrido por el Sendero de la Selva, un circuito con dos miradores sobre la barranca del Bermejo. Atravesamos un monte de gran porte lleno de especies como algarrobo, quebracho, palo santo y timbó. Es perfecto para interpretar la flora nativa y experimentar el río desde una imponente perspectiva aérea.

El camping La Fidelidad, en el PN El Impenetrable, cuenta con plataformas elevadas para montar las carpas.

El acompañamiento de Héctor y Adrián, guías locales certificados y profundos conocedores de cada rincón del parque, hace mucho más valiosa la travesía. Su presencia no solo nos brinda seguridad, sino que aporta una valiosa interpretación ambiental.

Luego exploramos el Sendero Riacho del Casco. Partimos del antiguo casco de la estancia La Fidelidad –hoy clausurado por riesgo de derrumbe– y nos internamos en el monte chaqueño. Recorrer a pie este lugar implica afinar el oído y la vista. El Impenetrable late con fuerza: en un abrir y cerrar de ojos pueden aparecer osos hormigueros, corzuelas, tapires, pecaríes, algún yacaré custodiando el agua y, con mucha suerte, el yaguareté, Monumento Natural Nacional. Para los amantes de las aves, el lugar es un verdadero santuario, con más de 350 especies registradas; con un poco de paciencia y silencio, el monte puede regalar el vuelo de un carpintero negro, un jabirú o un martín pescador cerca del riacho.

Un oso hormiguero (Myrmecophaga tridactyla) cruza un camino en el Parque Nacional El Impenetrable, uno de los mejores sitios para avistar a estos animales únicos. Su aspecto los hace inconfundibles un hocico alargado y tubular

Para coronar un día tan intenso, la recompensa llega al caer la tarde: nos sentamos a orillas del majestuoso río Bermejo a disfrutar de una merienda tranquila, contemplando el fluir del agua y escuchando los sonidos con los que el monte empieza a despedir el día.

Lejos del ruido

El plan era madrugar con la ilusión de vivir el amanecer embarcados, pero, como el pronóstico del tiempo no acompaña, disfrutamos del desayuno con calma y salimos para el Bañado La Estrella. Aunque una densa capa de nubes tapa el sol y modifica por completo la postal que esperábamos, la aventura ya está en marcha.

Para adentrarnos de lleno en la experiencia, manejamos cerca de una hora y media desde Las Lomitas. Tomamos la RP 32 y avanzamos unos 65 km con tramos de tierra y otros de ripio, perfectamente transitables en esta época del año, hasta llegar a Fortín Soledad, el pequeño paraje que sirve como portal de entrada para conocer el bañado embarcado. Allí nos espera Carlos Maldonado, uno de los guías que integran la cooperativa de trabajo y turismo local. Carlos creció aquí y conoce La Estrella como el patio de su casa; quizás por eso transmite un compromiso de cuidado y respeto tan profundo por este entorno.

Carlos Maldonado impulsa su canoa a botador por el Bañado La Estrella

Mientras nos preparamos para la aventura, nos cuenta que vive del turismo comunitario junto a su familia. “Esta es mi casa, ampliamos la cocina y el comedor para recibir a los turistas y darles de comer; también ofrezco hospedaje”, cuenta, en referencia a las cabañas que construyó a fuerza de trabajo.

Acá la hospitalidad es un asunto familiar. Carlos y su hijo mayor, Marcos, comandan las expediciones en las aguas del bañado, mientras que su esposa Susana se encarga de la cocina junto a otras mujeres que la asisten, asegurando a los viajeros un buen plato de comida tras la aventura.

“En estos últimos años ha crecido mucho el turismo acá, y por suerte el gobierno provincial comenzó a hacer obras”, apunta Carlos y enumera: “la planta de agua potable, el enripiado de la ruta que nos conecta con Las Lomitas (está a un 70%) y el bulevar que es nuestra calle principal, con baldosas y una rotonda en el acceso, además de las luminarias”. Un proceso de transformación que pone en valor a la zona.

Con más de 300 especies de aves registradas, el humedal es uno de los grandes santuarios de biodiversidad de la Argentina

Embarcados

El Bañado La Estrella es un gigantesco humedal. Su origen está ligado a las recurrentes crecidas del Pilcomayo y a la enorme carga de sedimentos que colmata su cauce y favorece sus desplazamientos: al desbordarse sobre las depresiones de la llanura formoseña, el río fue dando forma a este indómito espejo de agua.

Al llegar a la orilla, el murmullo del humedal nos da la bienvenida mientras nos distribuimos en las pequeñas embarcaciones de fibra de vidrio. En los asientos nos esperan unos lindos almohadones, un gran acierto de los guías, porque por delante tenemos más de tres horas de navegación. La canoa se abre paso entre pequeñas plantas flotantes. A medida que la costa va quedando atrás, el silencio humano es reemplazado por los sonidos vibrantes del humedal: el aleteo repentino de una garza o el llamado de un chajá a lo lejos. Pero lo que más impacta en esos primeros minutos es la imponente silueta de los champales, bosques inundados cuyos troncos secos, cubiertos de enredaderas, emergen del agua como esculturas. Esa imagen le da al entorno un aire de misterio y una belleza fantasmagórica que despierta fascinación.

En el Bañado La Estrella los árboles secos son cubiertos por enredaderas. Se conoce a ese ambiente como “champales”

Nos dejamos llevar por la sinfonía natural, en la que el clamor de los chajás se entrelaza con el revoloteo de biguás, jacanas, benteveos, garzas y llamativas espátulas rosadas. “Tenemos más de 300 especies de aves; y mamíferos muy pocos, carpinchos y lobitos de río”, dice Carlos mientras clava el botador en el fondo del agua para deslizar la embarcación.

El momento cumbre llega cuando el jabirú, el soberano indiscutido de estas aguas, despliega su monumental silueta en silencio. Su nido es una obra de arte: lo construyen en la parte superior de árboles o palmeras con ramas secas. De pronto, la vibrante sinfonía del humedal parece ponerse en pausa. “Shhhh…”, nos susurra Carlos con un gesto firme mientras nos pide absoluto silencio. Con movimientos milimétricos y expertos, comienza a arrimar el bote hacia la vegetación flotante. Allí, camuflado entre los camalotes, nos topamos cara a cara con un yacaré. El reptil permanece inmóvil, como una escultura de piedra prehistórica, observándonos.

Yacaré negro en los Esteros del Iberá.

Ya de regreso, el paisaje nos sorprende con una postal diferente y cruda: un sector copado por palmeras completamente secas. “Es el cementerio de palmeras”, desliza Carlos, y explica que muchas no resisten la inundación y mueren, pero quedan en pie.

Tras casi cuatro horas de navegación, el hambre se hace sentir. Los Maldonado tienen todo pensado y nos reciben con un cabrito al asador que se lleva todos los aplausos. Es el cierre ideal para un viaje: panza llena, corazón contento y el alma repleta de las historias que encierra este rincón formoseño.

Bañado La Estrella, Formosa

Datos útiles

La mejor época

El Bañado La Estrella puede visitarse durante todo el año, pero entre abril y septiembre reúne las mejores condiciones para navegar y observar fauna: el nivel del agua suele ser alto y disminuyen el calor extremo y los insectos del verano. Mayo y junio ofrecen, en general, un buen equilibrio entre paisaje inundado y clima agradable. De diciembre a marzo, las crecientes del Pilcomayo pueden expandir el humedal, pero las lluvias, el calor y el estado de los caminos complican la visita. Como el nivel varía de una temporada a otra, conviene consultar antes con guías de Fortín Soledad.

Glampings en El Impenetrable

Quien quiera prolongar la estadía en el PN El Impenetrable en versión más cómoda, puede disponer de unos días para conocer dos glampings impulsados por Rewilding Argentina. El Bermejito, en el Portal La Armonía, cuenta con cinco carpas fijas de estilo africano, equipadas con camas, baño privado, ducha de agua caliente y deck; incluye desayuno. Los Palmares, a orillas del Bermejo y lindante con el límite norte del parque, suma cinco carpas, pasarelas, una carpa común destinada a living y comedor, además de pensión completa, con gastronomía de sabores locales. La experiencia incluye senderos guiados, cabalgata por los palmares y un safari de navegación por el río hasta el Portal La Fidelidad. Son propuestas de categoría, con atención personalizada y tarifas más altas que las de los alojamientos sencillos de la región. elimpenetrable.org

El camping La Fidelidad, en el PN El Impenetrable, cuenta con plataformas elevadas para montar las carpas

Dónde dormir

  • Hotel Eva Av. San Martín 250, Las Lomitas. (371) 561-6037. Siete habitaciones con baño privado, cochera y desayuno.
  • Camping La Fidelidad (379) 465-4988/ (364) 417-9475. Hay plataformas de acampe y se alquilan carpas de doble altura. Cuenta con baños, duchas de agua caliente, parrillas de uso común y comedor con gastronomía regional. Conviene consultar el estado del acceso antes de viajar, ya que puede cerrar preventivamente por crecidas del Bermejo.
  • Turismo Estrella Soledad (370) 403-9022. Es el espacio de Carlos Maldonado en Fortín Soledad. Alojamiento, navegación y avistajes fotográficos.

Dónde comer

  • Bien Campero Moreno esq. 9 de Julio, Las Lomitas. (370) 465-0541 Restaurante familiar ambientado como una antigua pulpería, ideal para probar comidas regionales.

Paseos y excursiones

  • Che Roga turismo activo (370) 455-7796. IG: @cheroga_turismo_activo Adrián Subeldía organiza traslados y excursiones en Formosa. El tour Bañado La Estrella + El Impenetrable se realiza en fechas programadas e incluye alojamiento. Próximas salidas: del 18 al 20 de septiembre y del 10 al 12 de octubre de 2026. $839.000 por persona. Incluye dos noches de alojamiento en Las Lomitas y traslados desde el aeropuerto de Formosa. Para quienes dejan el auto del lado chaqueño, también ofrece los traslados desde La Toma a Fortín Soledad y navegación en el Bañado, desde $275.000 por persona en base doble.
  • Turismo Bañado La Estrella (370) 407-7816 Es la agencia de Julián Orue, que también tiene embarcación y realiza paseos combinados
  • Cruce del río La posibilidad de cruzar el río Bermejo en lancha entre La Toma, en Formosa, y Puerto San Jorge, en Campo La Fidelidad, puerta de acceso al Parque Nacional El Impenetrable, es algo nuevo: comenzó a operarse en 2025. El trayecto demora aproximadamente 45 minutos. El servicio es ofrecido por Rewilding, con una tarifa de $60.000 por persona. Se trata de una actividad abierta a cualquier visitante, sin necesidad de estar alojado en los glampings de la fundación. Está disponible durante la temporada de actividad turística, hasta fines de octubre, ya que durante el verano las actividades en la zona se interrumpen. Por su parte, Che Roga y Turismo Bañado La Estrella también coordinan este cruce para sus pasajeros, vinculando La Toma con Puerto San Jorge a través de distintos paquetes combinados de 2, 3 y 4 noches.
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