Este sábado, la reconocida cadena de jugueterías Tío Mario bajó las persianas. “¡Liquidamos todo por cierre! ¡Últimos días!”, anunció el comercio a través de sus redes sociales, donde se acumularon mensajes de apenados por el cierre de la histórica empresa.
Semanas atrás, en el marco de la celebración del Día del Niño —que este año se conmemoró el 16 de agosto—, Matías Furió, presidente de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), había indicado que el sector atravesaba “un período de producción crítico”. “Los fabricantes deben comprar materia prima hoy para tener producto en góndola en menos de dos meses. Cada día que pasa con precios de guerra en tiempo de paz es un día menos de producción posible para las pymes argentinas”, se lamentaba.

El escenario es complejo para la industria. Según esa entidad, el mercado acumula una contracción cercana al 22% entre 2015 y 2025, y las ventas cayeron alrededor de un 20% durante el primer semestre de este año respecto del mismo período de 2025. “La industria atraviesa uno de los momentos más difíciles de los últimos años. La crisis alcanza a toda la cadena de valor: jugueterías, mayoristas, distribuidores, importadores y fabricantes”, explicó un mes y medio atrás Julián Benítez, gerente de Relaciones Institucionales y Comercio Exterior de la CAIJ.

“El tiempo de juego con juguetes físicos compite cada vez más con las pantallas, en un contexto donde además la tasa de natalidad cayó un 42% (según datos del Indec), pasando de 2,4 hijos por mujer en 2015 a 1,4 hijos por mujer en 2025, reduciendo la base de usuarios. Frente a esto, desde la CAIJ sostenemos que hay algo que ninguna pantalla reemplaza: el desarrollo cognitivo, emocional, social y motor que aporta el juego físico”, destacó el directivo.


