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El gesto de Scottie Scheffler con Nicolás Echavarría en la Presidents Cup que generó admiración

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Un grande entre los grandes. Scottie Scheffler aportó uno de los puntos con los que Estados Unidos se aseguró la Presidents Cup este último domingo ante el equipo Internacional (17-13), pero su momento más recordado del torneo no fue un golpe con el drive ni un putt decisivo, sino un gesto de deportividad hacia Nicolás Echavarría en pleno partido individual, cuando el colombiano se vio perjudicado por la reacción de un espectador que gritó a destiempo detrás de las cuerdas y lo desconcentró.

La situación se produjo en el hoyo 14 del campo de Medinah Country Club, en el estado de Illinois. Scheffler dominaba el duelo por tres hoyos y Echavarría se disponía a ejecutar la salida, cuando desde la tribuna se escuchó un grito de apoyo al estadounidense. “¡Go Scottie!“, retumbó. El colombiano ya había iniciado el backswing y la distracción resultó evidente: la pelota salió muy desviada hacia la derecha y la frustración se apoderó de inmediato, a juzgar por su lenguaje corporal. Soltó el palo de inmediato y se quedó mirando al lugar de donde provino la desubicada voz de aliento.

Pero Scheffler tampoco dejó pasar el desafortunado momento. No le pasó inadvertido. Giró la cabeza y clavó su mirada hacia la zona desde donde había llegado el estruendo y reprendió al aficionado. “¡Aquí no hay cabida para eso!”, le espetó, antes de continuar el hoyo. Terminada la jornada, fue todavía más contundente: “Estaba muy frustrado. Sinceramente, fue una gran distracción, porque competimos y trabajamos muy duro para llegar a estos momentos”.

La secuencia completa

Pero además de ese reto al ruidoso fan, el número 1 del mundo fue un paso más allá durante aquel hoyo 14. Después de recuperarse como pudo, Echavarría quedó con un putt de unos diez metros para salvar el par, una distancia en la que, lógicamente, era difícil embocar, aunque en el golf todo es posible. Sin embargo, Scheffler decidió concederle el putt y dar por empatado el hoyo. Entonces, llegaron los aplausos de reconocimiento por su gesto.

La decisión del texano llamó la atención por el contexto: jugaba ante su público, representaba a Estados Unidos en una competencia por equipos y tenía el partido bajo control. Aun así, entendió que no correspondía sacar ventaja de una situación provocada desde afuera de las cuerdas. Encima, frente a un rival que debutaba en la Presidents Cup y que no había sido convocado para los partidos anteriores. “Cuando un aficionado decide inmiscuirse en el torneo… pueden decir lo que quieran a los jugadores, pero creo que hay cierto respeto”, sostuvo después el monarca del ranking.

Nico Echavarría, de Colombia y del Equipo Internacional, y Scottie Scheffler, del Equipo de EE. UU., caminan por el green del hoyo 16 durante los partidos individuales del domingo

La escena recordó inevitablemente uno de los momentos más célebres de fair play en el golf. En la Ryder Cup de 1999, en Brookline, Payne Stewart concedió un largo putt para par a Colin Montgomerie cuando los estadounidenses ya habían asegurado la victoria. El escocés había soportado durante toda la jornada la presión constante de una tribuna especialmente hostil. El gesto de Scheffler tuvo un significado similar: corregir, en la medida de lo posible, una situación que el público había alterado. Igual, no llama la atención: es uno de los jugadores más queridos del circuito, lejos del divismos y la soberbia, al margen de que pueda faltarle carisma ante la mirada del público.

Echavarría valoró especialmente lo que acababa de ocurrir. “Eso demuestra el carácter del número uno del mundo. Es diferente. Por muy bueno que sea [golfísticamente], es una persona realmente increíble”, afirmó. También reconoció que no esperaba una concesión semejante en una instancia tan crucial. “Es una lástima que el público pueda afectar el rendimiento de esa manera. No esperaba que me regalara ese putt para par, pero lo hizo y empatamos el hoyo”.

El colombiano todavía tendría tiempo para dejar su propia huella. En el par 3 del hoyo 16 embocó desde fuera del green para birdie con un tiro espectacular de 64 pies (unos casi 20 metros) y luego respondió a la tribuna llevándose un dedo a los labios. Scheffler falló después un putt para igualar el hoyo y la diferencia se redujo a dos cuando quedaban apenas dos banderas por delante.

El estadounidense cerró el partido en el hoyo 17 con dos putts para par y aportó su punto para el triunfo de Estados Unidos, que conquistó la Presidents Cup al derrotar por 17 a 13 al equipo Internacional, integrado por jugadores del resto del mundo sin contar a Europa. Cuando le preguntaron inmediatamente después de su victoria por la concesión del putt, intentó quitarle protagonismo al asunto. “Para ser honesto, ni siquiera quiero hablar de eso. Creo que no hay lugar para eso en nuestro deporte. Creo que simplemente lo dejamos así”.

El ambiente reinante también fue tema de conversación después del match, aunque no resultó tan escandaloso como en lo última Copa Ryder, donde la situación llegó a mayores. Echavarría admitió que el público jugó fuerte a favor de los locales durante toda la jornada y describió el escenario como difícil para el equipo Internacional. Ese clima, habitual en los certámenes por equipos, alcanzó en el hoyo 14 un punto límite que incluso el propio Scheffler consideró inaceptable.

El gesto de aprobación de Scottie Scheffler, un jugador que no tiene conflictos con sus colegas y es muy respetado, más allá de su condición de N° 1

Más adelante volvió sobre el episodio para reforzar su postura. “Los jugadores merecen al menos 30 segundos de silencio mientras se preparan y ejecutan sus tiros”, afirmó. Y agregó una última reflexión que explica por qué decidió intervenir: “No me gustó nada. Jamás [Echevarría] habría fallado un golpe tan malo como el que hizo en el hoyo 14 si no hubiera habido un aficionado gritándole durante su swing”. Había ganado el partido y contribuido decisivamente a la victoria de Estados Unidos. Sin embargo, la imagen que quedó en el último día de la Presidents fue otra: la del mejor jugador del mundo defendiendo a un rival cuando entendió que el juego había dejado de ser justo.

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