Muchas cosas cambiaron en la vida de Natalia Lobo (56) desde su última entrevista con ¡HOLA! Argentina hace poco más de cinco años. Ella misma se atreve a decir que es otra persona: “Atravesé tantas tormentas que siento que ya no soy la misma. Y me gusta que sea así. Me veo al espejo y me encuentro tan bien que me parece que todo lo que viví en este último tiempo tenía que ser así”, cuenta entusiasmada tras posar para las fotos en Sin Almidón, una tienda de decoración (en San Isidro) armada como una casa con jardín y pileta.



Las tormentas a las que ella se refiere tienen que ver con su separación en 2023 de Ariel Polaco –el instructor de yoga con quien se había casado en 2022 después de seis años de relación– y el reencuentro con su padre biológico, Jorge Sarraute, en 2024 tras años de distancia, silencios y ausencia. Enfocada en un estilo de vida más saludable (que comenzó en 2019 luego de vencer un cáncer de colon), Natalia se volcó de lleno a transitar un nuevo camino. Puso una pausa en la actuación, estudió y se certificó en coaching y se volvió “diseñadora de experiencias” donde junto a otros profesionales organiza encuentros de meditación, yoga y charlas enfocadas en el bienestar. Esta aventura la encuentra feliz y nuevamente enamorada.
–Se te ve muy bien…
–Es que estoy muy bien. ¿Viste lo que dice Murakami? Cuando uno atraviesa la tormenta sale distinto y de eso se trata la tormenta. Estoy en paz, me siento muy conectada conmigo y estoy haciendo cosas que me gustan, me siento sana, me siento bien con mi familia, con mi hijo. Claro que en este presente hay mucho de trabajo personal, de evolución.
–Trabajar fue también enfrentarte a tus propios fantasmas y miedos…
–Lo que pasa es que a veces la vida te pone en situaciones que las atravesás o la quedás. Si no, estás siempre como en un mismo loop y viviendo lo mismo una y otra vez, sin cambiar nada de lo que te hace mal. Si tenés conflictos con tu papá, la única manera de sanar es ver tus heridas y trabajar con todas las herramientas que tengas a mano. En mi caso, entendí que sólo haciendo terapia no me alcanzaba para estar bien.


–Recién trajiste la figura del padre y vos te reencontrarse con tu papá biológico, Jorge Sarraute, en Barcelona hace unos años. ¿Cómo nació esa búsqueda?
–Mi papá se fue exiliado cuando yo era muy chica, entonces nunca me llamó para un cumpleaños ni nada de esas cosas. Si bien lo entendía, había una sensación de abandono que nun – ca se fue. A los 18 lo encaré muy enojada y fue todo peor. Desde ese momento me quedé con ese pensamiento de que “él para mí está muerto; yo ya tengo otro papá” (se refiere a su padre del corazón, Martín Lobo, que la adoptó en 2019). La separación que tuve hace casi cuatro años fue tan brutal que volví a sentir el abandono y lo sentí de tal manera que dije: “Esto que siento no es solamente por la ruptura, no puede ser que sufra tanto”. Ahí empecé a atravesar mi tormenta. Carl Jung se refiere a ese momento como “la noche oscura del alma”. Yo tenía que encarar de una vez por todas el tema de mi papá biológico. Entendí que no importaba la edad que tuviera ni todo el tiempo que hubiera pasado desde que mi papá se fue, ese trauma me iba a acompañar toda la vida si no le hacía frente.


–¿Qué hiciste?
–De todo. Constelaciones familiares, retiros. En 2023 me fui a Perú con una chamana que hacía limpieza energética que me hizo trabajar mucho el perdón. ¿Y podés creer que estando allá, pensándolo a papá, me escribió él, de la nada? “Te quiero contar la historia de mi familia”, decía el mensaje. Y así empezamos. Al año siguiente nos reencontramos en Barcelona, justo para el día de mi cumpleaños.
–¿Y cómo fue eso?
–Me fue a buscar mi hermana, que me esperaba con una torta. Estaba papá… Se notaba que él estaba incómodo, pero a mí no me importaba nada. Yo estaba contenta, feliz. A partir de ese momento mi relación con él cambió y después fui de nuevo a verlo. Y en mayo pasado viajé otra vez porque cumplió 80. Ahora estoy en el chat familiar y nos escribimos todo el tiempo.

–Tu separación de Ariel Polaco fue otra de tus tormentas…
–Fue un duelo tremendo. Hoy, después de todo el trabajo interno hecho, digo “gracias”. Estoy segura de que si no me hubiese separado, nunca hubiese empezado esa búsqueda hacia papá, ni hubiese empezado a meditar. De hecho, me puse a estudiar coaching y me certifiqué.
–¿Cambió tu mirada sobre el amor?
–Sí, muchísimo. Algo que ahora no transo es que cada uno viva en su casa. La vez pasada tuve esa intención, pero no lo pude pilotear. Estaba muy enamorada, él tenía sus hijos, yo tenía a Inti y yo decía: “Cada uno en su casa”. Lo sostuve durante un tiempo hasta que después nos fue imposible y no funcionó. Por eso, y por otras cosas más, claro. Hoy no estoy dispuesta a ceder mis espacios.
–¿Estás en pareja?
–Sí, estoy de novia hace un año y muy contenta. Él está en su casa con sus hijos y yo en la mía con Inti. Y está todo bien, ya somos grandes, cada uno tiene sus costumbres. A mí encanta estar sola de lunes a viernes y me gusta extrañarlo también, escribirnos a la mañana, estar pendiente uno del otro… tener una cita con él. ¡Quiero ser su novia toda la vida! [Se ríe]. Por ahí, a los 80 queramos otra cosa, pero hoy nos funciona esto así.

–¿Estás enamorada?
–Siempre me enamoro de la persona con la que estoy. La única diferencia es que ahora siento que vivo un amor más en paz, estoy más conectada conmigo y ya no espero tanto del otro. Y yo también aprendí a no ser tan reactiva, trato de no enojarme tanto y eso lo aprendí de la experiencia. Así que sí, estoy en paz, enamorada…. feliz. La verdad es que la edad me sienta bien. [Se ríe].
–¿Cómo se llama?
–Se llama José Rivas, me encanta porque es una persona simple, muy tranquila.
–¿Qué es lo que más te atrae de él?
–Me gusta mucho que sea una persona serena, que esté conectado con la naturaleza y con los animales. Tenemos mucho en común. Nos conocimos porque éramos vecinos, sin saberlo, en el campo de mi familia en Baradero. Nos hicimos amigos y a los seis meses empezamos a salir.
–¿A qué se dedica?
–Trabaja en el campo. Era jugador de polo y muy bueno, ahora está retirado, pero sigue trabajan – do con caballos, haciendo tacos, está todo el día en Baradero. Y tiene una familia hermosa, estoy enamorada de sus hermanos, sus sobrinos y sus hijos me quieren… son un clan divino. Inti se lleva muy bien con ellos. Estoy muy contenta.

–Recién mencionaste a tu hijo. ¿Cómo es tu vínculo con él?
–Inti siempre fue un chico grande. Nunca lloró, nunca hizo un berrinche. Fue un compañerazo, yo trabajaba un montón y el pibe nunca me reclamó nada. Ahora lo veo y me encuentro con un chico muy responsable, trabajador, serio y apasionado con lo que le gusta. Es muy lindo verlo crecer y cum – plir cada uno de sus sueños.
–En cuanto a tus proyectos, ¿tenés pensado retomar la actuación?
–[Lo piensa unos segundos]. Creo que hoy me encuentro en otro camino, buceando otras posibilidades, tratando de aprender un poco este tránsito que nos queda de vida. Estoy tan feliz con lo que hago que no extraño la actuación.
–¿Qué estás haciendo hoy?
–Ahora estoy acompañando gente en proceso de transformación a través de un espacio que se llama Eco, Bienestar que se propaga donde organizamos encuentros de silencio, yoga, meditación. Lo que yo hago es afinar el instrumento para tratar de sacar las trabas emocionales, mentales, energéticas que tenemos y ayudarte a conectarte con tu esencia. Mi amiga Vanesa Gervasini me ofreció su lugar, Sin Almidón, para ofrecer todas estas experiencias, es muy lindo lo que se está generando.
–¿Te animás a imaginarte cómo será tu vida el día de mañana?
–No suelo fantasear con el futuro porque me parece que se va armando en el día a día y la verdad es que este presente, mi presente, me gusta mucho.
Pelo: Lourdes Costa
Agradecimientos: Regina para @regina_cosmetics, @sinalmidon.ar



