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La oscura trama arbitral, de Tapia a Toviggino: clubes del poder, lazos familiares y el pacto que empieza a romperse

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Juan Sebastián Verón entra a la cancha y le grita “ladrón” a Darío Herrera, que no reacciona. Herrera es mundialista: llegó a la Copa del Mundo cuando parecía que su etapa como árbitro de la FIFA estaba terminada. Acaba de dirigir la final de la Supercopa Internacional, con varias decisiones discutibles que favorecen a Rosario Central, club ligado al poder, frente al conjunto platense, uno de los principales opositores. Minutos después, Claudio Tapia, presidente de la AFA, evita subir al escenario durante la premiación del subcampeón, pero sí lo hace para entregarles las medallas a Herrera y sus asistentes y luego acompañar la consagración de Central. Desde abajo, los jugadores del Pincha aplauden con ironía mientras Chiqui Tapia premia a los jueces. La imagen resume buena parte del clima que rodea hoy al arbitraje argentino.

Lo de Verón fue apenas el último episodio de una secuencia que se repite casi todos los fines de semana. A fines de agosto, Nicolás Russo, presidente de Lanús, pidió la salida de Beligoy, máximo responsable de los árbitros, después de una jugada entre Leonel Flores y Sasha Marcich, en la que ni Pablo Dóvalo en la cancha ni Germán Delfino desde el VAR consideraron que el delantero de Boca debía ser expulsado. Al día siguiente, Guillermo Barros Schelotto explotó por un gol que le anularon a Vélez ante Riestra sobre el final y que hubiese significado el 2-1 y la punta en soledad del Grupo A, por una supuesta infracción previa que solo advirtió Diego Ceballos desde el VAR y que Nazareno Arasa terminó convalidando.

Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes, entró fuera de sí en la cancha e increpó al árbitro Darío Herrera en la final con Rosario Central

Una semana después, Daniel Vila trató de “bandidos” a Beligoy y a Nicolás Ramírez por el arbitraje en River-Independiente Rivadavia, en el que el juez omitió una segunda amarilla a Nicolás Otamendi, aunque también una roja a José Florentín. Y al fin de semana siguiente, Julio Falcioni estalló tras la derrota de Atlético Tucumán ante River por la decisión de Andrés Gariano de no echar a Mauro Arambarri por una dura entrada sobre Alexis Canelo. Stefano Di Carlo, presidente del Millonario, englobó el malestar en una frase: “Estamos esperando a que encuentren un límite en términos de la vergüenza”. El club, además, presentó en la AFA un “documento crítico” para revisar la conducción del arbitraje.

Empezó a romperse el pacto de silencio que los presidentes de los clubes habían sellado con la dirigencia de la AFA, y que también alcanzaba a directores técnicos y futbolistas. La consigna era discutir internamente, pero los errores que se repiten fecha tras fecha llevaron a varios a hablar públicamente y apuntar de manera directa contra Federico Beligoy, que lleva ocho años al frente del arbitraje y está cada vez más cuestionado. Incluso ya empezó a circular un nombre para sucederlo: Pablo Dóvalo.

El fútbol argentino vive en un estado de sospecha. Y ese clima de desconfianza ya no se explica solamente por una jugada puntual, un penal no cobrado, una expulsión polémica o una de esas manos en el área que, fecha tras fecha, vuelven a abrir el debate sobre qué debe sancionarse y qué no. Nace mucho antes de que el juez tome una decisión: empieza por un sistema en el que conviven dirigentes, directores arbitrales, formadores, asesores, representantes gremiales y figuras casi desconocidas para el público, como los quality managers. El mapa comienza en Buenos Aires, con Beligoy como director nacional de Arbitraje, y se extiende al interior del país, donde Gustavo Bassi cumple una función similar en el Consejo Federal. Pero los dos caminos terminan en el mismo lugar: Chiqui Tapia y Pablo Toviggino, en la cima de la pirámide de poder.

Hoy son muchos los que creen que el tiempo de Beligoy empieza a agotarse, incluso dentro de la AFA. En un momento especialmente sensible, con investigaciones judiciales abiertas, un ambiente cada vez más tenso en los estadios y críticas desde distintos sectores, entienden que la crisis del arbitraje también debilita aún más la credibilidad institucional.

El 11 de mayo de 2018, Beligoy dirigió su último partido como árbitro. Vecino de Villa Ballester, impartió justicia en el triunfo 4-1 de San Martín, de San Juan, ante Chacarita, en San Martín, en la despedida del Funebrero de la Primera División. Junto a él estuvieron Sergio Zoratti y Sergio Viola como asistentes, y su sobrino Sebastián Martínez Beligoy como cuarto árbitro. Apenas 83 días después, Beligoy fue anunciado como nuevo director nacional de Arbitraje en reemplazo de Horacio Elizondo, impulsado por Tapia. Viola lo acompañó y hoy está a cargo de la instrucción y la supervisión del VAR; en 2019, Zoratti asumió como vicedirector de la DNA. Martínez Beligoy, por su parte, protagonizó un ascenso meteórico: debutó en marzo de 2021 en la Primera B y en octubre de 2022 ya dirigía en la elite.

La relación también se extendió fuera de la AFA. En octubre de 2025, el Consejo de la FIFA designó a Tapia como integrante de la Comisión de las Reglas de Juego y a Beligoy, como miembro de la Comisión de Árbitros.

El presidente de la AFA, Claudio Tapia, y Beligoy, director nacional de Arbitraje, dos piezas muy discutidas del engranaje arbitral

Al asumir, Beligoy dejó trascender que nadie le diría lo que tenía que hacer y anticipó que las designaciones de los árbitros volverían a hacerse por bolillero y no a dedo. La idea, explicó entonces, era transparentar el sistema. Ese método duró poco. Antes de la temporada 2019/2020, la AFA informó que Beligoy había resuelto que las designaciones de la Superliga pasaran a hacerse por “designación directa”. En 2021 regresaron los sorteos para todas las categorías, transmitidos por las redes de AFA, pero el sistema volvió a abandonarse en 2022.

Beligoy es, además, el secretario general de la Asociación Argentina de Árbitros, uno de los tres sindicatos reconocidos. Asumió en 2013, en reemplazo de Alejandro Toia y durante la presidencia de Julio Grondona, y fue reelegido en 2019, ya con Chiqui Tapia como presidente de la AFA. Pero el vínculo entre ambos venía de mucho antes: cuando Tapia presidía Barracas Central y era miembro titular de la Mesa de la Primera B. Beligoy está de los dos lados del mostrador. Por un lado, maneja el arbitraje argentino; por el otro representa, gremialmente a buena parte de quienes dependen de sus decisiones. En los hechos, es empleador y representante de sus propios afiliados. Si un árbitro denunciara presiones de la AFA para favorecer a un equipo, tendría que planteárselo al mismo Beligoy.

En junio de 2023 quedó expuesta esa doble función. Diego Abal fue apartado después de un grave error en Gimnasia La Plata-Sarmiento: desde el VAR advirtió un supuesto offside en una jugada en la que el futbolista estaba fuera del campo y Ariel Penel terminó anulando un gol lícito del equipo platense. Afiliado a la AAA, Abal cuestionó a Beligoy por haberlo sancionado desde su rol en la AFA y no haberlo respaldado desde el sindicato.

Debajo de Beligoy y Zoratti, a su vez tesorero de la AAA, están Viola y Alejo Castany, que además de ser secretario adjunto del sindicato es responsable del plantel arbitral juvenil. Pero Castany cumple también otra tarea importante: es rector de la escuela de árbitros de la AAA y, por lo tanto, tiene incidencia directa en la formación y promoción de buena parte de los jueces que luego llegan a las categorías superiores, muchos de ellos surgidos de la misma escuela.

En un escalón similar estaba Marcelo Habib como secretario administrativo, pero fue desplazado hace pocas semanas. Habib había sido asistente de Héctor Baldassi, primero dentro de la cancha y luego durante la etapa en la que el cordobés fue diputado nacional por el PRO. Por esos días, el nombre de Baldassi empezó a circular como posible sucesor de Beligoy en caso de que Tapia decidiera removerlo. Aunque era una posibilidad difícil de imaginar, sobre todo por la identificación política de la Coneja, dentro del mundo arbitral sospecharon que Habib había impulsado esa alternativa y terminó pagando con su salida.

Además de esos cargos, la Dirección Nacional de Arbitraje tiene también un área técnica. Fernando Rapallini fue presentado en 2025 como nuevo gerente técnico arbitral en reemplazo de Ángel Sánchez, quien había llegado a la AFA en 2017 como secretario técnico junto a Elizondo y, con la llegada de Beligoy, pasó a ocupar esa función. Rapallini se encarga de la formación y el desarrollo de los árbitros: coordina la capacitación, la instrucción y el seguimiento de todo el grupo.

La cúpula arbitral, en una reunión con Claudio

En Ezeiza lo señalaban, además, como uno de los nombres que podía reemplazar a Beligoy. Finalmente, Beligoy decidió sumarlo a su equipo de trabajo y tenerlo bajo su órbita.

De Rapallini dependen también áreas más específicas. Vigliano es jefe técnico arbitral y Ezequiel Brailovsky, jefe técnico de asistentes. El caso de Vigliano es particular: sin haber tenido una trayectoria del nivel de otros jueces de su generación, llegó a ser considerado por Conmebol como el mejor árbitro VAR de Sudamérica y uno de los mejores del mundo. Hoy, ya retirado, es uno de los encargados de formar y evaluar técnicamente a los réferis principales. En la final entre Rosario Central y Estudiantes apareció además vestido de civil junto a Darío Herrera, mientras Verón y varios jugadores del equipo platense intentaban increpar al árbitro.

Dentro de la DNA funciona además un numeroso grupo de exárbitros que se reparten tareas como instructores, quality managers y asesores arbitrales.

Los instructores se ocupan de capacitar y evaluar técnicamente a los jueces y de bajar los criterios que luego deben aplicar en la cancha. Los asesores son los antiguos veedores: analizan la actuación de los árbitros después de cada partido, elaboran informes y los califican. Entre ellos también hay nombres conocidos, como Antonio Amato, Marcelo Azpiolea, Luis Bongianino, Walter Cuello, José Rabinovich, Francisco Rocchio, Ramón Tornero y Néstor Febes Verna.

Hasta hace poco, en ese grupo también aparecían Ricardo Casas y Ernesto Taibi, despedidos junto con Marcelo Habib. Taibi llevaba tiempo enfrentado con Beligoy, mientras que Casas quedó involucrado en el escándalo de Riestra-Vélez. Formaba parte del equipo arbitral de ese partido y Beligoy decidió cortar por el hilo más fino: de los siete integrantes designados, Casas era el único que, al menos en los papeles, no tenía incidencia directa en las decisiones del partido. Esa tarde, Casas fue quality manager, una figura que se utiliza sobre todo en Conmebol y que también es conocida como “gerente de calidad VAR”. Su tarea es controlar que el sistema funcione correctamente y que se cumplan los protocolos, tanto en la cabina como en el campo. Dentro del ambiente, sin embargo, muchos creen que su influencia es mayor. El despido de Casas no hizo más que alimentar esa sospecha.

Otros que cumplen esa función son Toia, Gerardo Carretero, Diego Colombo, Gabriel Favale, Rodolfo Guerra, Carlos Stoklas, Manuel Loureiro y Sabrina Lois.

En cuanto a los árbitros, hay dos grupos: los internacionales y los que solo actúan en el medio local. Entre los que participan en torneos organizados por la FIFA y la Conmebol, y por lo tanto perciben ingresos considerablemente más altos, están los mundialistas Facundo Tello, Yael Falcón Pérez y Darío Herrera, junto con Nicolás Ramírez, Leandro Rey Hilfer, Luis Lobo Medina, Sebastián Martínez Beligoy, Nazareno Arasa, Sebastián Zunino y Andrés Gariano.

También hay diez asistentes internacionales: Pablo Acevedo, Juan Pablo Belatti, Gabriel Chade, Maximiliano Del Yesso, Pablo González, Juan José Mamani, Cristian Navarro, Sebastián Raineri, Facundo Rodríguez y José Savorani. En el VAR existe una nómina específica, integrada por Jorge Baliño, Germán Delfino, Pablo Dóvalo, Fernando Espinoza, Nicolás Lamolina, Hernán Mastrángelo, Lucas Novelli, Héctor Paletta y Silvio Trucco.

Delfino fue uno de los pocos que buscó disputarle el poder a Beligoy. En 2019 intentó armar un frente opositor y competir en las elecciones del gremio junto con el exlínea Matías Beares, frente a la fórmula oficialista Zoratti-Castany. Finalmente, decidió bajar su candidatura y Beligoy terminó presentándose sin oposición. Votaron 234 afiliados: 229 lo hicieron por él y cinco, en blanco. La elección fue el 23 de agosto. A fin de ese año, Delfino dejó de ser árbitro internacional.

Germán Delfino, uno de los pocos que intentó disputarle el poder a Federico Beligoy

Beares tampoco volvió a dirigir. Se dijo que había quedado afuera por no superar una prueba física, aunque ya se lo había visto fuera de forma. Años después, en 2024, la AFA lo apartó tras quedar involucrado en una causa por apuestas deportivas. Había apostado en el 5-1 de Deportivo Madryn ante Almirante Brown, un partido dirigido por Diego Ceballos en el que el equipo chubutense empezó perdiendo 1-0 y terminó con una goleada que le permitió quedar puntero por diferencia de gol a falta de una fecha.

El recambio más importante se produjo en diciembre de 2024, cuando se confirmó el ingreso como internacionales de Lobo Medina, Gariano y Martínez Beligoy, en reemplazo de Espinoza, Andrés Merlos y Pablo Echavarría.

Pero hay un dato llamativo: cinco de los diez prácticamente no tuvieron actividad internacional desde sus nombramientos. Lobo Medina, mencionado en los supuestos chats entre Juan Pablo Beacon y un número de WhatsApp atribuido a Pablo Toviggino, en los que se habla de una entrega de dinero, solo fue cuarto árbitro en cuatro partidos de la Copa Libertadores y en uno de la liga saudí, dirigido por Ramírez en 2025, como parte del convenio de la AFA con ese torneo.

Beacon, dirigente cordobés que durante años fue mano derecha de Toviggino, fue además accionista de Malte SRL, la empresa utilizada para comprar la mansión de Pilar que hoy es investigada por la Justicia.

Toviggino y Beacon, dirigente cordobés que durante años fue su mano derecha. Crédito: ascenso del interior

Martínez Beligoy dirigió tres partidos de la fase de grupos del Sudamericano Sub 17 de 2025, disputado en Colombia, y fue cuarto árbitro en otro. Arasa condujo dos encuentros del Sudamericano Sub 15 de 2024, en Bolivia, y fue cuarto en otros tres. Zunino dirigió dos partidos en Arabia Saudita y uno en Tailandia, además de desempeñarse como cuarto árbitro en otro encuentro en ese país. Gariano, directamente, no tuvo actuaciones fuera de Argentina.

Fuera de esa nómina internacional, otros 14 árbitros dirigieron partidos de Primera División durante 2026: Espinoza, Echavarría, Merlos, Dóvalo, Penel -ya retirado-, Lamolina, Fernando Echenique, Baliño, Bruno Amiconi, Mastrángelo, Felipe Viola, Álvaro Carranza, Juan Pafundi y Daniel Zamora. Viola, hijo de Sergio, también tuvo un ascenso acelerado: debutó en Primera B en octubre de 2023 y menos de dos años después, en julio de 2025, llegó a la máxima categoría.

No es el único caso de vínculos familiares dentro del arbitraje. Julián Beligoy, hijo de Federico, tuvo su estreno en Primera B en 2025 y ya fue designado como cuarto árbitro en partidos de Primera durante 2026. Sebastián Habib, hijo de Marcelo, fue AVAR en el superclásico que Boca le ganó 1-0 a River en el Monumental, en abril, cuando sobre el final el equipo local reclamó penal por un empujón de Lautaro Blanco a Lucas Martínez Quarta que Darío Herrera no sancionó y que desde Ezeiza, con Héctor Paletta, tampoco recomendó revisar. Luciana Sánchez, hija del exárbitro y exdirector arbitral Ángel Sánchez, también es árbitra internacional.

Barracas Central, presidido por Chiqui Tapia entre 2001 y 2020 y luego por Matías, uno de sus hijos; Deportivo Riestra, gerenciado por el abogado Víctor Stinfale; Independiente Rivadavia, presidido por el empresario Daniel Vila, y Central Córdoba de Santiago del Estero, muy ligado a Pablo Toviggino, son vistos como los equipos del poder. Todos tienen un punto en común: fallos arbitrales que los favorecieron en el camino hacia Primera y, salvo en el caso de Independiente Rivadavia, también para sostenerse en el primer nivel.

Hay otros clubes con peso. Tigre está apadrinado políticamente por Sergio Massa e Instituto mantiene una relación cercana con la gestión de Tapia a través de su presidente, Juan Manuel Cavagliatto. Omar De Felippe, exentrenador de Central Córdoba, dejó una frase sugestiva después de la derrota de Talleres ante Instituto. Molesto con el arbitraje de Darío Herrera, dijo: “No hablo de ningún árbitro. Yo entiendo cómo es esto. Estuve acá y estuve acá, listo”, mientras hacía un gesto de silencio, como cerrándose la boca. La lectura fue clara: alguna vez había estado de un lado y ahora le tocaba estar del otro.

Sergio Massa, hombre fuerte de Tigre, aunque sin cargo en el club, y Pablo Toviggino

En lo que va de 2026, 31 árbitros dirigieron partidos de clubes de Primera entre la Liga Profesional y la Copa Argentina. La cantidad de partidos con un mismo equipo no implica, por sí sola, que un juez lo haya favorecido o perjudicado, pero algunos nombres se repiten más de lo esperable: Nicolás Ramírez dirigió siete veces a River, cuando el promedio es de 1,8 partidos de un mismo árbitro con cada equipo. Nazareno Arasa estuvo seis veces en partidos de Boca y Andrés Merlos, en seis de Instituto. Entre los jueces de línea, la distribución es más pareja: cinco llegaron a seis designaciones con un mismo club. En el VAR sobresale Lucas Novelli: estuvo en siete partidos de Boca y cinco de Rosario Central.

Con un calendario que tiene actividad casi todos los días, los árbitros suelen entrenarse dos veces por semana en Ezeiza, donde realizan trabajos físicos y también repasan aspectos técnicos junto a los instructores.

La mayoría tiene otra actividad, pero los ingresos del arbitraje les permiten vivir del referato, pese a estar muy lejos de los que perciben otros protagonistas del fútbol, como futbolistas y entrenadores. Desde 2018, los sueldos se equipararon tomando como referencia al árbitro mejor pago y hoy todos cobran lo mismo dentro de cada categoría: los internacionales perciben un fijo mensual de unos 6.000.000 de pesos, mientras que quienes dirigen solo en el ámbito local cobran aproximadamente un 20% menos. Un clásico o un partido definitorio no representa un ingreso mayor, sino prestigio. La diferencia aparece en las competencias de Conmebol: un árbitro principal puede recibir unos 1500 dólares netos por partido. En el Mundial, los jueces convocados recibieron alrededor de 50.000 dólares por su participación.

El Consejo Federal es otro actor importante dentro del arbitraje argentino. Se trata de un órgano interno de la AFA encargado de administrar el fútbol del interior y que además cuenta con su propio cuerpo de jueces. Organiza el Torneo Federal A, la tercera categoría del fútbol argentino y el nivel más alto para esos clubes, y el Torneo Regional Federal Amateur, que reúne a equipos de las ligas regionales y otorga ascensos al Federal.

La cabeza del arbitraje es Gustavo Bassi, retirado en 2009. Dos años después fue denunciado por el juez Marcelo Arredondo, quien aseguró que Bassi le había “sugerido” favorecer a Juventud Unida de San Luis en un partido frente a Deportivo Maipú. Con el paso de los años, también fue señalado por supuestas ayudas arbitrales a distintos clubes que terminaron ascendiendo o peleando campeonatos hasta las últimas fechas, como Alvarado de Mar del Plata, Deportivo Madryn, Racing de Córdoba, Ciudad Bolívar, Camioneros, Gimnasia de Chivilcoy y FADEP de Mendoza, además de dos equipos de Santiago del Estero estrechamente ligados a Toviggino: Sarmiento de La Banda y Güemes.

“Yo estaba en designaciones en el Argentino A, B y C, junto con Darío García, que fue asistente internacional. Pero con el Argentino A venían y nos decían: ‘En este partido va fulano y fulano de tal’. Eso ya te dice todo. Las del Argentino A las manejaba una sola persona: el señor Gustavo Bassi. Metía mano él”, contó en 2025 Hugo Cordero, árbitro internacional entre 1994 y 2001.

En esa misma entrevista, Cordero también apuntó contra el crecimiento económico de algunos exárbitros, aunque sin dar nombres: “Hoy hago el mismo trabajo que hacía antes de ser árbitro. Hay otros que veo que han crecido económicamente y en muy poquito tiempo tienen muchísimo dinero, casas, autos de lujo, se van de viaje. Algo tiene que estar pasando”, lanzó.

El reglamento establece que el presidente de la AFA ejerce también la presidencia del Consejo Federal, por lo que Claudio Tapia ocupa hoy ese lugar. Toviggino es el presidente ejecutivo. Fue nombrado en 2016 por Luis Segura, cuando todavía presidía la Federación Santiagueña de Fútbol, y Tapia lo mantuvo en el puesto cuando llegó a la AFA.

En 2019, Antonio Read, presidente del Tribunal de Disciplina del Consejo Federal, renunció en medio del escándalo por el arbitraje de Adrián Franklin en la final del Federal A entre Alvarado y San Jorge de Tucumán, aquel partido que terminó con una sentada de los futbolistas tucumanos en protesta por los fallos del juez. “Se vienen reiterando hechos que me causan fatiga moral”, explicó entonces. Toviggino minimizó la acusación: “Son comentarios de café”.

Toviggino y Bassi quedaron en la mira por aquel episodio, pero los dos continúan en funciones. El Colorado, árbitro de Primera División entre 1999 y 2009, es quien maneja las designaciones de los jueces y también propone árbitros del interior para incorporarlos al trabajo en Ezeiza bajo la conducción de Beligoy.

El Consejo Federal también resulta clave para la construcción de poder dentro de la AFA. Toviggino reúne buena parte de los apoyos del interior que sostienen a Tapia. La Asamblea que elige al presidente está integrada por 46 delegados, cada uno con un voto, y siete provienen de ese ámbito: cinco representan a las ligas del interior y otros dos a los clubes del Federal A. Esos siete, además, son elegidos por el propio Consejo. Solo Primera División tiene una representación mayor, con 22 delegados.

En mayo de este año se presentó también el Departamento de Arbitraje Femenino. La presentación reunió al plantel de árbitras con Tapia, Beligoy y Pablo Dóvalo, puesto al frente del área. Afiliado a la AAA y cercano a Tapia, Dóvalo es mencionado como uno de los posibles sucesores de Beligoy a partir de 2027. Quienes conocen los manejos internos creen que fue ubicado allí para empezar a foguearse en una función de conducción. Su carrera en Primera, además, transcurrió íntegramente durante la gestión de Tapia.

En 2025, la AFA lo designó para Rosario Central-Estudiantes de La Plata, la tarde en que los jugadores del Pincha hicieron el pasillo de espaldas después de que la AFA reconociera al Canalla como campeón por haber terminado primero en la tabla anual, un título que no estaba previsto en el reglamento. Era un partido en el que todas las miradas estarían puestas en el arbitraje. Dóvalo tuvo una muy buena actuación. En la cancha no tomó ninguna medida contra los jugadores de Estudiantes por el pasillo, pero después dejó asentado en su informe que no habían respetado el protocolo del homenaje. A partir de ese informe, los futbolistas recibieron dos fechas de suspensión. Dóvalo anunció en septiembre que dejará el arbitraje una vez finalizado el Clausura.

Pablo Dóvalo, uno de los posibles sucesores de Federico Beligoy

Desde que dirigió por primera vez a Barracas Central, en 2019 y por la Primera Nacional, Dóvalo arbitró 29 partidos del equipo de los Tapia, con 14 triunfos, nueve empates y apenas seis derrotas. Varios quedaron envueltos en polémicas. Uno de los más recordados fue el 2-2 ante Independiente, en Parque Patricios, en 2024. Dóvalo no expulsó a Alexis Domínguez por una dura infracción contra Iván Marcone y apenas le mostró la tarjeta amarilla; después, el delantero de Barracas convirtió uno de los goles. Tras el partido, Carlos Tevez dijo que ya sabía lo que podía pasar cuando se enteró de que Dóvalo sería el árbitro: “Es como que un chorro te avise que te va a robar y vaya y te robe”.

El episodio derivó además en un fuerte cruce entre Tevez y Toviggino, que, aunque es tesorero de la AFA, suele responder en redes cada vez que algún protagonista cuestiona a los árbitros, dejando en claro que el tema no le es ajeno. El dirigente le recordó que como jugador cometía “faltas de cárcel” y apenas recibía amarillas; Tevez respondió con acusaciones sobre una colección de autos importados en Pilar y supuestos “bolsos” traídos de Qatar y de amistosos de la selección en China.

Si finalmente Dóvalo reemplaza a Beligoy, cambiará el nombre. Habrá que ver cuánto cambia el resto.

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