BRASILIA.- Un presidente obligado a revisar su campaña, un retador que ya empieza a coquetear con ejercer poder y un mercado que festeja por adelantado.
Así vivió Brasil el día después del cachetazo electoral que el bolsonarismo le propinó al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), y que dejó al senador Flavio Bolsonaro como favorito para el balotaje del 25 de octubre y al presidente Luiz Inacio Lula da Silva, por primera vez, corriendo de atrás.

Flavio terminó primero el domingo con el 47,03% de los votos (56.104.503) y Lula quedó segundo con el 45,16% (53.879.538). La diferencia fue de poco más de 2,2 millones de votos, pero el resultado alteró el tablero. El senador obtuvo 6,8 millones de votos más que su padre, Jair Bolsonaro, en la primera vuelta de 2018, y unos cinco millones más que los que el expresidente logró en 2022. Lula, por su parte, tuvo 3,4 millones de votos menos que en la primera vuelta de 2022.
El bolsonarismo comenzaba ahora a delinear los próximos pasos hasta la segunda vuelta. Flavio convocó a Brasilia para el miércoles a los gobernadores, diputados y senadores electos del Partido Liberal (PL) para definir la estrategia del balotaje, confirmó a LA NACION el presidente de la agrupación, Valdemar Costa Neto.
“Vamos a preparar el trabajo para ir a buscar votos en los lugares donde tenemos más dificultades”, aseguró el dirigente a CNN Brasil.
El coordinador de la campaña, el senador Rogério Marinho, dio más pistas al salir del búnker bolsonarista en Brasilia este lunes. Anticipó que el comando buscará el apoyo de “todos los candidatos” que quedaron fuera del balotaje y que Flavio se reuniría con el reelecto gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, el primero de varios mandatarios que desfilarán esta semana por la capital y con quien pretende viajar por el país
Entre ellos estarán los del PL, que según sus cuentas pasó de dos a seis gobernadores. “La campaña para nosotros va a empezar el viernes”, dijo. También marcó el tono. Describió a Lula como un presidente que “perdió literalmente la conexión con la sociedad e intenta, desesperadamente, recuperarla”, y reclamó un debate de propuestas en el que el gobierno rinda cuentas “sin esconderse ni usar como muleta a integrantes del Poder Judicial”.

Costa Neto adelantó además que la exprimera dama Michelle Bolsonaro “va a entrar con todo” en la campaña, y que Flavio debe debatir con Lula antes del balotaje. También dejó una definición sobre el expresidente, condenado por intento de golpe de Estado a más de 27 años de cárcel: “Electo presidente, Flavio va a liberar a Jair Bolsonaro. No tengo dudas”.
La expectativa de poder que las urnas trasladaron a Flavio tendrá su primer test este martes, cuando el Senado empiece a discutir la enmienda constitucional que pone fin a la jornada 6×1 -seis días de trabajo por uno de descanso-, una de las principales banderas de Lula. La propuesta ya fue aprobada en Diputados, pero Flavio y sus aliados se oponen a tratarla antes del balotaje, y en el propio gobierno admiten que el resultado del domingo complicó su aprobación, que exige 49 votos.
Aunque los legisladores electos asumen recién en febrero del año próximo, el nuevo mapa ya pesa en las negociaciones. El PL será la primera fuerza en las dos cámaras: tendrá 121 de los 513 diputados, 22 más que los que obtuvo en 2022, y 28 de los 81 senadores, más de un tercio de la cámara alta, frente a nueve del PT. Entre los nuevos senadores bolsonaristas estarán Michelle y Carlos Bolsonaro, esposa e hijo del expresidente.
Con esa fuerza, el PL ya anunció que irá por la presidencia del Senado con Marinho. El cargo es clave porque de él depende que avance un juicio político contra jueces del Supremo Tribunal Federal, que requiere 54 votos. Costa Neto fue cauto: “Es el objetivo de algunos senadores”, pero “tiene que ser discutido”.
En el oficialismo, la consigna es que “el segundo turno es otra elección”. Lula, quien el domingo por la noche en San Pablo intentó inyectar ánimo en sus militantes pese a la cachetada, se reunía la noche del lunes con aliados en un hotel de Brasilia para revisar la estrategia de campaña.

Horas antes, el presidente del PT y coordinador de la campaña, Edinho Silva, había negado en GloboNews cambios de nombres en el equipo. “La cuestión es cambiar la línea, el enfoque, la forma de dialogar con el pueblo brasileño”, dijo.
Esa nueva línea es la confrontación directa. Silva anticipó que la campaña apuntará a explorar lazos de Flavio con milicias de Río de Janeiro, su relación con el Banco Master y a su cercanía con Donald Trump. “¿El pueblo brasileño quiere ser comandado por un presidente que tiene vínculos con la milicia? Esa pregunta tiene que hacerse y será hecha”, afirmó.
En tanto, Silva atribuyó el revés electoral a la crisis institucional abierta en el Supremo Tribunal Federal a raíz del vínculo de jueces con el Master, por la que Lula “pagó indebidamente”.
El dirigente también ensayó un discurso de cambio, que incluyó una reforma del Poder Judicial. “Sabemos que Brasil necesita cambios, pero el único líder con autoridad y fuerza política para hacerlos es Lula”, sostuvo.
Es un intento de responder a una de las debilidades que dejó la primera vuelta. “Hubo una dificultad de Lula para ofrecer una narrativa de futuro. Su campaña estuvo muy volcada a la comparación con el pasado, sin marcas efectivas del presente”, señaló a LA NACION el politólogo Murilo Medeiros.
Para su colega Leandro Gabiati, doctor en Ciencia Política y director de la consultora Dominium en Brasilia, el margen del presidente a partir de ahora será muy estrecho. “El gobierno ya utilizó buena parte de los instrumentos económicos y sociales. La principal arma de Lula pasa a ser política: transformar el segundo turno en una elección plebiscitaria entre continuidad con estabilidad institucional y el riesgo de un nuevo ciclo de conflicto. Flavio intentará hacer exactamente lo contrario: transformar la elección en un plebiscito apelando a la necesidad de cambio”, dijo.
La cuenta es cuesta arriba para Lula. Los votos de los candidatos de la “tercera vía” que quedaron en el camino, como Ronaldo Caiado, Romeu Zema, Renan Santos y Cury, tienden a migrar mayoritariamente hacia la derecha según sondeos. Por eso, el oficialismo mira con atención a los 33,5 millones de brasileños que no fueron a votar, el 21,08% del padrón según el Tribunal Superior Electoral.

Los mercados reaccionaron con euforia. El Ibovespa, el principal índice de la Bolsa de San Pablo, trepó 7,7% y cerró en un récord histórico de 206.911 puntos, tras tocar durante la jornada los 209.605, su máximo intradiario. El dólar se desplomó 4,12% y terminó en 5 reales, a contramano de su fortalecimiento en el resto del mundo.
Para los analistas del mercado financiero, la reacción no responde solo al favoritismo con el que Flavio llega al balotaje, sino al giro a la derecha del Congreso. Los inversores lo leyeron como una suerte de mandato para las reformas. Un eventual gobierno del senador tendría condiciones políticas para avanzar con el ajuste fiscal y con medidas impopulares, lo que mejora las perspectivas sobre la trayectoria de la deuda pública. De todos modos, advierten que la incertidumbre electoral persistirá hasta el 25 de octubre.
“Flavio llega con ventaja, perspectiva de poder y mayor ímpetu para atraer aliados, pero la elección sigue abierta”, planteó Medeiros. “Una nueva revelación en el caso Master, una declaración desastrosa, un debate muy malo o incluso una interferencia de Trump son factores capaces de alterar la campaña”.


