Todavía faltaban varios minutos para que Zayn Malik apareciera sobre el escenario y el Movistar Arena ya cantaba su nombre. “¡Zayn, Zayn, Zayn!”, repetían desde distintos sectores mientras las tribunas ensayaban olas y la ansiedad crecía.
La mayor parte del público eran mujeres entre 15 y 30 años, aunque también parejas y grupos de amigos. Muchas habían preparado el look especialmente para la noche: remeras del cantante, viejas imágenes de One Direction, merchandising y, sobre todo, mucho estampado de leopardo. Algunas incluso llevaban orejitas y accesorios en la cabeza inspirados en la estética de KONNAKOL, su último álbum.
A las 21.30, los gritos volvieron a crecer. Un juego de luces y visuales en blanco y negro anunció el comienzo y “Nusrat”, la canción que abre KONNAKOL, puso fin a una espera de más de 12 años. Zayn estaba otra vez sobre un escenario argentino. “Hola, Buenos Aires. Tanto tiempo”, saludó apenas pudo hacerse escuchar.

La última vez que había cantado en la Argentina fue en mayo de 2014, cuando llegó a Vélez con la boyband One Direction. Esta vez volvió como solista y con su quinto disco como eje de la gira. En este trabajo combina el pop y el R&B que atraviesan buena parte de su carrera con una búsqueda más ligada a sus raíces pakistaníes.
Antes de seguir, Malik reconoció el tiempo transcurrido desde su última visita. “Espero no haberlos hecho esperar demasiado”, dijo. Y enseguida lanzó una promesa: “Asegurémonos de que esta noche sea un jodido gran show”.
“sHe”, de Mind of Mine, su debut solista de 2016, apareció inmediatamente después y fue recibida a todo pulmón. Para entonces ya quedaba claro que el público se sabía las canciones de principio a fin y, en las partes más emotivas, podían verse varias chicas llorando mientras seguían cada palabra.
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“Met Tonight” devolvió el concierto al presente y luego llegaron “Birds on a Cloud” y “What I Am”. Durante esta última, las luces acompañaron el clima delicado de la canción mientras miles de manos comenzaron a moverse al mismo ritmo desde las tribunas y el campo.
“Mantengan esa energía”, pidió Zayn. No parecía necesario insistir demasiado. “Alienated” y “Dreamin” completaron el primer bloque, dominado por melodías tranquilas, románticas e introspectivas, fieles al estilo que el cantante eligió para buena parte de su carrera solista. En varios pasajes, la instrumentación quedó reducida al mínimo y sus agudos, una de sus marcas vocales más celebradas, ocuparon prácticamente todo el espacio.
A su alrededor, una banda integrada completamente por mujeres acompañó sin quitarle nunca el centro de la escena. Malik se encargó de destacarlas: “Me encantaría que les dieran la ovación más grande que hayan dado a todas estas personas increíbles detrás de mí”. El estadio respondió.

La voz fue la gran protagonista de la noche. En otro de los silencios apareció el primer canto típico del público argentino: “Olé, olé, olé, Zayn, Zayn”. Malik escuchó mientras la arenga se extendía por todo el Movistar Arena.
También quiso medir de dónde había llegado la audiencia. Preguntó cuántos eran de Buenos Aires y, enseguida, cuántos habían viajado desde otros lugares. Las dos consultas provocaron prácticamente el mismo griterío. “Creo que gritó la misma gente las dos veces”, bromeó. “Está bien. Lo acepto”.
Después de un interludio que combinó fragmentos de “Vibes”, “Talk to Me” y “Still Got Time”, “Concrete Kisses” abrió el siguiente tramo. “Gates of Hell” y “BoRdErSz” mantuvieron el recorrido por distintas etapas de su discografía hasta que el clima volvió a cambiar.
“Pongámonos sexies”, anticipó. Y llegó “PILLOWTALK”. Fue, sin discusión, la canción más gritada de la noche. Por momentos, el público se escuchaba incluso por encima de su voz. El sencillo con el que Zayn inició su carrera solista en 2016 debutó directamente en el número uno del Billboard Hot 100 en Estados Unidos y también encabezó el ranking británico. Diez años después, necesitó apenas sus primeros acordes para provocar uno de los mayores estallidos del show.
Al terminar, el músico compartió lo que todavía le genera interpretarla en vivo. “Estaba algo nervioso de cantar esta canción en el escenario por primera vez. Pero ustedes hacen que sea jodidamente increíble cada noche”, confesó. “Gracias por estar aquí conmigo. Gracias por disfrutar esto. Gracias por apoyarme. Gracias por todo el amor. No puedo agradecerles lo suficiente”.
Confirmamos. Somos el mejor público del mundo pic.twitter.com/gnElKzuewv
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“Lied To” apareció inmediatamente después y, entre los gritos que bajaban desde distintos sectores, Zayn respondió en español: “Te amo”. “Used to the Blues”, otra de las piezas de KONNAKOL, completó el bloque antes de que un momento instrumental a cargo de la batería diera paso a la siguiente parte del concierto.
El camino propio
“Take Turns” abrió el tercer bloque y mantuvo al nuevo álbum en primer plano. Después llegó “Fatal”, atravesada por ritmos arábicos y acompañada por un juego de luces que volvió a envolver al estadio.
“¿Se están divirtiendo?”, preguntó el cantante. La respuesta fue inmediata. Después quiso saber quién pensaba tomar algo esa noche. La introducción tenía un destino evidente: “dRuNk”, otro clásico de Mind of Mine.
Uno de los momentos más fuertes llegó enseguida con “iT’s YoU”, que el propio Zayn presentó como una de sus canciones favoritas para cantar. Hubo un silencio casi absoluto. Después de haber cantado a los gritos la mayor parte del concierto, el público se quedó quieto para escucharlo.
Por momentos quedaron únicamente Malik y su voz. Desde algún sector se escuchó un “te amo”, pero el resto del estadio mantuvo el silencio durante una de las interpretaciones más íntimas del concierto.
Un nuevo interludio, con fragmentos de “Love Like This” y “Trampoline”, condujo al último tramo. “Scripted”, de Icarus Falls, y “Sweat”, de Nobody Is Listening, completaron un recorrido que durante la noche pasó por los cinco discos de su carrera sin seguir un orden cronológico.
Entre tema y tema, Zayn también aprovechó para hablar con el público y responder a los saludos que llegaban desde las tribunas. Hacia el final volvió a devolver el cariño con una frase breve: “Los amo”.
Recién entonces, con el concierto cerca del final, volvió a aparecer el peso de la espera. Zayn no cantaba en la Argentina desde mayo de 2014, cuando llegó con One Direction al estadio de Vélez Sarsfield como parte del Where We Are Tour. Por entonces tenía 21 años y compartía escenario con Harry Styles, Liam Payne, Niall Horan y Louis Tomlinson. Menos de un año después dejaría la banda para iniciar su carrera solista.
Esta vez, el repertorio estuvo construido por completo alrededor de ese camino propio. No hubo canciones de One Direction: el recuerdo de aquella etapa apareció en algunas remeras del público, pero sobre el escenario Zayn se concentró en su presente.
“Moriríamos por vos”
Antes del último tema, mientras el escenario quedaba a oscuras, el público argentino volvió a hacerse escuchar con algunos de sus clásicos. Primero apareció “el que no salta es un inglés” y enseguida el “Argentina, Argentina”, que se extendió por distintos sectores.
La arenga tenía esa noche un contexto particular. Al mismo tiempo que Zayn se presentaba en Buenos Aires, Lionel Messi disputaba en el Monumental su partido de despedida de la selección argentina ante Benín, y entre el público también podían verse algunas camisetas celestes y blancas.
Entonces Zayn volvió al escenario para cerrar con “Die For Me”, la última canción del repertorio y una de las piezas centrales de KONNAKOL.

Durante el tema llegó además el fan action preparado por sus seguidores: desde distintos sectores se levantaron carteles con la frase “We would die for you” (“Moriríamos por vos”), en una referencia directa al título de la canción.
Con los papeles todavía en alto, Malik saludó al público y pidió que regresaran a sus casas con cuidado antes de despedirse. Los aplausos y los gritos volvieron a llenar el estadio mientras se alejaba del escenario.
A las 22.55, después de una hora y 25 minutos de show, 20 canciones, lágrimas y ovaciones, el tan esperado reencuentro llegó a su fin.


