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Perdió a su esposa en la tragedia del colegio ECOS y hoy, 20 años después, cuenta cómo siguió adelante

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Su esposa, Mariana Boyé, murió el 8 de octubre de 2006, hace exactamente 20 años, junto a nueve estudiantes del colegio ECOS cuando regresaban de un viaje solidario a Chaco.

En el primer aniversario, Diego Molina pasó diez horas colgando carteles y recibiendo donaciones en el estadio Obras. Fue el comienzo de un ritual que sigue reuniendo a familiares, amigos y músicos para continuar la tarea solidaria de Mariana y los chicos. Hoy, a los 57 años, Diego participa de las reuniones, da entrevistas y, a veces, sube al escenario con su guitarra. “Para nosotros, el 8 de octubre es un día de laburo”, dice.

Mariana Boyé y los nueve estudiantes del colegio ECOS que murieron el 8 de octubre de 2006, cuando regresaban de un viaje solidario a Chaco

-Cuándo se acerca el 8 de octubre, ¿qué le pasa?

-Para nosotros, desde el primer día, el 8 de octubre fue un día de laburo. Por lo menos yo me lo tomé así. El 8 de octubre de 2007, cuando fue el primer recital en Obras, llegué a las nueve de la mañana y me fui a las siete de la tarde. Diez horas de trabajo, hice de todo: desde colgar carteles hasta recibir donaciones en un camión que teníamos en la puerta.

-¿Y los días previos al aniversario?

-Trabajo. Trabajo en hacer notas, reuniones nuestras, reuniones con los músicos… Yo toco la guitarra y subo a tocar el tema “8 de octubre” con León y Los Tipitos. Y a veces subo a tocar un tema con Los Decadentes.

-¿Conserva un recuerdo preciso de aquella noche trágica?

-Sí, tengo un registro de lo que fue esa noche, esa madrugada, el viaje a Margarita…

-Dicen que el tiempo ayuda a olvidar. ¿Es así?

-Yo no creo que ayude a olvidar. Mi viejo falleció en 2000 y yo no me olvido de mi viejo. Creo que el tiempo ayuda a sanar un montón de cosas. Pero no es solo el tiempo: es la amistad, la posibilidad de formar una nueva pareja, seguir creciendo, la terapia… El tiempo es lo que transcurre mientras vamos viviendo y lo vamos llevando. Creo que tiene que ver más con eso. ¿Me acuerdo de cosas? Sí. También me acuerdo de otros momentos de mi vida. Pero no es que hago un revival todo el tiempo de lo que pasó ese 8 de octubre.

Desde 2007, los recitales de Conduciendo a Conciencia reúnen a músicos y público para promover la seguridad vial y apoyar el trabajo solidario en el norte del país. En el micrófono, Diego Molina

Mariana y la historia juntos

Diego conoció a Mariana en un campamento, en 1993. Él era profesor de Educación Física mientras que ella estaba por empezar quinto año en el Dámaso Centeno. Sí, se pusieron de novios. Y cinco años después, se casaron. Vivieron un tiempo en Paternal y luego se mudaron a Flores, el barrio donde él había nacido y crecido.

-¿Cómo era Mariana?

-Era una chica muy normal, muy comprometida y apasionada con su trabajo. Y muy compañera.

-¿Cómo empezó su camino profesional?

-Se recibió de psicóloga en 2005 y enseguida empezó a trabajar en el colegio ECOS, en el departamento de Psicopedagogía.

El viaje solidario

Mariana estaba entusiasmada con la idea de acompañar a los alumnos Ecos a Chaco. Era su primera vez en el viaje solidario, un clásico del colegio. Preparó una charla sobre educación sexual. Esa misma semana, Diego fue de campamento por su trabajo. Cada uno viajó por su lado.

-¿Qué significaba para ella participar de ese proyecto?

-Ella quería ir, le gustaba mucho el proyecto. Le encantaba, así que no había por qué no ir.

-¿Dónde estabas y cómo te enteraste del accidente?

-Yo me había ido de campamento también, pero me volví antes porque me agarré un cólico renal. El domingo a la noche recibí un llamado donde me dijeron que había habido un accidente. Traté de comunicarme con Mariana pero no pude. Me fui al colegio. Estuve ayudando ahí, haciendo lo que podía en ese momento… Me senté en el escritorio del director a recibir llamados, tratando de reunir los partes, porque a los chicos los habían llevado a distintos hospitales. Hasta que en un momento llamé al hermano de Mariana, le conté lo que había pasado y le dije que teníamos que ir para allá. Me pasaron a buscar con los padres de Mariana y nos fuimos.

-¿Qué pasó cuando llegaron?

Diego guarda silencio. “Hasta ahí”, dice buscando marcar un límite. No quiere profundizar sobre lo que encontró cuando llegó al lugar. También prefiere reservar las fotos personales de Mariana.

Vuelve a la noche del 8 de octubre de 2006. “En ese momento estás tratando de que la noticia no sea la noticia…”, dice. La delegación de ECOS regresaba a Buenos Aires después de realizar tareas solidarias en la escuela El Paraisal, en Chaco. Cerca de Margarita, Santa Fe, en el kilómetro 689 de la ruta nacional 11, el micro se encontró con un camión Fiat Iveco que circulaba en zigzag. Su conductor, Ángel Soto, estaba alcoholizado. Oscar Atamañuk, el chofer del ómnibus, giró hacia la izquierda e invadió el carril contrario, una maniobra que la Justicia consideró imprudente. Chocaron de frente.

Fallecieron Mariana y nueve estudiantes: Benjamín Bravo, Daniela D’Agostino, Federico Ecker, Julieta Giataganellis, Delfina Goldaracena, Justine Hartman, Nicolás Kohen, Lucas Levin y Julieta Posilovic. También murió Soto y su acompañante, Hugo Fabián Albrecht. En total, doce personas perdieron la vida. Los heridos fueron trasladados a distintos centros de salud. Las imágenes que circularon en los medios mostraban el micro de dos pisos con el frente destrozado, los parabrisas ausentes y la carrocería retorcida.

-¿Supiste en que parte del micro viajaba Mariana?

-El micro tenía dos pisos. Mariana estaba en la parte de abajo. Había tres adultos jugando al truco con tres chicos, el resto estaba arriba. De las seis personas que estaban abajo, Mariana fue la única que se fue.

-¿Cómo empezaste a convivir con esa pérdida?

-Es la que me tocó. No sé si es mejor o peor, es la que me tocó a mí. Y empecé a convivir con eso. Creo que ahí mis amigos fueron clave.

“8 de octubre”: músicos unidos en memoria de las víctimas de ECOS

Un camino compartido

Después de la tragedia, Diego se acercó a otros familiares de las victimas. El vínculo empezó a través de una alumna suya, Camila, cuya prima Julieta había muerto en el choque. Los padres de la adolescente lo invitaron a una reunión con los familiares. Ese fue el comienzo de una relación que, con los años, encontró otros motivos para seguir creciendo.

De esos encuentros nació Conduciendo a Conciencia, una asociación civil que reúne a familiares y amigos de las víctimas. Su trabajo combina la prevención de los siniestros viales con el apoyo a escuelas y comunidades del norte del país, dando continuidad a la tarea solidaria de los estudiantes y Mariana. Desde 2007 organiza recitales por el Día Nacional del Estudiante Solidario, que se conmemora cada 8 de octubre. Además de recordar a las víctimas y difundir el mensaje de cuidado en las rutas, esos encuentros permiten recaudar fondos para sostener las acciones solidarias durante el año.

León Gieco acompaña a los familiares desde los primeros encuentros y participa de los recitales que sostienen la tarea solidaria de la asociación

-¿Qué se propusieron cuando empezaron a trabajar juntos?

-Lo más importante que sucede a través de Conduciendo a Conciencia, de este grupo de padres, es que nos pusimos como meta que esto no vuelva a ocurrir. Cero víctimas por siniestros viales. Empezamos a trabajar con un petitorio para que se creara la Agencia Nacional de Seguridad Vial. Decidimos trabajar también sobre la solidaridad. Quisimos que esto que habían hecho Mariana y los chicos, el viajar a un colegio para ser solidarios con ellos, continuar esa obra.

-¿Qué lugar tiene el dolor en ese trabajo?

-El dolor siempre ha sido para nosotros algo muy privado, muy íntimo, y siempre hemos cuidado mucho eso. Se comparte dentro de cada familia y, a veces, entre nosotros. Podemos compartirlo de una manera distinta porque nos entendemos, porque nos conocemos hace veinte años. No es algo que solemos hacer público. A los dos o tres años empezamos a hablar más del Día del Estudiante Solidario y del valor de la vida que de la pérdida. Los chicos y Mariana siempre están presentes en el recital. Pero el concepto es darle valor a la vida, a la mía, a la tuya, a la de alguien que no conozco. Cada uno los recuerda como quiere, como puede.

-¿Cómo surgió la idea de hacer un recital?

-A los seis meses del choque, en la esquina del colegio, se hizo una movida de los padres para recordar y pedir justicia. Me llamó uno de los papás y me dijo: “Che, Diego, está esto, ¿vas a estar?”. “Listo, voy”. Ahí estaba Luis (Alberto Spinetta), León (Gieco) y Ricardo (Mollo). Luis era papá del colegio, su hija Vera estudiaba ahí. Había como un conglomerado de artistas que hoy son unos amigos divinos que tenemos. Ahí, empezó a surgir la posibilidad de armar un recital en Obras. Ahí, lo magnánimo de Los Auténticos Decadentes, porque no hay otra palabra: ellos produjeron durante doce años el recital del Día del Estudiante Solidario. De la mano de Marielita y Los Decadentes se armó cada 8 de octubre, invitando a artistas, viendo quién quería participar.

-¿Qué permite hacer lo que recaudan?

-Cada mango es un plato de comida. Hoy tenemos doce escuelas. No solo las apadrinamos, también las visitamos periódicamente, conocemos a los directores y los chicos y chicas. Desde 2019, por una idea de León, empezamos a cobrar entrada y cambiamos la forma de gestionar la donación. Compramos directamente en los lugares donde están las escuelas, en los mayoristas. Es menor el costo, es más simple. De todas maneras, este año vamos a volver a poner el camión para el que quiera llevar donaciones, en la puerta del Teatro Ópera.

Este año, al cumplirse veinte años de la tragedia, el recital será el 8 de octubre, a las 21, en el Teatro Ópera. Bajo el lema “Ser semilla”, reunirá a León Gieco, Los Auténticos Decadentes y Eruca Sativa, entre otros artistas. Lo recaudado se destinará a las escuelas y comunidades del norte del país que acompaña la asociación. Las entradas están disponibles por Ticketek y en la boletería del teatro.

El afiche del recital por los veinte años de la tragedia de ECOS, que se realizará este 8 de octubre en el Teatro Ópera bajo el lema “Ser semilla”

La justicia

Mientras los recitales y el trabajo solidario aumentaban, la causa judicial avanzaba lento y los familiares esperaban una resolución judicial definitiva. La causa pasó por una primera absolución del chofer del micro, luego anulada, y por condenas que fueron revisadas y una declaración de prescripción. En julio de 2019, la Corte Suprema dejó sin efecto la sentencia que había cerrado el proceso y ordenó un nuevo pronunciamiento.

En octubre de 2020, el chofer del micro, Oscar Eduardo Atamañuk, fue condenado por homicidio culposo múltiple a tres años de prisión en suspenso y cinco de inhabilitación para conducir. El tribunal consideró imprudente su maniobra de invadir el carril contrario. La condena quedó firme en julio de 2023, cuando la Corte declaró inadmisible el recurso de la defensa. Habían pasado casi diecisiete años desde el choque.

-¿Qué significó para ustedes esperar tantos años una resolución definitiva de la Justicia?

-El juicio penal fue una mierda. Se terminó de definir en 2023, diecisiete años después. La Justicia que llega tarde no es justicia. Siempre supimos que estaba recontra manejado, que estaba cajoneado. La causa llegó a prescribir y hubo que recurrir a la Corte Suprema para que volviera a tener vigencia.

-Además de la conducta de los choferes, ¿qué otras responsabilidades señalaron?

-Nos dimos cuenta de que hubo una cadena de errores. Estaban vendiendo alcohol en la ruta, no hubo control policial, el tipo pasó un peaje completamente alcoholizado, hubo llamados a la Policía y no actuaron… Hay una cadena de responsabilidades.

Durante esos años, los familiares compartieron también comidas, viajes y encuentros. Cuando Diego habla de lo que los une hoy, aparece una amistad que creció más allá del trabajo en la asociación.

-¿Cómo fue cambiando el vínculo entre ustedes?

-Hoy nos une una amistad hermosa. Con tres papás tenemos un grupo. Cada tanto comemos y nos vamos de viaje a recorrer el país. Hemos estado en El Chaltén, en Ushuaia, en El Bolsón. Si nos da, nos vamos a la costa y pasamos un fin de semana juntos. Hoy no nos une Conduciendo a Conciencia: Conduciendo a Conciencia está dentro de esa amistad. Me parece mucho más lindo y mucho más duradero que lo que nos une sea una relación de cariño.

Luis Alberto Spinetta con la remera que lleva el mensaje “Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser”, vinculado a la causa de Conduciendo a Conciencia

Una nueva familia, un recuerdo presente

Diego volvió a casarse y tuvo un hijo, al que llama Joaco. Desde chico lo acompañó a los recitales del 8 de octubre y compartió encuentros y viajes con sus amigos. Cuando tuvo edad para entender, Diego le contó quién era Mariana. “A los seis, siete años, le conté qué era Conduciendo a Conciencia, quién era Mariana, quiénes eran mis amigos. Porque nos encontrábamos, charlábamos, íbamos de viaje. Siempre estuvo acompañándome muchos 8 de octubre. Tengo una foto de cuando tenía tres años. Me tocó hablar ese día y lo tenía a cococho”.

-¿Sigue en contacto con la familia de ella?

-Con el hermano de Mariana, Edu, seguimos siendo amigos, muy amigos. Hace tres o cuatro meses nos juntamos. Fuimos a visitarlo y le dijo a Joaco: “Bueno, vamos a ir a comer hamburguesas a Carlitos”. Y Joaco le respondió: “Sí, sí. Mi papá tiene una foto con Carlitos y con Mariana”. Creo que para Edu fue muy linda la respuesta de mi hijo, sentir la presencia de Mariana en esa historia. Ella está ahí.

*NdR: Molina contó que las imágenes del micro accidentado les causan dolor a él y los familiares de las víctimas. Por respeto a ese sentir, decidimos no incluirlas en esta nota.

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