MARINA BAY, Singapur (enviado especial).- Estaba nublado a las 13 hora local cuando los mecánicos de los equipos -hay mil de ellos en cada Gran Premio-, se cocinaban a vapor durante 40 minutos en el segundo control de mochilas y pertenencias para entrar en el paddock. Ya habían superado uno para entrar al recinto del circuito hoy, junto a otros funcionarios, periodistas y trabajadores que estoicamente hacían cola ante una única línea de rayos X.
Después llegaron los invitados de los equipos, los VIP y empresarios acompañados de sus parejas o bellas señoritas con modelitos de Balenciaga, Dior, Versace y otros… Estaban en ese mundo paralelo que usa a este deporte como plataforma para la autopromoción. Las teles se entusiasmaban con la presencia de la estadounidense Kim Kardashian, que acompañaba a Lewis Hamilton.
En los hospitalities se dedicaban a tareas más formales.
La carrera corta de la F1 entrega 8 puntos al ganador y, desde ahí, uno menos a cada clasificado hasta la octava posición. Avanzar algún puesto en la largada podía ser posible. En las diferentes alternativas para llegar a ese punto desde la largada estaban pensando los protagonistas del medio pelotón: Liam Lawson (Racing Bulls), octavo; Isack Hadjar (Red Bull), noveno; Pierre Gasly (Alpine), décimo, y Franco Colapinto, 11º.
Franco fue protagonista en 2024 de una de sus mejores largadas en la F1 al adelantar por dentro a tres coches, Yuki Tsunoda, Carlos Sainz y Alex Albon, que se habían molestado entre sí. Quizás fuese esta la ocasión adecuada para tomar riesgos y menos atacar a Pierre en los primeros compases, excepto que el francés cometiese un error grueso. Aunque ya había mostrado Franco en Sepang el elevado ritmo de carrera del que dispone el A526, muy probablemente superior al de los Racing Bulls, si no podía pasar en los primeros compases, la sprint tendería a ser una procesión.
Cuando faltaban unos 30 minutos para la largada de la sprint, un manto de nubes negras cubrió el circuito.
En la grilla de salida, este enviado se acercó a un funcionario de Alpine que observaba el cielo con cierta expectación. Miró el celular. Le habían enviado una foto del radar. “Lluvia, en cinco minutos”, dijo. Y llovió, vaya si llovió. Los que nada tenían que hacer en los coches salieron corriendo en estampida hacia los garajes y boxes. Corrían los fotógrafos, los cameramen y los VIP. Se empaparon todos.
Se retrasó media hora la largada. Todos los equipos calzaron gomas de lluvia intermedias.
Franco movió antes que Gasly, situado a su izquierda. Llegando a la primera curva, Franco apareó a Gasly por fuera. El francés giró hacia el vértice y ambos ejes estaban ahí, a la par. Gasly mantuvo su ángulo de volante sin abrirlo, que hubiese hecho en caso de querer echar de la pista a Colapinto. No fue así. Ambos autos, lógicamente, se desplazaron hacia afuera. Franco tuvo que levantar el pie del acelerador y perdió posiciones. En la segunda vuelta estaba en la 12ª posición. El accidente en la recta principal de George Russell, que le había arrebatado el liderazgo en la largada a Max Verstappen, propició un safety car y el paso por el pit lane del pelotón. Franco cumplió la tercera vuelta y poco después su coche se desconectó. Se había quedado sin comunicación con su muro y ya no podía seguir.
En el corralito declaraba no saber qué había pasado: “Una lástima, era una gran oportunidad”.
Colapinto, con un auto a revisar, dejaba el corralito con un gesto de inconformismo, pero ya pensaba en la prueba de clasificación para el Gran Premio.
Esta minicarrera la ganaba Max Verstappen. Nada menos que nueve autos en 21 vueltas iban a abandonar. El antecedente más cercano era el GP de Austria en 2020, también con nueve abandonos.
El Alpine de Gasly, que había logrado avanzar hasta la octava posición, no tenía ritmo y el francés había descendido hasta la 11ª posición. Los abandonos le beneficiaron y acababa noveno, fuera de los puntos, pero Liam Lawson, con su Racing Bulls, sumaba 4 unidades y la escuadra de Faenza se alejaba un poco más de Alpine en el certamen.
En el garaje de Alpine se identificaba un problema con el conjunto de la batería del coche de Colapinto, que fue rápidamente reemplazado por otro que ya se había utilizado y, por tanto, no iba a haber una penalización.
Un eje rebelde
La noche ya había caído sobre el circuito de Marina Bay cuando los 11 equipos se preparaban para salir a clasificar. Temperatura de pista, 36ºC; en el ambiente, 29ºC; humedad, 76%. La gigantesca vuelta al mundo, la noria de 165 metros de altura desde la que se domina todo el ámbito de Singapur, aparecía suspendida en el aire con su iluminación de leds morados. Los finos rayos que la soportan, visibles de día, se fundían contra el cielo ennegrecido. No se esperaba lluvia. El pavimento, seco y lavado. Había que engomarlo nuevamente.
En la Q1, en la que Lewis Hamilton (Ferrari) fue el más rápido, Franco llegó a estar séptimo, faltando muy poco, con un registro de 1m33s261/1000. Sin embargo, segundos después, Gasly marcaba 1m33s182/1000. Con ello, el francés pasaba a ser séptimo en esa parte y justo por delante de Colapinto quedaba Verstappen, octavo, con 1m33s241/1000. En ese momento, el Racing Bulls de Lawson parecía muy fuerte, porque quedaba 4º con 1m32s885/1000.
Los dos Alpine pasaron así, sin problemas, a la Q2.
Ya había que hilar fino y desafiar a los muros. Los pilotos debían confiar a ciegas en el auto, en que el eje delantero y el trasero obedecieran como un caballo pura sangre amaestrado a las riendas en un concurso de dressage. Ambos Alpine estaban en los boxes haciendo sus últimos ajustes cuando faltaban 4 minutos para acabar esa parte. Gasly era 11º y Colapinto 16º. El desafío era batir a Lawson e impedir una recuperación de Lindblad, que había acabado 10° la Q1, justo por detrás de Franco.
Así se jugaron las últimas fichas, saliendo a pista faltando dos minutos y medio. No fue el argentino el único en rozar o sacudir ligeramente los muros, pero lo hizo en la que tenía que ser su vuelta más rápida. El coche se le cruzó de atrás más de lo que parecía lógico y el tiempo perdido lo dejaba 16º absoluto y fuera de la Q3. Había marcado 1m33s787/1000, mucho más lento que el 1m33s261/1000 de la Q1.
En el corralito, Franco explicaba lo sucedido a la prensa escrita, de la que formaba parte el enviado de LA NACION:
—Te veías muy bien después de la Q1, pero tocaste el muro al final de la sesión.
—Sí, es muy extraño. Antes del muro ya iba mucho más lento que en mi vuelta de la Q1, lo que normalmente no debería pasar por mucho. Muy extraño, no tenía agarre trasero en la última vuelta, era extremadamente pobre, fue el peor balance que he tenido en todo el fin de semana. Un poco perdido, para ser sincero, porque en la Q1 se sintió bastante fácil dar una vuelta y no venía nada mal, pero luego el auto se sentía muy, muy inestable.
—Cambiaron la batería después del sprint, ¿es correcto? ¿Así que eso estuvo bien?
—Sí, algo se rompió, así que tuve que reemplazarla.
En la Q3, Gasly conseguía superar a ambos Racing Bulls y largará el Gran Premio desde la octava posición.
Fuentes cercanas a Alpine explicaban que el equipo estaba haciendo su propio balance: ambos pilotos habían trabajado con programas ligeramente diferentes, mientras el equipo estuvo experimentando con una vuelta de preparación con Pierre. En la Q2, ambos usaron neumáticos blandos nuevos en sus primeras salidas y los dos tuvieron algunos problemas con el despliegue de la energía. Después, el equipo se centró en maximizar las vueltas de salida en la Q2, con Pierre progresando hasta la P10, mientras Franco quedaba afuera, en la posición 16 (largará 15° por la penalización a Russell). Añadían que el piloto informaba de problemas con el eje trasero y que eso se iba a revisar.
Mañana tendrá Franco que realizar otra carrera de recuperación. Ya está acostumbrado y suele hacerlo muy bien.


