Buenos Aires, 11 octubre (NA) – Hay discos que, más allá de su época, conservan intacta la intensidad con la que fueron concebidos. From the Cradle, el álbum con el que Eric Clapton volvió a sumergirse en las raíces del blues en 1994, es uno de ellos. El sábado por la noche, en el Conventillo Cultural Abasto, Juan Manuel Rodríguez Silva reunió a un grupo de destacados músicos para recrear de principio a fin aquella obra visceral, marcada por el sonido crudo de las guitarras, la herencia de los grandes maestros del género y una oscuridad que parece recorrer cada una de sus canciones.
Rodríguez Silva asumió la voz principal y compartió las primera guitarra con Demián Núñez. El resto de la formación la completaron Lucas Ferrari (Antigua Jazz Band) en teclados, Pipo Herlein (Blues del Sur) en bajo y Federico Razetti en batería. A ellos se sumó Santiago Sorrentino, cuya armónica apareció en los mismos pasajes en los que Jerry Portnoy dejó su huella en la grabación original.
La propuesta respetó el espíritu y el repertorio del álbum, aunque se permitió algunas licencias. La primera fue alterar el orden de algunas canciones, posiblemente para favorecer la dinámica del concierto. Si bien abrieron con Blues Before Sunrise y cerraron con Groaning the Blues, tal como figura en el álbum, las dos piezas acústicas, Driftin’ Blues y Motherless Child, sonaron consecutivamente, con Rodríguez Silva y Núñez solos en el escenario. También agruparon los cuatro temas con armónica, entre ellos Hoochie Coochie Man y Standin’ Round Crying.
Además hubo espacio para una excursión fuera del repertorio original: interpretaron Crosscut Saw, el clásico asociado a Albert King, que aportó una nueva dosis de intensidad a la velada. Los temas conservaron el pulso del disco de Clapton, enriquecidos por la personalidad de cada instrumentista y por una interacción que fue ganando energía a medida que avanzaba el concierto.
Los conocedores de From the Cradle pudieron advertir algunas diferencias en los arreglos. La ausencia de una sección de vientos, por ejemplo, modificó la arquitectura sonora de canciones como I’m Tore Down, donde las guitarras asumieron buena parte del protagonismo. La banda respondió con un sonido compacto, una base rítmica firme y un permanente diálogo entre las seis cuerdas de Rodríguez Silva y Núñez.
Hubo dos momentos que sobresalieron especialmente. El primero llegó con Someday After a While, cuando Rodríguez Silva alcanzó un registro vocal descomunal. El segundo apareció en Blues Leave Me Alone, con un formidable duelo de guitarras slide que llevó la temperatura del concierto a su punto de ebullición. Los dos guitarristas se encontraron allí en un terreno de expresión compartida, con las cuerdas deslizándose entre fraseos, respuestas y acentos de una tradición que sigue encontrando nuevas voces.
En algún momento del concierto, Rodríguez Silva reflexionó sobre el estado emocional de Clapton cuando grabó From the Cradle. El guitarrista inglés estaba profundamente enojado y esa oscuridad recorría cada una de las canciones. La observación adquiere otra dimensión al recordar que se trató de su primer álbum de estudio después de la muerte de su hijo Conor, ocurrida en 1991.
Grabado con una banda de músicos experimentados y publicado en septiembre de 1994, From the Cradle significó un regreso explícito de Clapton al lenguaje de sus primeros héroes: Muddy Waters, Freddie King, Lowell Fulson, Elmore James y Willie Dixon, entre otros. El álbum reunió versiones de clásicos del blues eléctrico y se convirtió en uno de los trabajos fundamentales de la recuperación del género durante aquella década.
La elección de este repertorio también dice mucho sobre el recorrido de Rodríguez Silva, un músico que ha convertido los conciertos temáticos en una forma de explorar las obras que marcaron su educación musical. En otras oportunidades encabezó homenajes a los Allman Brothers Band, George Harrison, Jimi Hendrix y Cream, además de una recreación del concierto que Clapton ofreció en el estadio de River Plate en 1990.
Esta vez, la mirada estuvo puesta en un disco particularmente exigente, que demanda tanto conocimiento del lenguaje del blues como sensibilidad para abordar canciones cargadas de tensión emocional. Y esa familiaridad con el material se hizo evidente en los fraseos, los solos, las intervenciones de la armónica y la solidez de una banda que encontró su mejor expresión en el trabajo colectivo.
A lo largo del concierto, cada canción dejó entrever la admiración de los músicos por Clapton y por los artistas que alimentaron su universo sonoro. En el Conventillo Cultural Abasto, aquella música que el guitarrista inglés recuperó hace más de tres décadas volvió a encontrar su cauce, impulsada por dos guitarras que parecían conocer de memoria cada curva del camino.
Agencia NA


