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El periodismo después de la nota

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El periodismo lleva unos 20 años de lucha áspera con la tecnología. Desde que aparecieron internet, Google y las redes sociales, se habla cada vez más del fin de los medios y su obligación de adaptarse. La inteligencia artificial parece un golpe más en una cara llena de dedos. Sin embargo, tal vez por tanto boxeo previo, puede que el periodismo esté bien entrenado para encontrar su lugar en un contexto informativo totalmente nuevo, donde los agentes de IA busquen información por nosotros y la procesen como mejor nos sirva. Dentro de diez días, esta discusión estará al rojo vivo en la Media Party, un evento que reúne en el Centro Cultural Konex a periodistas, programadores e inversores. Será el lugar ideal para discutir cómo se juega este partido nuevo.

Un buen punto de partida es un informe que David Caswell, exresponsable de innovación en BBC News, y Shuwei Fang, investigadora de Harvard, publicaron el mes pasado. Su conclusión principal es que, para encontrar el valor del periodismo en esta era, hay que separar la actividad de los medios del producto que ofrecen. Lo valioso es el dato oculto, o el vínculo con la fuente que atiende el celular para confirmar una pista, más el criterio para entender dónde está la noticia entre los millones de datos que hoy se pueden monitorear con IA. Lo irrelevante es la nota en sí, el título, el video o el podcast que se haga con eso, que hoy tan fácilmente hace un bot.

Lo valioso es el dato oculto, o el vínculo con la fuente que atiende el celular para confirmar una pista, más el criterio para entender dónde está la noticia entre los millones de datos que hoy se pueden monitorear con IA

Hay startups informativas que ya lo entendieron. AppliedXL, de Francesco Marconi, ex Wall Street Journal, lee los registros de ensayos clínicos con IA, detecta señales antes de que sean noticia y las vende a través de STAT, un medio de salud, y de la terminal de Bloomberg.

Hunterbrook combina una redacción de investigación, fuerte uso de IA y un fondo de inversión. Hace poco reveló problemas en un monitor de glucosa de la firma especializada Dexcom. Pero antes de publicar la nota, su fondo apostó a la baja de las acciones de Dexcom… que efectivamente cayeron cerca de 10 por ciento debido a la noticia. Es polémico, pero con eso financian sus investigaciones, que son gratuitas para los lectores.

Mizal, el emprendimiento de Florent Daudens, exeditor de Radio Canadá, ofrece a sus usuarios que seleccionen uno o más temas que quieran seguir de cerca. Mizal monta una serie de agentes de IA que relevan cientos de fuentes alrededor de ese tema (los llaman “obsesiones”) y detectan cambios relevantes.

Se necesita conocimiento muy detallado y específico de los temas para aportar ese tipo de información, y los grandes modelos de lenguaje, sin apoyo experto, no tienen esa profundidad

Daudens hizo hace poco un experimento: le pidió a su agente de IA personal que le consiguiera datos confiables sobre un tema en el sitio de Mizal y le dio un presupuesto de cinco dólares. El agente encontró la información, analizó si era valiosa, y decidió pagar dos dólares por obtenerla. Es solo un caso aislado, pero muestra que –incluso si los agentes se vuelven intermediarios de todo nuestro consumo de información– habrá modelos de negocio que permitan ganar plata a quienes generen esa información.

Marconi publicó un artículo titulado “¿Quién va a monetizar la verdad?”. Su tesis es que la información valiosa es la que sirve de forma directa para tomar decisiones relevantes, y que eso –que solo algunos medios ofrecen– será la estrella de las empresas periodísticas exitosas del futuro. Se necesita conocimiento muy detallado y específico de los temas para aportar ese tipo de información, y los grandes modelos de lenguaje, sin apoyo experto, no tienen esa profundidad.

El problema, que él mismo reconoce, es quién paga por la información que no es directamente útil, pero que nos mantiene informados como ciudadanos, o simplemente entretenidos. Marconi sugiere que eso requerirá cada vez más apoyo filantrópico o estatal, como ya pasa con los medios locales.

Parece haber un modelo de negocio promisorio para quien consiga primicias sobre industrias de peso. Para lo demás, habrá que ir a la Media Party y seguir pensando.

*La autora es directora de Sociopúblico

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