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“El nombre de la rosa”, de la consagrada novela de Umberto Eco al cómic luminoso de Milo Manara

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¿Qué puede surgir del encuentro creativo de dos grandes maestros que profesaban admiración mutua? Una obra de arte, sin ninguna duda. Es lo que sucedió cuando el artista italiano Milo Manara, referente indiscutible del género historieta, creó una versión propia de El nombre de la rosa, obra cumbre de Umberto Eco y su libro más vendido. El resultado de ese extraordinario cruce son los dos tomos de la novela gráfica surgida de los lápices y plumines de Manara, que rinde de esta manera un merecido homenaje al escritor y filósofo italiano fallecido hace diez años, el 19 de febrero de 2016.

Umberto Eco en su casa en 2012, durante una entrevista con LA NACION

Así como en diversas entrevistas Manara se declara admirador de Eco, los hijos del autor de El péndulo de Foucault le revelaron al historietista el deseo de su padre de que fuera él (y solo él) quien hiciera la adaptación en viñetas del thriller histórico publicado en 1980 que marcó la literatura contemporánea, cambió para siempre la novela histórica y se convirtió en un long seller traducido a más de cincuenta idiomas.

Publicado por el sello Lumen, el primer volumen de la novela gráfica salió en 2023 en Europa y se convirtió de inmediato en un verdadero suceso. El segundo tomo, que empieza con una escena de sexo entre una joven “voluminosa” y el novicio Adso de Melk, el narrador del tenebroso relato, salió en 2026 en español y llegó en agosto a las librerías argentinas. Cada uno cuesta alrededor de $45.000, según la edición (tapa dura o blanda).

Para retratar al monje, Milo Manara se inspiró en los rasgos de Marlon Brando

Una de las primeras curiosidades de la novela gráfica es que el homenaje a Eco es explícito: en las primeras páginas del tomo uno aparece una caricatura muy realista del autor. En la segunda escena, mirando a “cámara”, con su característico look con sombrero, lentes, barba y sobretodo, Eco les cuenta a los lectores que en agosto de 1968 fue al monasterio Stijt, ubicado “en un recodo del Danubio en las cercanías de Melk”. Revela que buscaba “algún rastro de un antiguo manuscrito”, que tuvo en sus manos por poco tiempo porque se lo robaron. Había conservado, por suerte, los cuadernos en los que había registrado su traducción. Nunca más volvió a ver el documento donde el joven novicio Adso había narrado la historia de crímenes misteriosos que transcurre puertas adentro del monasterio en plena Edad Media.

En la adaptación cinematográfica dirigida por Jean-Jaques Annaud, Sean Connery es el monje Guillermo de Baskerville y Christian Slater, el joven novicio

Siguiendo lo que el autor relata en la nota preliminar de su voluminosa novela, el Eco personaje cuenta en uno de los cuadros que se había topado en “1970, en Buenos Aires, en las estanterías de una pequeña librería de viejo de Corrientes” con un libro que contenía numerosas citas del manuscrito. Ese es el puntapié del que parte Manara para que el Eco narrador dé inicio a la trama. Un recurso inteligente que funciona a la perfección, dado que el historietista logra sintetizar en algunas pocas viñetas iniciales el texto erudito y cargado de referencias con el que empieza El nombre de la rosa.

Milo Manara, lector y admirador de Eco desde siempre

La crítica europea elogió con fervor la obra de Manara: “Un trabajo bello, sabio y sugerente. […] Manara ilumina la novela de Umberto Eco con su dibujo [que] permite mostrar zonas que antes permanecían a oscuras”, escribió Jordi Canyissà, de La Vanguardia; “Todo su indiscutible talento está al servicio de reflejar el agreste paisaje montañoso, las muchas dependencias de la abadía y los caracteres físicos y psicológicos de los cultos, convulsos, lujuriosos, criminales -y según, o todo a la vez- enfrentados monjes”, dijo Manuel Hidalgo, de El Cultural; “Si algo ha hecho este historietista italiano […] es crear belleza. […] Manara demuestra con sus viñetas que había luz en el oscuro ambiente de esa abadía” (Pilar Martín, de agencia EFE); “Dos genios unidos en una obra cumbre de la narrativa gráfica […], llamada a convertirse en un clásico del Noveno Arte”, dictaminó un crítico del Corriere di Bologna; “Cuando un maestro del dibujo se encuentra con un maestro de la palabra, solo hay un resultado posible: sublime”, resumió La Repubblica.

Eco dejó firmada la autorización para que Manara adaptara su novela

“Está claro que leí El nombre de la rosa cuando salió. Yo ya conocía a Umberto Eco como crítico, pero también como escritor, a través del semanario L’Expresso, donde tenía una sección fija que se llamaba ‘La Agustina de Minerva’. Por lo tanto, ya era un gran lector suyo, y luego lo he sido cada vez más, cuando ha empezado a escribir novelas: El nombre de la rosa, El péndulo de Foucault, Baudolino, La isla del día antes… No me he perdido ningún libro de Eco”, dijo Manara en una entrevista con Álvaro Pons en la revista Lengua del grupo Penguin.

Allí también le preguntan por su decisión de enfrentar el desafío de trasladar el magistral relato al lenguaje de la novela gráfica: “Al tratarse de un libro de libros, es decir, un libro que habla de libros que hablan de otros libros, me alegra haber hecho esta versión en cómic. A diferencia de la película, en este caso también es un libro, lo cual cierra el círculo del libro que habla de libro, como una matrioska”.

Manara se refiere a la adaptación cinematográfica dirigida por Jean-Jaques Annaud, con Sean Connery como el monje Guillermo de Baskerville y Christian Slater en el papel del joven novicio. Como si fueran Sherlock Holmes y Watson, ambos investigan las misteriosas muertes ocurridas puertas adentro del monasterio.

Eco, en el rodaje del film

Apenas salió el primer volumen en Europa, los críticos resaltaron que la visión de Manara “ilumina” la novela original y se aleja del ambiente lúgubre del film. Además, en las viñetas, el monje protagonista no se parece a Sean Connery sino a Marlon Brando. Fue una decisión creativa para tomar distancia de la imagen que quedó para siempre en la mente de quienes vieron la película, que se estrenó en septiembre de 1986, hace cuarenta años. Otra gran diferencia con el film es el erotismo, un sello del historietista, que contó con la colaboración de su hija Simona como colorista de las viñetas.

Manara contó con la colaboración de su hija Simona como colorista de las viñetas

“Quería declarar desde el principio que mi trabajo no tiene nada que ver con la película, sino que arranca del libro. Por lo tanto, quise marcar enseguida esta diferencia haciendo, digamos, un sacrilegio. Porque Guillermo de Baskerville estaba en el imaginario de todos como Sean Connery. Pero yo quería reemplazarlo por otro rostro que tuviera la misma potencia, la misma fuerza, la misma historia y que se adhiriera un poco más a la descripción que Umberto Eco hace de Guillermo, por ejemplo, cuando habla de la nariz aguileña y de una mirada penetrante. Tuve esta imagen de Marlon Brando y ya no pude deshacerme de ella. La diferencia principal entre la película y la novela y también con respecto a mi versión es que la novela de Eco no es una novela gótica, mientras que la película de Annaud sí lo es”, declaró Manara.

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Y resaltó también un vínculo entre Eco y Borges a partir de la descripción que hace el autor de la biblioteca del monasterio: “Para mí, la inquietud de esta biblioteca radica en el concepto de Borges: estas salas que son todas iguales, cada una con dos puertas con sus mesas con armarios llenos de libros y en silencio. Pasar de una sala a la siguiente, todas iguales hasta el infinito, con esos libros que van murmurando, que dicen y que te gritan. Un libro te dice algo y el otro libro que te dice que no, es una mentira, yo te estoy diciendo la verdad. Yo tenía que imaginar todas estas voces”.

Con El nombre de la rosa, thriller histórico y erudito, Eco debutó como autor de ficción. La trama combina con maestría filosofía, religión, fanatismo, secretos, crímenes y sexualidad, con una gran dosis de ironía. Fue publicada en italiano en octubre de 1980 por la editorial Bompiani. Pocos meses después, se habían vendido 300.000 ejemplares. En 1981, ganó su primer premio: el Strega. Al año siguiente, recibió el Médicis Extranjero, importante galardón literario otorgado en Francia a la mejor obra traducida. Y en 1983 fue incluido en la lista de los mejores libros del año del New York Times. La edición en español salió en diciembre de 1982 por Lumen.

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Ninguno de los otros libros de ficción de Eco, desde El péndulo de Foucault (1988) hasta su última novela, Número cero (2015), una sátira sobre el periodismo sensacionalista en la Italia de los años noventa, logró la misma repercusión que su primera obra. El éxito de la novela y, también, el universo creado a su alrededor (incluidas teorías interpretativas sobre los símbolos y los personajes históricos), llevaron a Eco a escribir Apostillas a El nombre de la rosa, una especie de ensayo donde cuenta cómo y por qué surgió aquella historia. Una delicatesen para fanáticos que en la actualidad es difícil de conseguir en librerías argentinas; se ofrece algún que otro ejemplar en ferias de usados.

Cuando salió (en 1983 en italiano y en 1985 en español), Eco declaró en una entrevista con la radio de El País que había escrito las apostillas porque estaba harto de responder las preguntas que le hacían periodistas y lectores de todo el mundo.

El furor global por la exitosa novela se refleja, también, en adaptaciones que van más allá del cine. Por ejemplo, un emblemático videojuego inspirado en El nombre de la rosa: La abadía del crimen, lanzado en 1987, fue creado por dos españoles, Paco Menéndez y Juan Delcán. Si bien Eco no se refirió públicamente a la versión gamer de su best seller, sí había dado su aprobación para que Manara trasladara la historia al formato de novela gráfica.

Admirador del artista y apasionado lector de historietas (en su ensayo Apocalípticos e integrados, defiende el valor del cómic como una forma de arte y narrativa mayor), el escritor dejó firmada y autorizada la adaptación gráfica a cargo de Manara. Para Eco, confiarle su obra más célebre al maestro italiano del cómic no era un riesgo, sino un honor debido al respeto intelectual que le tenía.

Tras su muerte, los herederos cumplieron su deseo y convocaron a Manara con la consigna de que trabajara con libertad. Eso permitió decisiones creativas singulares como que el personaje de Guillermo de Baskerville no se parezca a Sean Connery sino a Marlon Brando.

“Cuando tengo ganas de relajarme leo un ensayo de Engels, si en cambio quiero mantenerme ocupado, leo a Corto Maltés”: la frase, casi un lema de Eco sobre su visión del género de las viñetas, aparece como epígrafe en el inicio del primer tomo de El nombre de la rosa. Al pasar la página lo primero que aparece es un fiel retrato de Eco dibujado por Manara.

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