RIO DE JANEIRO.- Es el emblema, el alma, el líder, la guía, el que marca el pulso. Es el técnico dentro de la cancha y el futbolista que regresó para cumplir con una cuenta pendiente con su equipo, su club: ganar un torneo internacional. Con Boca sosteniendo una victoria ajustada que lo impulsaba a definir por penales, Leandro Paredes sacó a relucir la chapa de futbolista de elite, distinguido, de partidos importantes: después de 11 días de la lesión muscular que lo marginó del juego de ida frente a Vasco da Gama, en la Bombonera, con un remate desde 30 metros convirtió el 3-1, selló la serie, revirtió la llave y los xeneizes se clasificaron para la final de la Copa Sudamericana que se disputará el 21 de noviembre en el estadio Metropolitano, de Barranquilla.

El eje del Mundo Boca, desde la caída en el primer partido, era el estado de Paredes. La ansiedad carcomía a los de afuera, mientras desde las entrañas del vestuario el director técnico Rodolfo Arruabarrena jugaba a despistar, a engañar con sus mensajes. No quería apresurarse el Vasco, no tenía intenciones de apurar una decisión, porque Boca está con posibilidades de dar batalla y coronar en todos los frentes: la Copa Sudamericana, la Copa Argentina, la Tabla Anual y el torneo Clausura. Un póquer de títulos en juego, y tener en el campo a Paredes como líder es un plus para este equipo que en el momento más delicado de la serie con los cariocas descubrió en el N°5, que llevó la cinta de capitán apenas reemplazó a Rodrigo Battaglia, la luz para alumbrar la clasificación y encender una ilusión: los xeneizes no levantan un trofeo de la Conmebol desde 2008, cuando ganó la Recopa Sudamericana.
Un día antes del partido, en la práctica en el predio de Flamengo, Paredes completó casi todos los ejercicios junto con sus compañeros, aunque sin demasiada intensidad. El campeón del mundo se sometió a un tratamiento con plasma rico en plaquetas, similar al que realizó durante el Mundial 2026, con la intención de acelerar la recuperación. Jugar, de todos modos, implicaba un riesgo. “Trataré de pensar en lo que más nos conviene deportivamente. Los tiempos no son los que pensábamos que íbamos a tener y tampoco me gusta arriesgar”, avisó Arruabarrena.

El técnico nunca desmintió la posibilidad, quizás con la intención de generar incertidumbre en el rival brasileño. Asomó como un DT que desestimaba la especulación: “No sé de dónde sacan esas versiones. Los 33 [jugadores] del plantel van a viajar a Brasil. Después, Leandro está en su recuperación, es un chico que siempre quiere estar y es importante para nosotros, pero hay tiempos… Y más en esta etapa de definiciones, para ver si podemos apuntar a pelear por algo importante”, comentó.
En un primer tiempo en el que Boca recompuso la imagen, después de la derrota en la Bombonera, la ventaja 2-0 oxigenó. Entonces la figura de Paredes empezó a tomar fuerza para administrar el ritmo, porque Vasco da Gama empezaba a asustar: los cariocas estaban a un gol de la definición por penales y el Maracaná era una caldera. A los 12 minutos del segundo tiempo, el entrenador jugó la carta, esa que provocaba alivio porque el capitán podía devolverle al equipo el orden que se había perdido, pero también riesgo por ese desgarro grado 2 en el isquiotibial derecho que sufrió con Instituto, de Córdoba.
El gol de la clasificación para la final de la Copa Sudamericana
Nueve minutos recorrió el reloj, con un resbalón que causó un susto por el esfuerzo para ensayar un cambio de frente, y el descuento de Vasco da Gama arrojó más dudas que soluciones. Paredes no se hundió, pidió la pelota, calmaba a Di Lollo que se apresuraba en lanzar pelotazos para la velocidad del colombiano Villa, ordenaba al resto y con gestos indicaba que había un resto que echar para lograr la clasificación. Apenas el árbitro Valenzuela indicó que era el espacio para la pausa de hidratación, se acercó al juvenil Flores y lo animó, después de que perdiera la marca de José Luis Puma Rodríguez, autor del descuento. Todas señales de un líder positivo, de un hombre que empuja y no genera agitaciones internas que siempre provocan inestabilidad. Boca necesitaba de toda su experiencia para dar el golpe en el Maracaná, ahí donde en 2023 los xeneizes perdieron la final de la Copa Libertadores ante Fluminense.

“Difícil encontrar palabras para graficar lo que estoy sintiendo y viviendo. Agradecimiento para este grupo de personas que no deja de empujar para llevar al club a donde se merece; también a los médicos, kinesiólogos, la familia. Los de adentro sabemos del esfuerzo”, apuntó Paredes, en la charla con la transmisión de ESPN. “Una vuelta muy buena, un partido perfecto de principio a fin. Los dos teníamos ganas de que estuviera en el campo, pero el riesgo era muy grande. Creíamos que lo mejor era arrancar desde afuera y salió muy bien”, agregó el líder, que tuvo el respaldo de Arruabarrena: “Una semana difícil por todo lo que se había comentado. El resultado me da la razón, pero tampoco creo que la tengo. Decisión difícil. Entendíamos que el momento idóneo para entrar era el segundo tiempo, con el trajín del equipo rival. Lo importantes es que hizo un esfuerzo y no sintió nada. Es un capitán, un líder, en el banco, en el día a día...”, relató en la rueda de prensa el director técnico.
Arruabarrena sobre el liderazgo de Paredes
La serie se encaminaba hacia los penales, pero el ingreso de Paredes no había sido únicamente para ayudar: el destino le tenía reservado un espacio principal en un episodio que Boca esperaba con ansiedad, después de algunas frustraciones. Entonces, recibió un pase de Milton Delgado y sin rivales en el camino, apuntó y sacó el remate: un tiro que no parecía llevar un riesgo importante, aunque la trayectoria hizo un dibujo que descolocó al arquero Léo Jardim, que tuvo una reacción floja y en el intento de corregir evidenció el error de cálculo.
De lesionado a héroe, Paredes rompió el hechizo de Boca en el Maracaná, donde no ganaba desde 1998, a Flamengo, por la Copa Mercosur, en tiempos del Virrey Bianchi. También dejó su marca personal, más allá de anotar el gol de la clasificación: jugó tres veces en el emblemático estadio de Río de Janeiro y firmó tres festejos. Levantó la Copa América 2021 frente a Brasil; ingresó desde el banco de suplentes en el triunfo de la selección sobre el Scratch, el primer traspié brasilero en la historia de las eliminatorias, anoche, y el éxito y clasificación de los xeneizes para la final de la Copa Sudamericana.


