¿Sabe un vecino lo que realmente pasa en su cuadra o en su barrio? Para el politólogo Marcelo Insúa, responder esa pregunta implica primero resolver un problema estructural: el acceso a la información pública que, muchas veces, resulta difícil de encontrar y comprender para el ciudadano común. “Durante décadas, controlar al Estado fue un privilegio de especialistas. La información era pública en teoría, pero para entenderla hacía falta un contador, un abogado y mucho tiempo libre”, comenta a LA NACION.
Aquel fue el disparador para diseñar, junto a Jesús Rodríguez, economista y expresidente de la Auditoría General de la Nación, una herramienta basada en transparencia y datos abiertos, con el objetivo de que los gobernantes “no hagan magia, sino que muestren todo”.
El resultado fue Ciudad Abierta, una plataforma que integra a Gardelito, un asistente de inteligencia artificial generativa “al servicio de los ciudadanos”, que cruza datos oficiales y responde consultas complejas vinculadas a leyes, contrataciones y presupuestos. También deriva reclamos barriales al funcionario correspondiente.

“Hoy un vecino puede preguntar en su propio idioma cuánto se gastó en la plaza de su barrio y obtener la respuesta en minutos. El ciudadano deja de ser un espectador que vota cada dos años y pasa a ser un auditor permanente de lo que se hace con sus impuestos”, ilustra Insúa.
Bajo esa línea, Rodríguez suma: “La ejemplaridad de los gobernantes solo será posible si hay transparencia en los actos de gobierno y rendición de cuentas de los funcionarios. Esta aplicación es un aporte a esa necesidad democrática”.

En detalle, el corazón del desarrollo es un mapa interactivo en tiempo real que visibiliza tanto las demandas vecinales como la asignación de recursos presupuestarios por comuna. En un mismo entorno digital de libre acceso, la plataforma unifica el historial de los presupuestos porteños de los últimos 18 años, las leyes vigentes de la Ciudad, una década de boletines oficiales, la nómina de más de 900 empresas proveedoras y el registro de 350.000 contratos firmados en los últimos años.
A su vez, la comunidad puede proponer ideas para sus barrios, someterlas a votación y consultar los informes elaborados por el observatorio técnico de la plataforma.
En su primer mes de lanzamiento, Ciudad Abierta ya acumula más de 600 usuarios registrados y alrededor de 200 reclamos y propuestas. “Mucha gente nunca había visto el presupuesto de su comuna, ni sabía cuántas obras había en su barrio ni en qué estado estaban. Aparecieron señales de que los reclamos llegan: varios vecinos recibieron correos del Ente Único Regulador de los Servicios Públicos para ratificar sus denuncias, y la presidenta de una Junta Comunal se comunicó con nosotros para saber quiénes éramos y terminó felicitándonos”, cuenta Insúa.

No obstante, aclara que Ciudad Abierta “no recibe fondos públicos, ni de partidos, ni de empresas que contraten con el Estado”. “Esa independencia es la base de su credibilidad”, remarca.
Desafíos
Ahora bien, poner en marcha el proyecto no fue tarea sencilla. La creación de Ciudad Abierta llevó un año y medio y contó con la colaboración de un equipo de desarrolladores españoles.
De acuerdo a Insúa, el primer desafío fue la información. “Que algo sea público no quiere decir que sea accesible: el presupuesto viene en planillas difíciles de leer, los Boletines Oficiales suman miles de páginas y el organigrama cambia todo el tiempo”, explica. En perspectiva, el equipo debió reunir diez años de Boletines Oficiales, la totalidad de las leyes de la Ciudad, presupuestos de los últimos 18 años, auditorías, entre otros datos, para luego ordenarlos y que Gardelito pudiese entenderlos.
El experto también destaca como desafío lograr que cada reclamo “llegue a quien corresponde”. “Gardelito cruza cada queja con el organigrama e identifica al funcionario responsable”, precisa.
En ese sentido, el sistema también verifica si el reclamo fue atendido y resuelto: “Cada 30 días le pregunta al vecino si el problema se resolvió: si está resuelto, sale del mapa; si no, se lo vuelve a recordar a los funcionarios y el reclamo sigue a la vista”.

Sin embargo, lo más difícil fue crear una herramienta basada en la simplicidad: “La plataforma tenía que poder usarla cualquier vecino, sin saber nada de presupuestos ni de tecnología”.
Respecto a la inversión, Insúa revela una particularidad: el proyecto se “financió” con un trueque por artículos de magia. Y es que, además de politólogo, Insúa es mago especializado en cartomagia, mentalismo y numismagia. “Los desarrolladores tienen una aplicación de magia que cada mes les envía un producto a sus abonados, y esos productos los fabricamos en mi empresa”, señala, y agrega: “En otras palabras, abrimos los secretos del Estado a cambio de trucos de magia”.
Nuevas funcionalidades
Si bien la plataforma aún está dando sus primeros pasos, Insúa aseguró que Ciudad Abierta “crecerá junto con sus usuarios” y planean incorporar nuevas funcionalidades. Entre ellas, que los reclamos resueltos queden marcados en el mapa, para tener un registro visible de resultados. También apuntan a contar con alertas personalizadas “para que cada vecino sepa qué pasa en su barrio” y realizar nuevos informes en el Observatorio —la sección de investigaciones del sitio—, donde ya hay trabajos sobre presupuestos, obras por comuna y apuestas online.
Por otro lado, buscan que Gardelito cumpla funciones de “auditor”, como comparar el precio de los bienes y servicios que compra la Ciudad con lo que cuestan fuera de la compra pública.
“Vamos a seguir sumando datos. Cuanta más información pongamos a la vista, menos lugar queda para los trucos”, afirma Insúa. Y resume: “El objetivo es que la gente salga de su metro cuadrado y vea la ciudad completa. Cuando un vecino de Palermo puede comparar en un mapa su comuna con la de Villa Lugano, empieza a pensar como ciudadano y no solo como contribuyente”.


