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Por qué ignorar una sordera le pasa factura al ánimo y a la cabeza

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Buenos Aires, 27 octubre (NA) – Muchas personas que conviven con una pérdida de audición pasan por situaciones como tener que pedir que les repitan una, dos o tres veces lo que les dijeron, asentir sin haber entendido nada o empezar a evitar cumpleaños y sobremesas porque seguir la charla se volvió una complicación.

En la Argentina se estima que unos 2,5 millones de personas tienen algún grado de hipoacusia, pero es una condición que no se ve, no duele y, con frecuencia, se descubre tarde, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas en el que se indicó que el problema es que lo que arranca en los oídos rara vez se queda ahí.

“La pérdida auditiva no tratada puede impactar significativamente en el desarrollo del lenguaje, el rendimiento escolar, la comunicación interpersonal, la inserción laboral y la salud emocional y cognitiva, especialmente en adultos mayores”, advirtió Fernando Diamante (M.N. 93.626), otorrinolaringólogo argentino especializado en cirugías auditivas.

Una persona que empieza a oír menos suele ir achicando su mundo de a poco, casi sin darse cuenta y algunas escenas que se repiten son:

* Pedir una y otra vez que repitan lo que se dijo.
* Terminar agotado después de seguir una conversación.
* Sentir miedo de quedar afuera en el trabajo o en la escuela.
* Evitar reuniones y encuentros para no pasar un mal rato.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la pérdida de audición golpea la capacidad de comunicarse, aprender y trabajar, a la vez que contribuye al aislamiento social y a una mayor sensación de soledad y la tendencia empuja hacia arriba: el organismo proyecta que para 2050 casi 2.500 millones de personas tendrán algún grado de pérdida de audición y más de 700 millones van a necesitar rehabilitación.

QUÉ OCURRE EN LA INFANCIA

En los niños, la cuenta tiene otro peso y, de acuerdo con Diamante, la hipoacusia afecta en el país entre 700 y 2.100 niños por año y explica el 18% de las discapacidades. El dato que más llama la atención, sin embargo, es otro: 6 de cada 10 casos de pérdida auditiva infantil tienen causas prevenibles. La OMS maneja la misma proporción y sostiene que, en la población general, la mitad de los casos de sordera podría evitarse.

Para el especialista, la clave está en llegar antes: una detección hecha a tiempo, como prevé la Ley 25.415, le abre a ese niño la puerta a la comunicación, a la educación y, más adelante, a un empleo. La contracara alentadora es que existen herramientas concretas y, según Diamante, el acceso a audífonos e implantes cocleares, sumado a la rehabilitación fonoaudiológica, permite mejorar de manera notable la calidad de vida.

El otro frente es dejar de transitarlo en soledad. Esa búsqueda de pertenencia quedó a la vista días atrás, cuando más de 800 personas de 10 provincias y de varios países de la región se juntaron en la Universidad Torcuato Di Tella para hablar de hipoacusia durante una jornada entera, organizada por la Fundación Casacusia.

Uno de los momentos más fuertes fue una simulación sonora: durante unos minutos, familiares y amigos pudieron escuchar cómo se apagan las voces y cómo una charla se vuelve un enredo para quien oye menos. Hubo quienes salieron con lágrimas en los ojos y, al final, lo que más se repitió entre los asistentes no fue un diagnóstico, sino una certeza: hablar del tema a tiempo cambia la historia.

Agencia NA

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