“Fue muy loco porque me separé y me convertí en campeona del mundo. A veces, las cosas llegan cuando una menos las espera”, recuerda Agustina Gorzelany (30) con una sonrisa. La chica de Villa Raffo recibe a ¡HOLA! Argentina en su casa y repasa un año de desafíos, cambios y logros inolvidables. Sin dudas, aquel sábado 29 de agosto quedará para siempre en su memoria y en la de sus compañeras de equipo: fue el día en que se consagraron campeonas del mundo tras vencer por penales a Países Bajos. Dentro de la cancha, Agustina se pone la armadura de guerrera y lucha a capa y espada por la camiseta argentina. Defensora y especialista en córner corto, es una de las goleadoras más temibles del hockey femenino internacional (sólo en las Leonas lleva convertidos 116 goles y logró igualar a Luciana Aymar en el último Mundial, cuando alcanzó las 12 conquistas en Copas del Mundo).

–¿Y cómo sos cuando te sacás la camiseta?
–Soy una chica bastante tranquila, amiguera y muy familiera. Amo compartir tiempo con mis viejos y con mi hermano. Hace unos meses me separé después de nueve años y estoy reencontrándome con un montón de amigas. Siento que, cuando uno elige estar en pareja, inconscientemente se aleja de ciertas situaciones. Me encanta estar rodeada de gente, compartir y hacer actividades. Pero también me gusta levantarme temprano, estar tranquila en casa, comer algo rico y mirar una película.
–¿Cómo estás viviendo este momento de tu vida personal?
–Estoy volviendo a descubrirme después de muchísimo tiempo. Al estar en pareja, siento que no pude dedicarme tanto a mí. Hoy puedo priorizarme y hacer lo que me hace bien. Nunca había vivido sola, así que también estoy conociéndome desde ese lugar: experimentando lo que significa tener mi propio espacio, mis tiempos y tomar mis propias decisiones. Ahora estoy disfrutando de mi libertad, de la soledad y de encontrarme con una Agustina más grande, ya de 30 años. Estoy contenta, tranquila y cómoda conmigo misma.

–¿Recordás cuándo te enamoraste del hockey y supiste que era mucho más que un deporte para vos?
–Recuerdo que, al principio, cuando tenía 6 años, no me gustaba. Mi mamá jugó toda la vida en el Club Ciudad de Buenos Aires y tengo muchos recuerdos de verla jugar. Me llevaba a una escuelita a la que iba muchísima gente, entonces tenía que hacer largas filas para hacer un ejercicio. Todo llevaba mucho tiempo. Me acuerdo de que no podía enfocarme, me aburría y me iba. [Se ríe]. Después probé otros deportes hasta que, a los 9 años, hice una prueba en el Club San Martín y nunca más paré.
–El 29 de agosto se consagraron campeonas del mundo con las Leonas. ¿Qué te ayudó a volver a tierra después de semejante logro?
–Fue muy loco porque me separé y me convertí en campeona del mundo. [Se ríe]. Me decís que salimos campeonas y se me sigue poniendo la piel de gallina. Ganar un Mundial después de tantos años de esfuerzo, de caídas y de volver a levantarme, fue éxtasis puro. Además, soy de lágrima fácil: cuando lloro, es porque realmente lo siento. Para volver a tierra tuve la suerte de quedarme unos días más en Europa con mis papás, lejos de todo. Hacía muchísimo que no podía dedicar tiempo a pasear y disfrutar con ellos. Con tantos viajes y competencias, paso más tiempo afuera que en Argentina, así que cuando vuelvo trato de aprovechar al máximo a mi familia y mis amigos.

–¿Hay algo que la gente suele imaginar de vos y que no tiene nada que ver con cómo sos realmente?
–Dentro de la cancha me considero una persona seria y que puede parecer aguerrida o agresiva. Eso es parte de mi esencia. Cuando tengo un objetivo, hago todo por lograrlo. Por eso muchos creen que no soy buena onda o que soy caracúlica, ¡pero soy todo lo contrario! Soy muy sensible, recontra energética y divertida. También hay quienes piensan que estoy “subida a una” o que soy una creída, pero nada que ver. Estoy muy agradecida por la educación que me dieron mis papás: me enseñaron a ser humilde y a mantener los pies sobre la tierra.
-Jugás con el número 3 en homenaje a tu papá, veterano de Malvinas. ¿Qué significa para vos llevar ese legado?
–Lo siento como algo que pasa de generación en generación: la posibilidad de representar a un país. El número 3 en mi camiseta fue una casualidad de la vida. Me tocó cuando jugué mi primer Mundial Junior, en 2016, y nunca más lo dejé. En 2019, el ex combatiente inglés y coleccionista Edward Goodall encontró el casco de mi papá y se lo devolvió. Cuando lo recuperó, descubrimos que también tenía el número 3. Fue un momento muy movilizante. Cada vez que hablo de mi viejo, y cada 2 de abril, me emociono. Los veteranos tienen un lugar enorme en nuestra historia y siento que hay que seguir reconociéndolos. Es lo mínimo que podemos hacer: tenerlos presentes. A mi papá le tocó defender a la Argentina en una guerra y a mí me toca hacerlo dentro de una cancha de hockey. De distintas maneras, los dos llevamos la bandera en el pecho.

–Además del orgullo que sentís por tu papá, ¿a quiénes admirás?
–Admiro a mi mamá, que tuvo una historia difícil y aun así logró ser una madraza; y a mi hermano, un ejemplo de perseverancia y resiliencia. Veo a mi familia y pienso: “Qué privilegio el mío”. Mi mamá siempre me acompañó en todas mis locuras. Tuve mi etapa de comedia musical, de tocar el piano y cantar con mi papá. Siempre me gustó la música. De hecho, antes de arrancar con las Leonas estudiaba Producción Musical, pero tuve que dejar por los entrenamientos.

–¿Cómo llevás tu vida personal junto con las exigencias de una carrera deportiva de alto rendimiento?
–Hoy por hoy mi vida es el deporte. Significa entregarse por completo, pero lo hago con mucha gratitud. Mientras tus amigas salen, vos sabés que tenés que descansar, alimentarte bien y rendir al día siguiente. Terminás armándote una estructura muy marcada que te da seguridad, aunque a veces puede volverte rígida. El desafío está en encontrar el equilibrio.

–En un futuro, ¿te imaginás formando tu propia familia?
–Todavía no lo proyecto. Siento que, cuando uno tiene un hijo, se entrega por completo y hoy no me veo en ese lugar. Pero quién sabe, quizás más adelante me enamoro y formo mi propia familia. Ojalá vuelva a encontrar el amor porque, así como disfruto de estar sola, también me gusta estar acompañada.
–¿Con qué soñás?
–Como jugadora, me encantaría estar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Ya tengo la medalla de plata y la de bronce, así que me falta la de oro. También estoy muy enfocada en BeeGo, la marca de palos de hockey que emprendemos con mi familia y, más adelante, me gustaría involucrarme todavía más en el hockey, dar clases y compartir todo lo que aprendí.

Producción: Paola Reyes @paoreyesandaur
Maquillaje y peinado: Joaquina Espínola @joaquinamuastudio
Agradecimientos: Andrea Vasen @andreavasenbsas, Lomm Shoes @lommshoes y Adidas @adidasar



