Se acerca Halloween y cualquiera diría que aquí tenemos a alguien que prueba de antemano los efectos de un disfraz lo suficientemente inquietante. Algo de eso hay, aunque los preparativos son para otro evento: una “Caminata Zombie” realizada en Santiago de Chile. La foto tiene un no sé qué de ominosa: probablemente por las salpicaduras de pintura roja en los espejos y por la fruición de este Joker transandino en trazar esa sonrisa pura llaga que marcó a las últimas versiones del personaje (lejos, tan lejos, de la fantasía pop del primer Batman televisivo). El Joker, emblema del malvado arrasado por un pasado cruel, fue, progresivamente, convirtiéndose en emblema de una época. Signo global, hipnótico y oscuro, ni siquiera tiene ese costado finalmente risible que, quiérase o no, exudan los torpes y descalabrados muertos vivientes. Por qué atrae tanto y por qué justo ahora: demasiado pronto, quizás, para saberlo.


