WASHINGTON.- En la séptima votación indicativa del Consejo de Seguridad en el proceso para definir la sucesión de António Guterres como secretario general de la ONU, la primera luego de que se sumara a la carrera la emiratí Lana Zaki Nusseibeh, la exvicepresidenta costarricense Rebeca Grynspan volvió a quedar al frente de las preferencias, con el diplomático argentino Rafael Grossi en segundo lugar y a la expectativa, en una carrera que continúa abierta.
Según las filtraciones de la votación secreta, en la que a diferencia de la última fue con papeletas sin colores y sin vetos de las potencias, Grynspan obtuvo 11 respaldos y cuatro “no apoyos”, seguida por Grossi, con nueve apoyos, cuatro rechazos y dos “no opinión”, y la excanciller guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett (8-6-1).
More UNSC straw poll results (unverified):
Grynspan: 11-4-0
Grossi: 9-4-2
Rodrigues Birkett: 8-6-1
Nusseibeh: 7-6-2
Otunnu: 4-11-0
Espinosa: 2-10-3
Baki: 1-14-0— PassBlue (@pass_blue) October 30, 2026
En el entorno del diplomático argentino se entusiasmaron con su performance. “Fue un muy buen día. Fue su mejor votación y está muy cerca de Grynspan”, dijeron a LA NACION, exultantes por ser la primera vez que recaba nueve apoyos y que obtuvo los mismos rechazos que Grynspan.
Una de las fuentes consultadas también destacó que en esta ronda se ratificó el liderazgo de América Latina en el proceso, con tres de sus postulantes en la delantera. “Grynspan, Grossi y Rodrigues-Birkett se consolidan como los mejores candidatos. Esto es así desde el inicio del proceso”, evaluó.

Nusseibeh, que había despertado expectativas por haberse sumado a última hora a la carrera, quedó cuarta en la votación, con siete apoyos y un alto número de rechazos (seis), más dos no opinión. “Fue un muy mal día para ella”, señaló a LA NACION un exfuncionario de la ONU que sigue de cerca del proceso.
Más atrás quedaron los otros tres candidatos. El político ugandés Olara Otunnu (4-11-0) y las diplomáticas ecuatorianas María Fernanda Espinosa (2-10-3) e Ivonne Baki (1-14-0).
Hace dos semanas, en la anterior ronda indicativa de los 15 miembros del Consejo, entre ellos los cinco con derecho a veto (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Gran Bretaña, el denominado P5), los tres principales candidatos al cargo, entre ellos Grossi, habían recibido dos vetos cada uno.

Esa había sido la primera votación en la que las cinco potencias usaron boletas rojas para diferenciar su voto respecto al de los otros diez miembros no permanentes del Consejo (usaron blancas). Todas son anónimas.
Esa votación había estado liderada por escaso margen por Grynspan, con nueve apoyos y cinco rechazos, seguida por Rodrigues-Birkett y Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ambos con ocho respaldos y seis votos en contra. Todos tuvieron además un “no opinión”.
Ese resultado había dejado en evidencia la falta de acuerdo entre las potencias y que la elección para definir el liderazgo del organismo multilateral continuaba trabada, lo que propició el ingreso de Nusseibeh, de 48 años.
Para imponerse en la ronda final, un candidato necesita reunir al menos nueve votos en el Consejo y evitar el veto de cualquier miembro del P5. Tras ese respaldo, los 193 Estados miembros de la Asamblea General suelen ratificar al aspirante recomendado.

Las tensiones geopolíticas entre los miembros del P5 en diversos asuntos globales, como la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y el plan nuclear iraní, han dificultado el proceso de elección para encontrar al sucesor de Guterres, y provocaron que ésta sea una de las carreras más inciertas en la historia de los 81 años del organismo.
Según la tradición geográfica de alternancia entre continentes, el puesto debería recaer en alguno de los candidatos de América Latina luego de 36 años, tras el mandato del peruano Javier Pérez de Cuéllar (1982-1991), mientras que hay diversos sectores -y también miembros del Consejo- que presionan para que, por primera vez, una mujer asuma como secretaria general de la ONU.
El martes pasado, varias ONG defensoras de los derechos humanos habían instado a las potencias a impedir que Nusseibeh accediera al cargo de secretaria general de la ONU, al acusar a su país de financiar a los paramilitares en Sudán.

La candidatura de Grynspan, que es secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, enfrentaría resistencias de Estados Unidos por tener el respaldo de China.
En tanto, la postulación de Grossi, que contaría con el aval de la administración de Donald Trump, ha enfrentado diversos obstáculos, con críticas públicas del gobierno del presidente ruso, Vladimir Putin, por su rol al frente del OIEA en el marco de la guerra con Ucrania, e indicios de que el régimen chino de Xi Jinping se decantaría por un respaldo a Grynspan.
En ese sentido, solo un acuerdo entre ambas potencias con el gobierno norteamericano podría destrabar su situación. Grossi ha impulsado su campaña con llamados a una reforma profunda de la ONU para que recupere su protagonismo en la escena internacional.


