En abril de 1987, Juan Pablo II vino por segunda vez a la Argentina. Recorrió diez ciudades y reunió a una multitud en la avenida 9 de Julio. Mientras se preparaban los actos de su visita, los organizadores de su encuentro con empresarios tenían que resolver un detalle: conseguir un sillón para el Papa. No podía ser cualquier sillón, lo tenían muy claro. Debía ser parecido a un trono, un solio pontificio. Buscaron en distintos lugares hasta que llegaron al Palacio Peña, entonces sede de la Sociedad Rural Argentina, donde encontraron un imponente silla de madera que llevaba más de ochenta años allí.
Casi cuatro décadas después de aquella histórica visita, el sillón se encuentra en el comedor del palacio, donde hoy funciona el restaurante Casa República. Una placa recuerda aquella salida excepcional: “Este sillón fue utilizado por S.S. Juan Pablo II en el encuentro con los empresarios en su visita pastoral a la República Argentina. Buenos Aires, 11 de abril de 1987”.
Un sillón para el Papa
La propuesta de usarlo surgió de Juan Carlos Grassi Cetran, entonces asesor del presidente de la Sociedad Rural Argentina. Según el testimonio recogido por Casa República, participaba de los preparativos del encuentro junto con la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) cuando apareció la necesidad de conseguir un asiento adecuado para el pontífice.
Grassi Cetran conocía los históricos sillones que había en la sede de la Rural y sugirió recurrir a uno de ellos. Cuando autorizaron su uso comenzó el operativo para llevarlo desde Florida 460 hasta el Luna Park donde se realizaría el encuentro.
Pero antes de recibir al Papa, el sitial tuvo un paseo singular por el centro porteño. Según recuerda, entre tres ordenanzas de la Sociedad Rural cargaron el pesado mueble y salieron por Florida hasta Lavalle, para seguir por esa calle rumbo al Luna Park. Al menos una parte del trayecto la hicieron a pie, con el sillón en andas.
Grassi Cetran acompañó la instalación del sitial en el escenario, pero todavía faltaba un detalle para recibir al Papa: un almohadón. Habían pensado hacer uno de terciopelo púrpura, color litúrgico que usan los obispos y los sacerdotes comunes en sus casullas, pero no hubo tiempo. ¿Cómo lo solucionaron? buscaron un almohadón de la Presidencia de la Sociedad Rural, que funcionaba en el primer piso del Palacio Peña.


El sábado 11 de abril, el sillón estaba listo para recibir a Juan Pablo II en su encuentro con representantes de las empresas, las finanzas, la industria y el comercio. En su discurso, el Papa reconoció las dificultades económicas que atravesaban y les habló de la responsabilidad que tenían hacia los trabajadores y sus familias. Las ganancias, señaló, también debían destinarse a mejorar salarios, capacitación y servicios sociales.
Antes de Juan Pablo II
Mucho antes de que lo eligieran para el Papa, el sillón ya era parte del Palacio Peña. “El sitial fue adquirido por la familia Peña en Francia, a fines del siglo XIX y está realizado en madera maciza de nogal italiano. Se estima que llegó por barco entre 1898 y 1901, como parte del mobiliario destinado a la residencia que se inauguraría en 1902”, cuenta Nicolás de la Cruz, responsable de comunicación de Casa Republica.

El sillón es de estilo neorrenacentista, tiene motivos vegetales tallados, volutas y un querubín. “En el respaldo lleva la inscripción “1530”, aunque ese número forma parte de la ornamentación y no permite establecer su fecha de fabricación”, explica.
Su autoría tampoco está confirmada. Desde Casa República señalan como posible fabricante a Maison Fourdinois, una casa de ebanistería artística de París. Aunque, por ahora, se trata de una hipótesis.
El sitial integraba un conjunto de dos piezas similares ubicadas en el comedor familiar. Una imagen de ese ambiente publicada por la revista Caras y Caretas en 1903 muestra la mesa, las sillas y los muebles que acompañaban las comidas de los Peña mucho antes de que uno de aquellos asientos fuera elegido para un Papa.

En 1923, cuando la Sociedad Rural Argentina compró el palacio, conservó parte de su mobiliario. Entre esas piezas estaban los dos sitiales. Hoy, uno se encuentra en el Museo de la Sociedad Rural y el otro permanece en el comedor de Florida 460.
La casa de Florida
El lugar donde se encuentra el sillón también tiene su historia. Antes de ser sede de la Sociedad Rural, el edificio de Florida 460 fue la casa de la familia Peña-Blaye. La residencia había sido proyectada por el arquitecto belga Julio Dormal, quien también participó en la etapa final de la construcción del Teatro Colón. También diseñó el edificio vecino donde años después funcionaría la Confitería Richmond.
Como otras grandes casas porteñas de aquellos años, tenía salones para recibir a las visitas y una planta superior reservada a la vida privada de la familia. Una nota de Caras y Caretas, publicada el 1° de agosto de 1903, permite conocer esos ambientes cuando todavía eran una vivienda particular.

La crónica, titulada “La casa del señor Juan G. Peña” y firmada por Petronio, relata una visita guiada por el propio dueño. Su esposa, Adela Blaye de Peña, que había elegido la decoración, ya había muerto. Mientras recorrían los salones, el viudo le explicó al periodista: “Todo esto que usted ve es obra exclusiva de ella, y desde su muerte para nadie se han abierto estos salones…”.

El cronista describió el hall de piedra gris de Olavarría, la escalera de hierro, los tapices y la colección de pinturas. También se detuvo en el jardín, con árboles, rosas y enredaderas, que encontró detrás de los vidrios en plena calle Florida. Una fotografía mostraba a Peña con sus nietos entre las plantas.

Durante casi un siglo, la casa funcionó como sede de la Sociedad Rural. En 2021, la institución trasladó sus oficinas al predio de Palermo. Después llegaron los trabajos de restauración y, en 2026, la apertura de Casa República, con una propuesta gastronómica y cultural.

El sitial se conserva en buen estado y está a la vista de quienes visitan el lugar. También forma parte del recorrido de las visitas guiadas que realizan Pablo Chiessa y Fer Yosovich los sábados y domingos por la mañana.
Después del viaje al Luna Park, el sillón regresó al comedor. Salió como una pieza del mobiliario de los Peña y regresó con una historia que hasta hoy se lee en su placa.


