La aparición de nuevos casos de tuberculosis en el país, que parece haberse acelerado desde la pandemia de Covid, está mostrando una tendencia de salud pública “muy preocupante” para profesionales que vienen siguiéndola en todas las edades y con más de 17.000 detecciones el año pasado registradas, comparado con poco menos de 10.000 una década antes. Más allá de las demoras en el diagnóstico, que todavía persisten, lo atribuyen también a una combinación de otros factores que van desde las dificultades socioeconómicas de la población para ir al médico o sostener el tratamiento hasta la falta de sospecha clínica suficiente durante la consulta y que lleva a seguir confundiéndola con otras infecciones respiratorias, como gripe, neumonía o bronquitis.
“El escenario es muy preocupante”, afirmó Alejandra Gaiano, infectóloga pediatra, especialista en salud pública y prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). “Hay un aumento real de los casos de tuberculosis en la población estos últimos años y eso está sucediendo en todos los grupos etarios. La micobacteria (bacilo de Koch) que causa la enfermedad tiene como reservorio exclusivo el ser humano, pero es muy compleja su eliminación y su control porque a veces se presenta con pocos síntomas, pero prolongados (tos durante 14 días o más, fiebre, cansancio y adelgazamiento), que se confunden con otros problemas, y cuando el paciente consulta muchas veces, la demora diagnóstica es un limitante”, agregó.
Gerardo Leube, profesor titular de Microbiología e Infectología en la Fundación Barceló, coincide en que “el escenario epidemiológico sigue siendo preocupante” y así lo traslada a sus clases frente a la cantidad de casos que no se revierte desde hace más de una década. “La mayor preocupación, desde el lugar de los pacientes, es que los diagnósticos suelen ser tardíos, en especial en los adolescentes, que recién llegan a la consulta cuando tienen secreciones respiratorias con sangre y el compromiso de los pulmones es grave y suele dificultad la recuperación”, señaló el infectólogo.
De acuerdo con la última actualización que difundió el Ministerio de Salud de la Nación, previo al Día Mundial de Lucha contra la Tuberculosis, que se conmemora este 24 de marzo, los nuevos diagnósticos, como así también las recaídas –sea por haber o no completado el tratamiento– se están concentrando en los grupos de entre 15 y 40 años. Hasta 2018, anualmente se notificaban al sistema nacional de vigilancia sanitaria desde las provincias entre 9000 y poco menos de 12.000 casos.
En 2019, la cifra rozó casi los 13.000, pero con la aparición del coronavirus pandémico, las notificaciones oficiales retrocedieron lo que la cartera sanitaria nacional estimó en un 18%. Pero, como con otras tantas enfermedades, el panorama empeoró. “Las tasas de notificación aumentaron hasta 2024 con una variación anual promedio del 11%, lo que representa el mayor número de casos, la tasa más alta y la velocidad de aumento más pronunciada en un período de 16 años analizado”, describieron desde la cartera sanitaria al cerrar ese relevamiento. El impacto negativo recayó, según sostuvieron, tanto en la detección como en el tratamiento de la enfermedad, con un “incremento generalizado” de la enfermedad en todas las edades, en especial en los adolescentes y los adultos jóvenes.
La semana pasada, al actualizar los criterios técnicos para la detección y el tratamiento de la tuberculosis en el sistema de salud a 13 años de su última revisión, oficialmente se señaló la necesidad de reforzar “las capacidades de los equipos de salud mediante lineamientos claros para la detección, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de casos y contactos”. Algo que, también, apuntó Juan Carlos Beltramino, exdirector de Docencia e Investigación del Hospital de Niños Dr. Orlando Alassia, en Santa Fe, luego de señalar en imágenes radiológicas pulmonares los efectos de la enfermedad.
La provincia es una de las 11 en las que la tuberculosis creció de manera significativa en más de una década (más de un 12%), junto con la ciudad y la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Salta, Chaco, Jujuy, Entre Ríos, Tucumán, Corrientes y Tierra del Fuego, de acuerdo con el informe oficial.
“Tras la pandemia, Santa Fe acompaña el marcado aumento de casos de tuberculosis que se observa en todo el país. En los hospitales, los médicos están alertas y utilizan diagnósticos moleculares rápidos”, describió Beltramino. Pero señaló que “alarma ver, como hace 50 años, cavernas tuberculosas en los pulmones de los jóvenes”, por lo que insistió en diálogo con LA NACION en que “es clave reforzar la vigilancia y el seguimiento de pacientes y contactos”.

Para Sandra Inwentarz, coordinadora de la Sección de Tuberculosis de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR) y docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el “gran problema” es, en este contexto “preocupante”, la pérdida de un programa nacional específico desde la reorganización de la estructura de la cartera sanitaria. “Cerramos 2025 con más de 17.000 casos y sabemos que hay casos que no se denuncian por distintos motivos, como falta de conexión a internet o de computadoras, y de tiempo (en el interior del país, la gran mayoría de las veces una persona se ocupa de la atención del paciente, la dispensa de medicamentos, el control de reacciones adversas). Después de la pandemia, los casos aumentaron un 60% en la población de entre 14 y 35 años, grupos en los que estamos teniendo seis de cada 10 diagnósticos”, indicó la especialista, integrante del Comité Asesor del exprograma nacional de tuberculosis y que, también, fue jefa de departamento del Instituto de Tisioneumonología Dr. Raúl Vaccarezza, de la UBA.
Otro problema que señaló para el manejo de la tuberculosis son los inconvenientes con la previsión de las compras de medicamentos, lo que el país hace a través de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). “En los dos últimos años, no hubo compras hasta hace unos meses que se firmaron las órdenes para la adquisición por el país”, dijo. El tratamiento incluye cuatro drogas durante dos meses (terapias de primera línea para la tuberculosis sensible), seguido de dos fármacos durante otros cuatro, seis o más meses, de acuerdo con cada paciente. “Hay provincias sin medicamentos”, agregó. Tanto las terapias de primera como de segunda línea, administrados a tiempo, permiten que los tratamientos sean más cortos y efectivos.
“Hay ciertas limitaciones de acceso porque el tratamiento no está 100% disponible”, coincidió Gaiano, que insistió en que los casos se están dando especialmente en los adolescentes y adultos jóvenes, mientras que la vulnerabilidad socioeconómica y de vivienda aumentan el riesgo. “La mayoría de las veces, la transmisión de la tuberculosis se da dentro de la familia, pero puede haberla en las escuelas o el lugar de trabajo”, repasó.
Por ley, según recordó Laube, el tratamiento es sin costo una vez diagnosticada la tuberculosis y, por los fármacos utilizados, “demanda adherencia de parte de los pacientes”, más los controles y el seguimiento de contactos de parte del sistema de salud.
“Concientizar a la población y, sobre todo, al personal de salud, tanto del sistema público como privado, es un desafío permanente desde la docencia y lo asistencial para seguir pensando en que la tuberculosis está presente. No se diagnostica una enfermedad si no se la conoce o se sospecha de que puede darse”, finalizó.


