TEHERÁN.– Un ataque contra una base militar de Estados Unidos en Arabia Saudita en el que resultaron heridas dos docenas de soldados. Dos drones que hicieron blanco en un puerto de Omán, y un ataque contra el Aeropuerto Internacional de Kuwait. Y un ataque con misiles y drones contra una fábrica de aluminio en los Emiratos Árabes Unidos que dejó varios operarios heridos.
El presidente Donald Trump dice que Estados Unidos ha pulverizado las capacidades militares de Irán y lo pinta como un adversario inerme. El ejército norteamericano sostiene que desde los primeros días de la guerra el número de ataques lanzados por Irán disminuyó alrededor de un 90%, y el ejército israelí asegura haber inutilizado cerca del 70% de los cientos de lanzadores de misiles del régimen de los ayatollahs.
Sin embargo, con su serie de ataques de los últimos días contra Israel y los países del Golfo, Irán vuelve a confirmar que tiene suficientes misiles y drones para desestabilizar la región y castigar duramente a sus enemigos, lo que demuestra que, contrariamente a las afirmaciones de Trump, sigue en una guerra sin cuartel.
Hay millones de israelíes que siguen refugiados día y noche en búnkeres antiaéreos para protegerse de la lluvia de misiles iraníes, una rutina diaria de sirenas y explosiones que paraliza y siembra terror. Según el servicio de emergencias de Israel, el ataque con misiles del jueves contra el centro el país dejó un saldo de siete heridos. Las imágenes de las cámaras de vigilancia muestran a dos personas huyendo del peligro antes de que un automóvil plateado cercano estallara y volara por los aires. El viernes, un hombre de Tel Aviv murió por la submunición de una ojiva de bombas de racimo.
De hecho, las armas iraníes pueden causar daños incluso cuando son interceptadas: el jueves, en Abu Dhabi murieron dos personas alcanzadas por la metralla de un misil que había sido interceptado.
La campaña estadounidense-israelí ha sido muy efectiva para descabezar la cúpula iraní, matar a muchos de sus líderes y destruir numerosas instalaciones militares. Según Farzin Nadimi, analista de seguridad del Instituto Washington y especializado en Irán y el Golfo Pérsico, la actual campaña bélica ha logrado aniquilar casi por completo a la fuerza aérea y la armada iraníes.
“En términos de imagen pública, una armada hundida y una fuerza aérea derribada son indicadores clave de una victoria”, apunta Nadimi. “Pero todos sabemos que para Irán el principal indicador de éxito es poder seguir lanzando misiles balísticos y drones contra Israel, los países del Golfo y las bases norteamericanas allí instaladas. Y todos vemos que sigue pudiendo hacerlo”.
Según un funcionario de la Casa Blanca, es probable que a pesar de estas cuatro semanas de recibir ataques intensivos Irán aún cuente con miles de drones Shahed y cientos de misiles balísticos. Sin embargo, el mismo funcionario aclara que es imposible saberlo con certeza, ya que la información de la inteligencia norteamericana sobre las capacidades iraníes es muy limitada.
Sin señales de amainar
Las declaraciones públicas y los partes de guerra del ejército norteamericano parecen redactados con sumo cuidado. El jefe del Comando Central de Estados Unidos, el almirante Brad Cooper, dijo el miércoles, por ejemplo, que “la tasa de lanzamiento de drones y misiles de Irán se ha reducido en un 90%”, gracias a los ataques de Estados Unidos e Israel. Eso no significa que con los ataques hayan eliminado el 90% de los drones y misiles iraníes…
Kelly A. Grieco, investigadora del Centro Stimson, un centro de investigación de relaciones exteriores con sede en Washington, apunta que la cantidad de ataques de Irán es menos importante que la eficacia con la que utiliza su arsenal.
Grieco analizó datos de fuentes abiertas sobre los ataques iraníes, y si bien aclara que las cifras son inexactas, descubrió que la tasa de aciertos de Irán ha ido en aumento con el transcurso de la guerra: desde el 10 de marzo, se duplicó con creces.
“El enemigo se adapta”, dice Grieco. “Hay indicios de que no estamos frente a un adversario derrotado, sino a uno que se está adaptando, que está aprendiendo y que sigue causando suficiente daño como para imponer su estrategia”.
El ejército norteamericano quizás haya confundido menor actividad con menor capacidad. Por ejemplo, explica Grieco, Irán tal vez estuvo lanzando menos misiles y drones porque los estaba reposicionando, y no porque hubieran sido destruidos. O podrían haber reducido el ritmo de sus ataques porque estaban incorporando nueva información de inteligencia, vigilancia y reconocimiento a la hora seleccionar sus objetivos.
Y este fin de semana la lluvia misiles y drones iraníes no dio señales de amainar, con daños en toda la región del Golfo: inutilizó el radar del aeropuerto de Kuwait, donde dejó un operario herido, y destruyó una grúa en el puerto de Omán. Y el sábado los hutíes del Yemen se mostraron más que dispuestos a atacar a Israel y dejaron claro que emplearán mayor potencia de fuego contra los enemigos de Irán.
Si bien el ejército israelí sostiene que sus defensas aéreas han logrado interceptar la gran mayoría de los misiles balísticos, el fin de semana pasado Irán le asestó un duro golpe simbólico cuando uno de sus misiles impactó en la ciudad desértica de Dimona, en el sur del país y a apenas 16 kilómetros del centro de investigación y reactor nuclear de Israel, uno de sus sitios mejor protegidos, donde dejó decenas de heridos.
Irán también parece haber encontrado una debilidad en el blindaje israelí con sus misiles balísticos con ojivas de bombas de racimo lanzados contra centros urbanos. Esas ojivas se fragmentan antes de llegar a la superficie y dispersan decenas de submuniciones a lo largo de varios kilómetros.
Las submuniciones suelen causar mucho menos daño que un misil con una sola carga grande, aunque a veces resultan letales.
Según los expertos militares, la manera óptima de neutralizar esos misiles es interceptarlos fuera de la atmósfera, donde los restos pueden desintegrarse sin causar daños. Pero los interceptores exoatmosféricos israelíes Arrow 3 son caros y escasos, mientras que los interceptores de menor nivel podrían no ser capaces de detener los misiles antes de que sus ojivas liberen su carga destructiva.
La sorprendente recuperación iraní
La capacidad de represalia de Irán durante esta guerra muestra una rápida recuperación desde el ataque de 12 días lanzado por Israel en junio pasado. Después de esa ofensiva, el primer ministro Benjamin Netanyahu sostuvo que Israel había logrado “una victoria histórica que perdurará por generaciones”, y a continuación agregó que la capacidad de producción de misiles balísticos de Irán había sido “destruida”.
Si algo subestimó Israel, dicen los analistas, fue justamente la velocidad de recuperación balística de Irán.
Al igual que Israel, tras la guerra de junio Irán no se quedó de brazos cruzados, sino que aprovechó el tiempo para prepararse para el siguiente conflicto.
“Tuvieron nueve meses para planificar, igual que nosotros”, señala Miri Eisin, coronela retirada de Israel y experta en antiterrorismo, y agrega que las capacidades bélicas de Irán se están “degradando” y “disminuyendo”, que es lo máximo que se puede pretender con semanas de combate.
“Aunque Estados Unidos e Israel han bombardeado bases de misiles, zonas de concentración de fuerzas, y algunas fábricas y arsenales iraníes, Irán logró lanzar entre 20 y 30 misiles al día, una cantidad considerable”, apunta Nadimi, del Instituto Washington. “Algunos son misiles de combustible líquido de gran tamaño que dejan una huella muy visible antes de ser lanzados, y aún así han podido lanzarlos”.
Según los analistas, eso permite inferir que Irán sigue teniendo acceso a los túneles que conducen a sus almacenes de drones y “ciudades de misiles” subterráneas, o bien que los iraníes poseen bases secretas de misiles que han logrado evadir la detección de los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes, algo que Nadimi considera mucho menos probable.
Farzan Sabet, analista de temas iraníes y de sistemas de armas en el Instituto de Altos Estudios Internacionales y del Desarrollo de Ginebra, Suiza, coincide con el análisis de Grieco: si bien Irán lanza menos misiles que al comienzo de la guerra, los que lanza tienen cada vez mayor tasa de penetración. Además, parecen estar dirigidos a objetivos más sensibles o llamativos, como o el ataque a Dimona o a la base aérea británico-norteamericana del atolón Diego García, en medio del Océano Índico y a casi 4000 kilómetros de distancia del epicentro de la guerra.
Al inicio del conflicto, la capacidad de Irán para lanzar grandes oleadas de misiles y ataques con drones causó estragos en el Golfo Pérsico y desató un tembladeral en los mercados energéticos mundiales. Pero cuando se ha logrado instalar esa sensación de inseguridad e inestabilidad, “ya no es necesario lanzar miles, ni siquiera cientos, de misiles al día”, agrega Sabet. “Y para lograrlo alcanza con una docena de ataques exitosos que den en el blanco”.
Traducción de Jaime Arrambide


