Desde hace muchos años, numerosos científicos han buscado la fuente de la eterna juventud; aunque aún no la han encontrado, un reciente estudio publicado en la revista ‘Aging Cell’ y desarrollado por la Universidad de Ginebra y la Universidad de Lausana identificó proteínas clave en la sangre de los centenarios que parecen estar vinculadas con un envejecimiento más lento.
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Esta investigación, que fue realizada en Suiza, plantea que la longevidad podría depender tanto de factores moleculares como de hábitos saludables, ya que en ese país solo el 0,02 % de la población supera los 100 años, por lo que para los científicos fue crucial comprender los procesos de un envejecimiento saludable.
Este análisis estuvo dirigido por Karl-Heinz Krause, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra, en la que compararon tres grupos: 39 centenarios de entre 100 y 105 años, 59 octogenarios y 40 adultos de entre 30 y 60 años. En estos grupos, los investigadores midieron 724 proteínas en el suero sanguíneo, incluidas 358 relacionadas con la inflamación y 366 con marcadores cardiovasculares, fundamentales para la salud a largo plazo.

De todas ellas, las que se destacaron fueron 37 proteínas, que estaban presentes en los centenarios y cuyos niveles se asemejan más a los observados en personas jóvenes que a los de los octogenarios.
“En nuestros centenarios, los perfiles de estas 37 proteínas se acercan más a los del grupo más joven que a los de los octogenarios. Esto representa aproximadamente el 5 por ciento de las proteínas medidas, lo que sugiere que los centenarios no escapan totalmente al envejecimiento, pero que ciertos mecanismos clave se ralentizan significativamente”, explicó el coautor del estudio Flavien Delhaes.
Algo que también les llamó la atención es que estas proteínas estaban relacionadas con el estrés oxidativo, un proceso asociado con el daño celular, provocado por los radicales libres.
“¿Los centenarios producen menos radicales libres o tienen una defensa antioxidante más potente? La respuesta es muy clara: los centenarios tienen niveles significativamente más bajos de proteínas antioxidantes que la población geriátrica estándar”, explicó Karl-Heinz Krause.
De acuerdo con los científicos, esto puede parecer contradictorio, pero lo cierto es que el estrés oxidativo es mucho menor y no requiere tanta proteína para mantenerlo bajo control.
“A primera vista, esto parece contradictorio, pero demuestra que, como el estrés oxidativo es mucho menor, simplemente necesitan menos proteínas antioxidantes para mantenerlo bajo control”, argumentó Karl-Heinz Krause.
Por otro lado, los polipéptidos que están relacionados con el metabolismo de las grasas y que normalmente se disparan con la edad, en el grupo de los centenarios no aumentaron mucho, por lo que siguen un patrón similar a la interleucina-1 alfa, una proteína inflamatoria clave, que se mantuvo por debajo de lo esperado.
“Al descomponer el GLP-1, la DPP-4 ayuda a mantener los niveles de insulina relativamente bajos, lo que podría proteger contra el hiperinsulinismo y el síndrome metabólico. Esto puede parecer contradictorio, pero sugiere que los centenarios mantienen un buen equilibrio de glucosa sin necesidad de producir grandes cantidades de insulina”, añadió Delhaes.


