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Silvia Labayru regresó al país tras ser impedida de ingresar a Estados Unidos y vinculó el episodio con la política de Trump

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Silvia Labayru, sobreviviente de la ESMA y protagonista del multipremiado libro La llamada, de la periodista Leila Guerriero, está de regreso en Buenos Aires después de atravesar un “susto mayúsculo”. El 25 de marzo, fue obligada a bajarse de un avión que estaba por despegar desde Ciudad de México con destino a San Antonio, Texas. Viajaba con pasaporte español y tenía la documentación en regla. Diez días después, en diálogo con LA NACION, dice que sigue sin recibir una explicación oficial sobre lo ocurrido, y considera que su restricción para ingresar en los Estados Unidos debe leerse dentro de un clima más amplio de arbitrariedad e incertidumbre, vinculado al endurecimiento de la política migratoria de la administración del presidente Donald Trump.

Según había reconstruido entonces el diario El País, la aerolínea Volaris aseguró haber recibido la orden de impedir su ingreso por parte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP), aunque ni la compañía ni las autoridades estadounidenses informaron el motivo concreto.

El episodio ocurrió cuando estaba sentada en el avión, que había abordado sin inconvenientes. “Pasé todos los controles, subí al avión, me senté y cuando ya las puertas estaban cerradas, de pronto entraron tres tipos uniformados preguntando: ‘¿Es usted Silvia Labayru?’”, cuenta ahora a LA NACION. “Con el impacto, el susto que me di, ni miré de qué uniforme se trataba. Me sacaron del avión y sin darme explicaciones me dijeron que tenía prohibida la entrada a los Estados Unidos”.

Silvia Labayru fue impedida de ingresar a Estados Unidos

“Recibí la ayuda del consulado de España en México y me dijeron, como me habían deslizado desde la aerolínea Volaris, que desde migraciones de Estados Unidos hacen lo que quieren y que la administración Trump cambió por completo las reglas del juego” sostuvo Labayru. “De la noche a la mañana, te pueden cancelar una visa o una ESTA [Sistema Electrónico para la Autorización de Viaje] en vigor sin dar explicaciones”, agregó, en referencia al único argumento informal que recibió tras el episodio. Para ella, lo que pasó no puede leerse solo como un hecho aislado: “Es una situación en donde los derechos y las garantías de cualquier ciudadano hoy por hoy están en tela de juicio cuando se trata de los gobernantes de los que estamos hablando”.

Labayru planeaba pasar unos días con una familia amiga en Estados Unidos. No era la primera vez que entraba en ese país: según contó, había viajado sin problemas por última vez hace un año y medio como otras veces antes. Por eso, su desconcierto fue inmediato. “Me fui del aeropuerto completamente incrédula de lo que estaba pasando”, recordó. “Me pilló muy desprevenida y me asusté mucho, esa es la verdad”.

Debido al vacío de información, la propia Labayru intentó ensayar una hipótesis. Y una de las pocas variables recientes que identifica en su vida pública reciente es la enorme circulación de La llamada, el libro en el que Leila Guerriero reconstruye su historia y que se convirtió en uno de los títulos de no ficción más comentados del mundo hispanohablante. Publicado por Anagrama, reconstruye la vida de Labayru desde su adolescencia y su militancia en Montoneros hasta su secuestro en 1976, cuando tenía 19 años y estaba embarazada; su paso por la ESMA, el nacimiento de su hija en cautiverio, el exilio y las complejas secuelas de esa experiencia.

Sobreviviente de uno de los principales centros clandestinos de detención de la última dictadura, Labayru quedó durante años atravesada también por otra violencia: la sospecha y el señalamiento. La llamada no solo volvió a poner su historia en el centro de la conversación pública, sino que la convirtió en una figura mucho más visible fuera de la Argentina, especialmente en España y México, donde el libro tuvo fuerte repercusión.

Consultada sobre si el impedimento para ingresar en Estados Unidos puede tener relación con esa visibilidad reciente, Labayru eligió la cautela, aunque admitió que es una de las pocas hipótesis que hoy maneja. “No tengo explicación. Es lo único que se me ocurre”, dijo. “Yo viajé hace menos de dos años allí y antes otras veces, y no tuve ningún problema. Después de eso no he tenido ningún problema legal ni de ningún tipo”. Aun así, evitó afirmarlo como una certeza. “No lo puedo sostener teóricamente. Pero si el obstáculo fue el libro La llamada, el que me prohíbe la entrada no lo ha leído”.

Más allá de las conjeturas, lo que más la impactó fue la escena misma: la irrupción de tres hombres uniformados, la falta de explicaciones y el modo en que ese momento reactivó algo más profundo que una mera incomodidad de viaje. “El susto fue mayúsculo”, dijo. “Frente a este tipo de situaciones, tratándose de una persona que tiene una historia como la que tengo yo, el impacto fue enorme porque era lo último que me podía llegar a imaginar”. Y agregó: “Que tres uniformados te saquen de un avión así… la verdad que fue bastante impresionante”.

En los días posteriores, dijo, supo de otros casos que le reforzaron la idea de que no se trata de una anomalía individual sino de un clima más general. Según contó, personas de su entorno le hablaron de profesores universitarios y viajeros retenidos o devueltos al llegar a Estados Unidos. “Había gente que me decía: ‘Alegrate de que no te hayan dejado salir de México, porque si te dejaban llegar a Estados Unidos, ahí ya entrás en otro circuito, en donde te detienen y te expulsan del país’”.

Mientras espera una respuesta formal, intenta no convertir lo que le pasó en una advertencia definitiva para otros viajeros. “La gente no debería dejar de intentar ir, porque es un derecho poder viajar”, dijo. Pero el episodio, admite, deja al descubierto un escenario donde las reglas parecen haberse vuelto más opacas y donde, en determinados contextos, la documentación en regla ya no alcanza como garantía. “Es la administración Trump. Yo creo que con eso se dice todo”, concluyó.

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