El primer día en la universidad, Karelly Melgarejo llegó a las 8 am y tomó asiento junto a los directores. Con una sonrisa, uno de ellos le preguntó qué quería tomar, “un tinto”, respondió ella, al tiempo que notaba sus caras transformarse. “Podemos ofrecerte té o mate”, prosiguió una de las autoridades sin salir de su asombro ante el pedido de aquella bióloga colombiana, quien en el 2019 había llegado a la Argentina para realizar su doctorado gracias a una beca otorgada por el CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).
Karelly optó por el mate. No tenía ni idea de qué se trataba pero decidió que, si por los próximos siete años iba a vivir en Argentina, el tiempo de conocer sus costumbres era ahora. Le acercaron el artefacto con la bombilla, aspiró como había visto hacerlo y ahogó un grito. Nadie le había dicho que se trataba de una bebida caliente y aquella ¡quemaba!
“Tanto que durante un año y algo más no lo volví a probar. Ahora me encanta, pero tinto es tinto. Y aclaro que en Colombia tinto es café. Bueno, para los directores yo me pedí un vino tinto a las 8 de la mañana. Supongo que no sabían eso, tengo aún la cara de ellos grabada en mi memoria”, cuenta entre risas Karelly, mientras repasa su historia.

Pero pasaron cosas…
¿Y ahora qué sigue?, fue la pregunta que se formuló Kare al recibirse de bióloga en Bogotá. Siempre había soñado con ser científica, investigadora y conocer el mundo y fueron aquellos mismos deseos los que la llevaron a postularse para realizar una maestría en Brasil. “Pero, como dirían los argentinos, pasaron cosas”, cuenta la joven colombiana.
En el camino, Karelly conoció a Yamila, una sanjuanina que se hallaba en Colombia realizando una pasantía. Fue ella quien la animó a postularse a una convocatoria del grupo de investigación Ecología de enfermedades transmitidas por mosquitos (2eTV), del Instituto de Investigaciones e Ingeniería Ambiental (IIIA-UNSAM-CONICET), orientada a la búsqueda de licenciados en Biología interesados en realizar un doctorado sobre los patrones de alimentación de mosquitos.

El proceso para lograr el lugar duró un año y Kare lo mantuvo en secreto, su familia nada sabía de sus intenciones. Y entonces, cuando la joven recibió un mensaje con la leyenda FELICITACIONES, no tuvo más escapatoria que revelar la verdad.
“Ese 30 de diciembre del 2018, lloré, lloré mucho. Estaba sola en mi habitación y recuerdo que salí corriendo a abrazar a mamá, también estaba la tía Marleny, pero no entendían nada. Mi tía saltaba y repetía conmigo: Nos vamos para Argentina, nos vamos para Argentina. A mamá se le aguaron sus ojitos. Luego, llegaron papá y mis hermanos… empezaron las conversaciones serias con mi familia, mis amigos, para comentarles todo”, rememora.

“No fue fácil irme de Tipacoque, no fue fácil irme de casa. Mi mami y mis hermanos estaban muy felices y orgullosos, me decían que si mi sueño era ese debía perseguirlo. Por el contrario, papá me decía que no me fuera, que me quedara y buscáramos la opción para seguir estudiando allá, esto también lo repetía mi abuelita; poco después lo entendieron. Realizar un doctorado en Colombia es impensable, es difícil, principalmente por el valor económico, estudiar y prepararte allá es costoso y las oportunidades son pocas”, continúa.
Algo de Karelly se quedó con su familia y sus amigos, algo de ellos la acompañaron en su nuevo comienzo: abrazos, fotos y recuerdos indelebles. Ella en el fondo lo sabía, había personas que tal vez no volvería a ver: “Puede que el sentimiento cambie, pueden pasar muchas cosas. Sin embargo, pienso que cuando tienes verdaderos amigos sabes que la distancia y el tiempo no importa, no separa, porque justamente es verdadero y lo verdadero no se acaba”.

Tere, una abuela del corazón, y los impactos de Buenos Aires
¿En qué me metí? La pregunta rondaba los pensamientos de Karelly cuando aterrizó en Ezeiza poseída por dos emociones opuestas, la felicidad reflejada en su sonrisa nerviosa, y la tristeza, asimilada cuando armó las valijas, oyó las palabras “te voy a extrañar”, “no tardes tanto” y dio abrazos que temía que fueran los últimos.
Kare bajó del avión, se limpió las lágrimas y se dijo `acá voy´, dispuesta a enfrentar los riesgos de llegar con tan corta edad a un país desconocido, y una cultura que sabía que era muy diferente, a pesar de compartir idioma y continente: “Llegaba al país del fútbol, el asado y la cumbia”.

Se alojó en lo de Tere, una mujer que se transformó en su abuela y que le dio un hogar. Tal vez, de todo lo que la Argentina comenzó a obsequiarle, ella fue su gran compañía en el camino de adaptación a una ciudad que en un comienzo le generó grandes impactos.
“Lo que más me impresionó fue el transporte. Bogotá es un caos y vivir en CABA es estar en cualquier lugar en 15-30 min, es hermoso. Otra cosa más, el cómo comparten las bebidas y el vestirte diferente en función de la estación del año, en Colombia es distinto”.

La compañía invaluable y un difícil adiós: “Ha sido lo más duro”
Apenas dos meses después de su llegada, Kare descubrió que no había llegado a la Argentina solo por una meta profesional. En su tierra adoptiva se halló sumergida en la travesía de encontrar respuestas acerca de su decisión, y la pandemia, esa otra demostración de que uno puede hacer planes pero `pasan cosas´, la confrontó con ella misma de maneras impensadas.
Por aquel entonces no conocía a nadie, estaba sola y fue Tere quien estuvo para ella. Juntas transitaron ese tiempo extraño, y con ella, Kare descubrió el amor de una abuela argentina: “En 2023, Tere se fue al cielo y ha sido lo más duro por lo que he tenido que pasar en Argentina. La persona que siempre estuvo para mí ya no está, mi amiga, mi parcera, mi abuela, ya no está. Ese año, llegar a casa y no tener a alguien que te pregunte: ¿cómo estuvo el día?, ¿cómo estás?, ¿querés comer? Le contaba todo, mis alegrías, mis tristezas, mis miedos, los resultados de mis partidos de futsal, lo que fuera, pero se lo contaba a ella, porque aunque a veces parecía no escucharme, al final siempre sonreía, me retaba o me daba consejos”.

“Un año después de su partida, llegaron nuevos desafíos, me fui de casa de Tere, dejé el futsal y, al mismo tiempo, empecé a escribir mi tesis. Se acercaba el último año del doctorado y, en un contexto electoral poco alentador, la balanza comenzaba a inclinarse hacia un regreso a Colombia. Pero, una vez más, ocurrieron cosas”.
“Los cracks de los mosquitos”
Los meses se habían transformado en años, y Karelly aprendió a celebrar el cumpleaños y otras fechas especiales lejos de casa. También aprendió a recibir malas noticias a la distancia, a llorar de impotencia porque desde lejos poco se puede hacer y a ir sola al hospital, salvo aquella vez cuando la operaron de los meniscos y era requisito ir acompañada, entonces descubrió que se había hecho amigas de fierro, como Soledad.
También aprendió a decirle a su familia que estaba bien cuando no era cierto y a comprender el valor supremo que tiene un abrazo o una palabra, cuando los tuyos están lejos.
Pero a pesar de la nostalgia, Argentina ingresó en el corazón de Karelly con tal fuerza que, al cabo de tantos años y con la llegada de un nuevo umbral en su vida, la mujer colombiana descubrió que, si bien amaba Colombia, ya no sabía si dejar la tierra austral. Argentina le daba un brillante presente profesional y una familia.
“El entorno científico y el grupo de investigación en el que me encuentro hace que disfrutes tu trabajo, que te levantes con ganas de ir al laboratorio, que quieras ir a ver mosquitos. Es un grupo que tiene todo, son los cracs de los mosquitos – les digo; trabajan en conjunto, son un gran equipo. Mis directores Darío Vezzani y Victoria Cardo, están muy bien preparados (la vara es alta), son prolijos y tienen cada detalle presente. En lo personal me quedo corta, basta con decir que siempre hay un sí y una motivación para seguir en el grupo y en este mundo de los bichos. Gracias a ellos, a la universidad pública, al CONICET, a la Argentina, hoy puedo decir que soy doctora y que continúo por tres años más con una beca de postdoctorado”, cuenta con orgullo Karelly, quien terminó su doctorado en Ciencias Ambientales en marzo de 2025. Ese mismo mes se presentó a una beca postdoctoral del CONICET; en junio recibió la notificación de que no había sido otorgada: entraron 41 personas de 105 que se postularon y ella quedó en el puesto 45: “Estuvo muy difícil, en este contexto marcado por el recorte de becas, estipendios bajos y el desfinanciamiento en ciencia y educación, entre otros, cada logro resulta aún más desafiante y cada oportunidad o convocatoria más competitiva”.

En septiembre, Karelly aplicó a la `beca puente UNSAM´, que le fue otorgada. Sin embargo, en diciembre, inesperadamente, recibió la notificación de que la habían aceptado para la beca postdoctoral a la que se había postulado en marzo, la cual comenzó el 1 de febrero de 2026.
“Analizamos por medio de herramientas moleculares la sangre que está en el abdomen de la hembra del mosquito (las hembras son las únicas que pican) e identificamos de quién es esa sangre, es decir, si ese mosquito picó a un humano, perro, paloma, caballo, u otro vertebrado. Esto lo estudiamos porque depende a quién pique, sus patrones de alimentación cumplen un papel fundamental en los ciclos de transmisión de patógenos. Adicionalmente, debido a que la información sobre la ingesta de sangre de mosquitos es escasa en el país, es un nicho vacante al que le estamos apuntando”.

¿Irse o quedarse en Argentina?: “Soy doctora gracias a este país”
Siete años atrás, Karelly anunció que dejaba su amada tierra para emprender un viaje transformador en Argentina. En aquel instante, en ese umbral de la vida, no imaginó que siete años podían escurrirse como la arena entre sus dedos y que una vez más se sentiría como la niña que una vez fue, preguntándose: Y ahora, ¿qué sigue?
La respuesta completa llegó en 2024. A un paso de terminar su doctorado, Kare encontró el amor de su vida. Hoy, está comprometida, vive con Andrés –“el colo”- y sus dos perritas, Fiona y Adela: “Encontrarme con Andy no solo transformó mi vida personal, también fue decisivo a la hora de pensar en mi futuro. En el momento en el que todo parecía empujarme a regresar a mi país, el cierre de una etapa académica, la distancia con mi familia, la situación oscura que atraviesa la Argentina, el vínculo que construí con él le dio un nuevo sentido a mi permanencia acá; acompañarnos y abrazarnos en las buenas y en las malas, me enseñó lo importante de la vida”.

Y así, lo que en un principio parecía un camino con fecha de regreso comenzó a redefinirse. Entre la vocación científica y los afectos, Karelly encontró una razón para quedarse y proyectar a largo plazo: echar raíces en el lugar donde, casi sin planearlo, también encontró un hogar.
El nudo que bloqueaba su garganta en 2024 se desvaneció, así como la duda: ¿me quedo o me voy de Argentina? Hoy, Kare responde con convicción: “Pese a la situación actual de Argentina, decidí quedarme. Aparte de la beca postdoctoral, tengo dos trabajos: soy docente en un secundario y tengo un cargo en la EHyS-UNSAM. Además, estoy desarrollando un emprendimiento junto a mi amiga, Martina”.
“Del otro lado, perdón a mi familia de Colombia y a mis amigos que siguen estando, les extraño. Extraño levantarme y tomarme un tinto con mamá, o ir a casa de la abuela a desayunar con mis tíos, las conversaciones eternas con mi papá, salir a trotar o andar en bici, jugar futsal, discutir con mis hermanos por cualquier cosa, irme un fin de semana con mis amigos, ver mariachis, comerme una ensalada de frutas, un ajíaco o sancochito, etc, es eso lo que extraño, lo simple de la vida. Ves, el corazón siempre estará dividido”.

“De todo, creo que mi experiencia en Argentina me enseñó a valorar. Valorar tu familia, tus amigos, tu tierra, tu casa. Cuando estás lejos, con el tiempo ves las cosas de otra manera. No es lo mismo irse y regresar después, que nunca haber salido de casa. Ya veo muchas cosas con otros ojos. Ahora, abrazo más, me expreso más, soy más consciente de la situación no solo de acá sino de allá, trato de cuidarme y cuidar a los míos y una palabra clave en todo esto: agradecer, por lo simple y lo complejo, por las oportunidades que te da la vida, por lo bueno y lo malo, por aquellos que te tienden la mano lejos o cerca, pero agradecer”.
“Colombia es mi lugar de regreso siempre, el lugar donde están mis padres, mi familia, mi gente, mi destino de llegada y el país al que espero poder volver para aportar mi fichita en ese tan complejo mundo de los mosquitos. Hoy, sin embargo, decido quedarme en Argentina, tengo aún mucho por aprender y construir. Soy doctora gracias a este país, que me abrió puertas para formarme, desafiarme, crecer, conocer el amor de mi vida y ser de River”.
*
Si querés compartir tu experiencia podés escribir a [email protected] .


