📍 Buenos Aires 26°C ☀️
Cargando pronóstico...
- Publicidad -spot_img
InicioActualidadLa casa de los espíritus: la metida de pata hollywoodense que dilapidó...

La casa de los espíritus: la metida de pata hollywoodense que dilapidó millones de dólares pero reconcilió a una familia

- Publicidad -spot_img

El estreno de una nueva versión de La casa de los espíritus, en formato de miniserie y producida por Prime Video, trae nuevamente al centro de la discusión el destino de aquellas obras populares en la literatura latinoamericana que han sobrevivido a los traspiés de sus adaptaciones cinematográficas hasta encontrar su expresión definitiva. ¿Será ese el caso de esta nueva ficción filmada en Chile con elenco hispanoparlante -que incluye la participación de Dolores Fonzi y de la española Maribel Verdú- a modo de revancha por aquella película dirigida por Billie August, filmada en Portugal y hablada en inglés? ¿Será esta vez la oportunidad de ver renacer La casa de los espíritus, ya sin los nombres internacionales de Meryl Streep y Antonio Banderas, pero con un aura autóctona y un ambiente heredero de la pieza literaria?

Pronto llegará la respuesta, la que la propia Isabel Allende, autora de la novela convertida en su primer best-seller y en la piedra angular de su reconocimiento internacional, espera con ansias. “Cuando me presentaron el proyecto [para la miniserie] pensé que no pasaría la instancia del papel, que era demasiado ambiciosa. Ahora que la he visto, no he parado de llorar por lo bonita que ha quedado”, confesaba la escritora en una reciente entrevista con la revista Vanity Fair.

La película que exigía una revancha

Y el llanto puede tener lugar como una forma de desahogo luego de la mala experiencia que dejó la versión cinematográfica estrenada el 1 de abril de 1994 en los Estados Unidos luego de un amplio periplo por Europa para ajustar su metraje y terminar de consensuar el corte final entre el director danés de Pelle, el conquistador y las demandas de la Miramax de los hermanos Weinstein. Pero aún así no alcanzó, pese a la presentación de un elenco estelar que reunía nombres como Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Vanessa Redgrave, Banderas y Winona Ryder. De hecho, la crítica fue despiadada, la taquilla en Estados Unidos apenas alcanzó para cubrir el 20% de su presupuesto (que finalmente se completó con la recaudación internacional) y la experiencia de los actores osciló entre el desencanto y la indiferencia.

Meryl Streep y Billie August en el rodaje de la película.

“En esa película todos los actores eran de Hollywood, con excepción de Antonio Banderas, quien tenía un papel menor”, detalló hace unos días Allende a Vanity Fair. “No había latinos en el elenco, se rodó en inglés y en Europa. En parte porque antes no eran muy populares los subtítulos en Hollywood. Al día de hoy, 30 años después y gracias a Internet, puedes entender cualquier película de cualquier parte del planeta, ya sea en maya o en quechua, y la historia no deja de funcionar”.

La escritora refiere la ausencia de subtítulos en la exhibición en los Estados Unidos como una condición puesta por Miramax y asumida por el propio August como inevitable. Sin embargo, ese fue uno de los ejes de la controversia: la familia Trueba hablaba en inglés, con un acento latino que variaba según los actores, la hacienda estaba en Évora, en el Monte de las Tres Marías de la región del Alentejo portugués -por cuestiones más vinculadas con la comodidad de la producción que con las dificultades políticas que se argumentaron-, y los personajes fueron encarnados por estrellas reconocidas por el público en lugar de desconocidos que pudieran dar cuerpo a esa familia real.

La nueva producción de Prime Video, de la que la propia Allende es productora ejecutiva, se propuso respetar el idioma y las locaciones, elegir actores de la región y mantener la integridad de la historia, incluso con sus aires de realismo mágico. La casa de los espíritus fue escrita en un arrebato de despedida de la escritora al enterarse de la inminente muerte de su abuelo, y los componentes fantásticos evocaban los aires de aquel fenómeno bautizado como el “boom latinoamericano” en los 60, encarnado no solo por Gabriel García Márquez -de hecho, es con Cien años de soledad con quien mejor dialoga el debut literario de Allende- sino también por Carlos Fuentes, Juan Rulfo y el uruguayo Juan Carlos Onetti.

Esos elementos siempre fueron esquivos para la representación cinematográfica, y a excepción del trabajo de Arturo Ripstein en su adaptación de “El gallo de oro” de Rulfo en El imperio de la fortuna (1985), no hay buenos exponentes cinematográficos de aquella tradición (lo demuestran la primera versión de Pedro Páramo con John Gavin, y las ambiguas adaptaciones de Mario Vargas Llosa, como Los cachorros y Pantaleón).

Una novela chilena, un rodaje europeo

En los 90, Billie August tenía a su favor el éxito de Pelle, el conquistador -ganadora del Oscar como mejor película extranjera en 1987- y la buena adaptación del guion de Ingmar Bergman, Las mejores intenciones (1992). Además, contaba con el respaldo de Allende. Luego de numerosas reuniones frustrantes con distintos cineastas, la escritora había solicitado a su agente que detuviera toda conversación sobre la posibilidad de adaptar su novela al cine. Sentía que ninguno de ellos tenía verdadero amor ni visión para la obra; simplemente querían adquirir los derechos del libro antes de que nadie más pudiera hacer la película. Pero Billie August alquiló un cine en San Francisco, le proyectó Pelle, el conquistador y la hizo cambiar de opinión. “Estaba totalmente enamorado de la historia -dijo la autora entonces-; se sabía el libro de memoria, todos los personajes, todo. Y tenía una visión muy clara de cómo convertirlo en una película de dos horas”.

El elenco angloparlante, uno de los ejes de la controversia.

Esos cambios y reajustes llegaron con la escritura a cargo del propio August y la intervención del productor Bernd Eichinger, quien justificó la eliminación de los elementos del realismo mágico para tornarla “más universal” y amparó la elección de intérpretes británicos y estadounidenses argumentando que la película requería actores “internacionalmente reconocidos para poder realizarse con un presupuesto de más de 40 millones de dólares”. A ello se sumó que la película colocó una placa al comienzo asegurando que la acción transcurría “en algún país de Sudamérica” para evitar las alusiones a Chile, y fue filmada en Alemania, Dinamarca -el país de August- y Portugal -para los exteriores-, perdiendo la identidad regional original y el arraigo en el Chile descrito por Allende.

Isabel Allende

Pese a ello, la escritora todavía estaba entusiasmada en las entrevistas previas al estreno, sobre todo por lo que significaban los nombres del reparto. “Me siento muy honrada, muy halagada que hayan escogido esta novelita que yo escribí en la cocina de mi casa en Caracas”, declaraba en una entrevista realizada en Buenos Aires en 1993 para un programa conducido por Mónica Gutiérrez que puede encontrarse en YouTube.

Una historia familiar

Hija de un primo hermano de Salvador Allende, la escritora nació en Lima fruto de un destino diplomático de su padre, Tomás Allende Pesce; regresó a Santiago tras el divorcio de su madre, Francisca Llona Barros; se educó en La Paz cuando su padrastro Ramón Huidobro Domínguez fue destinado a Bolivia; y se casó en Chile en 1959.

El elenco de La casa de los espíritus, junto al director  Billie August y a la escritora Isabel Allende

Tras el golpe militar de Pinochet en 1973, se exilió en Venezuela y, al abandonar el periodismo, encontró en la ficción la forma de narrar la historia de su familia camuflada en la dinastía de los Trueba. El realismo mágico fue la coartada para representar lo irrepresentable y el cine le abrió una puerta para reconciliarse con su familia ofendida por las revelaciones íntimas. “Cuando se publicó el libro, algunos miembros de mi familia materna me dejaron de hablar. Se pusieron furiosos. Siempre he pensado que fue por la parte política: se sintieron mal interpretados. Cuando estrenaron la película, gracias al tremendo efecto de lo audiovisual, se sintieron tan orgullosos que agarraron fotos de Meryl [Streep] y Jeremy [Irons], y las pusieron sobre el piano junto a las del resto de la familia”.

Jeremy Irons, en una escena de la película

La casa de los espíritus narra la tumultuosa historia de la familia Trueba, una próspera dinastía sudamericana encabezada por Esteban Trueba (Jeremy Irons), un campesino convertido en terrateniente y luego en senador conservador, quien se casa con Clara del Valle (Meryl Streep), la hija menor de una familia rica y liberal. Al no poder evitar la muerte de su hermana cuando era niña, Clara permanece muda durante años, un estado que finalmente termina cuando da el sí a la propuesta de matrimonio de Esteban. Atrapada en el terreno de lo simbólico, Clara parece destinada a encarnar el amor sobrenatural y la sabiduría ancestral, y sus habilidades telequinéticas no adquieren espesura en pantalla, sino que quedan confinadas a impulsar la trama.

Streep como Clara del Valle

Streep vistió de blanco para consignar su condición etérea; para dar vida al patriarca latino, Irons debió llevar una nariz protésica y dientes postizos; Close usó lentes de contacto para dar cuerpo al deseo reprimido de una cuñada que se asemeja bastante a la señora Danvers de la Rebecca de Hitchcock; y Winona Ryder -quien atravesaba la dura separación de Johnny Depp, acosada por la prensa y los fans en el reclamo del porqué de la ruptura- encarnó a Chloé, la única hija de los Trueba, como una narradora madura y algo solemne que combina su militancia con su evocación sentimental.

Un final anunciado, una vuelta a empezar

El rodaje de la película se llevó a cabo entre enero y abril de 1993 y para octubre de ese año ya estaba planeado el estreno europeo, con una primera cita en Alemania en un corte de 145 minutos. La mala recepción reconvino a Miramax para su futura campaña: decidió persistir en un recorrido por Europa (Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Italia, España) hasta pasar por el Festival de Bruselas y llegar al estreno en Estados Unidos el 1 de abril de 1994 con un metraje de 132 minutos.

La película fue un fracaso en taquilla y recibió muy malas críticas

“La historia narrada en La casa de los espíritus es un melodrama apasionado y exuberante, repleto de fantasmas, magia, veneno y romance. El material exigía ser tratado con desenfado y alegría, pero por una extraña alquimia la película se transforma en un drama sombrío e intelectualizado. Sigue habiendo fantasmas, pero con la misma vitalidad que el padre de Hamlet (…). El realismo mágico, presente en tantas historias sudamericanas, se trata aquí como una metedura de pata social un tanto embarazosa, tanto como una simple flatulencia”, escribía el crítico Roger Ebert en el Chicago Sun-Times.

En la preparación de la miniserie de ocho episodios de Prime Video, las decisiones de la directora Francisca Alegría y la guionista Fernanda Urrejola se hicieron elocuentes en la visita a California para conseguir la venia de Allende: optar esta vez por un elenco que hable en castellano (que tiene a Fonzi como representante argentina y a Verdú, Nicole Wallace y Eduard Fernández del lado español), y por un rodaje situado en Chile (el norte para las zonas áridas, Pucón para las escenas con lagos y vegetación, y Santiago para el ambiente citadino). Además, le ofrecieron a Allende el rol de productora ejecutiva, pese a que ella había decidido mantenerse alejada de la parte creativa. “El cine y el audiovisual son medios diferentes al literario. He respondido por teléfono a todas las dudas [de la producción] durante el proceso de producción, pero en la parte creativa no he hecho nada porque no sé nada de cine”, confirmaba en Vanity Fair.

Adolfo Herrera y Nicole Wallece, en una de las escenas de la serie La casa de los espíritus

La nueva La casa de los espíritus, que estrena el 29 de abril por Prime Video, anhela no solo capturar aquel espíritu autóctono de la pluma de Isabel Allende que no asomó en la película, extraviado entre las trampas del idioma y las exigencias de estrellas y locaciones europeas, sino restituir el ejercicio poético que distinguió a la tradición injustamente impugnada como “realismo mágico”. Fantasmas, maldiciones, tradiciones familiares y amores contrariados se conjugaban en un universo tan cercano en la geografía como enrarecido por los enfrentamientos políticos y militares, las injusticias ocultas, las historias de amor y muerte. Es esa letra la que puede volver a sentirse en imágenes que no teman al compromiso cultural, la pasión amorosa y el desafío artístico.

- Publicidad -spot_img
- Publicidad -spot_img
Redes Sociales
16,985FansMe gusta
61,453SeguidoresSeguir
61,453SeguidoresSeguir
2,458SeguidoresSeguir
61,453SuscriptoresSuscribirte
Interesantes
- Publicidad -spot_img
Ultimas Noticias
- Publicidad -spot_img

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí