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Cae la vacunación en toda América Latina: alerta por más casos de enfermedades prevenibles en niños y la situación en el país

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En los últimos 50 años, las vacunas han salvado más de 150 millones de vidas (la mayoría, menores de un año), lo que equivale a seis vidas salvadas por minuto durante esas cinco décadas. Sin embargo, la creciente disminución de las tasas de vacunación en buena parte del planeta, que deben alcanzar al 95% de la población objetivo para ser eficaces, amenazan con quebrar estos logros históricos.

Como desde 2003, a partir de este sábado 25 y hasta el 2 de mayo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) organiza en toda la región la Semana de la Vacunación en las Américas bajo el lema “Tu decisión marca la diferencia. Inmunización para todos”.

Durante un webinar del que participaron periodistas de la región, Leticia Belmont, presidenta de la Academia Mexicana de Pediatría, señaló con preocupación que existen en América Latina 1,4 millones de bebes que no accedieron a ninguna vacuna.

“Todos los países de la región tienen programas de vacunación, pero por distintas causas esas vacunas no llegan a sus destinatarios. Para darnos una idea, ahora que viene el campeonato mundial de fútbol, es el equivalente a 17 estadios aztecas de bebes y niños sin vacunación. Cuando bajan las defensas, resurgen enfermedades como el sarampión; en México, en 2024 y 2025 hubo más de 6400 casos y solo en enero de este año, 740. Se registraron además 35 muertes. Es una enfermedad sumamente contagiosa: un solo caso de sarampión puede provocar hasta 17 contagios”, detalló. La piedra de toque de esta epidemia surgió a partir de la comunidad menonita del estado de Chihuahua, que por sus ideas religiosas se niega a vacunar.

Los logros de la vacunación infantil empezaron  descender por la baja cobertura

Herberth Maldonado, presidente del Consejo Nacional de Práctica de Inmunizaciones Guatemala, llamó la atención acerca de la disminución de la vacunación contra la tos convulsa, también llamada coqueluche o tos ferina, causada por una bacteria de muy rápida transmisión. La vacuna se aplica en embarazadas para proteger al bebé durante sus primeros 2 meses de vida y, a partir de ese momento, en varias dosis, incluido un refuerzo al inicio de la edad escolar, en adolescentes, adultos (especialmente si cuidan a otros) y personas mayores.

“La vacuna disminuye su protección a través del tiempo, y es por eso que deben aplicarse refuerzos –dijo el especialista–. Es una enfermedad que produce ataques de tos que dejan sin respiración, muy complicada porque los accesos de tos pueden causar rotura de costillas y de parte del pulmón, convulsiones, hemorragias, sangrado y muertes. La OPS reportó la alarma, porque casi dos millones de bebes y niños no fueron vacunados en nuestra región”.

De la reunión, participó también Juan Pablo Torres, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Infectología Pediátrica (Slipe), que habló de la positiva experiencia de su país luego de la incorporación en el esquema público de inmunizaciones del anticuerpo de acción prolongada nirsevimab, que se aplica en todos los bebés desde su nacimiento y hasta los 6 meses de vida y se ha revelado como la alternativa más eficaz para prevenir la bronquiolitis, que en más del 80% de los casos está causada por el virus sincicial respiratorio (VSR). Es la primera causa de internación en bebes y niños menores de un año.

Hasta la aparición de este nuevo monoclonal, la estrategia de protección fue vacunar a las mujeres embarazadas entre las semanas 32 y 36 de la gestación para dar inmunidad a sus recién nacidos, y la aplicación de otro anticuerpo monoclonal, el palivizumab, que requiere inyecciones mensuales en prematuros, bebes con cardiopatías y otras afecciones severas.

La vacunación materna, una estrategia extendida

“Al los 2 años prácticamente todos los niños ya tuvieron contacto con este virus –explicó el especialista chileno-. Y los bebes menores de un año son los más afectados, aun si nacieron antes o después de la temporada otoño-invierno, que es cuando el virus más circula. Los síntomas varían: tos, fiebre, sibilancias, dificultad para respirar, dormir y comer. Pero el gran problema radica en que no es posible determinar qué bebe tendrá una infección leve y quién una severa, ya que es una infección que ataca no solo a los más vulnerables, sino también a niños completamente sanos”.

Torres añadió que el programa puesto en marcha en Chile disminuyó las muertes por VSR, que en 2023 fueron 15, pero desde ese momento en adelante no se repitieron. “Se anticuerpo se aplica en todos los recién nacidos y menores de 6 meses y ofrece inmunidad a las 48 horas de aplicado -dijo el infectólogo-. Además de la mortalidad, redujo más del 70% las internaciones. Y nuestras investigaciones demostraron que es una intervención costo efectiva: en 2024 Chile invirtió 45 millones de dólares en implementar esta estrategia, pero a fin de ese año se recuperaron más de 68 millones: es decir, el ahorro que genera en hospitalización y disminución de la mortalidad supera la inversión. Se necesita inmunizar a 15 niños para evitar una internación”.

Los resultados del programa de Chile, que se aplicó parcialmente y con éxito también en Paraguay, fueron tapa de la prestigiosa revista The Lancet.

La situación argentina

En nuestro país, más de 3500 bebés y niños menores de un año murieron por causas evitables en 2024. Esto marcó un aumento de la mortalidad infantil –indicador considerado “centinela” de la salud pública, que se mantenía en descenso desde hacía más de 20 años– al que se suma una creciente disminución de la vacunación en la población infantil que repercute directamente en la reaparición de enfermedades inmunoprevenibles.

“En nuestro país, por ejemplo, la introducción de la vacuna contra la hepatitis A logró reducir más del 90% de la incidencia y eliminar los casos de hepatitis fulminante pediátrica, que solo podía tratarse con un trasplante –afirmó Alejandra Gaiano, médica infectóloga, prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), que acaba de elaborar un informe especial sobre el problema–. Sin embargo, hasta la semana epidemiológica 6 de este año, se notificaron cuatro veces más casos de hepatitis A que en ese mismo período en los años 2021 a 2025, un incremento que coincide con la disminución de la vacunación frente a esta enfermedad, que se aplica en una única dosis al año de vida”.

El incremento de enfermedades coincide con la baja en las inmunizaciones

Las vacunas recomendadas durante el embarazo a la futura madre, como la dTpa que protege al recién nacido para coqueluche y tétanos neonatal y la vacuna contra el VSR, registraron coberturas del 77% y 65% respectivamente en 2025. “Estas cifras están muy por debajo del umbral recomendado por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece coberturas superiores al 95% para garantizar la inmunidad colectiva”, añadió Gaiano. En cuanto a la prevención del VSR, desde este año la Argentina combina la vacuna materna y el uso dirigido del anticuerpo nirsevimab, pero a diferencia de Chile únicamente para los bebes de alto riesgo, aunque sí está disponible en el mercado privado.

El año pasado se registró en el país el mayor número de casos de coqueluche o tos convulsa desde 2019: murieron 11 niños. “Ninguno de ellos había recibido las dosis correspondientes –explicó Marianela Borra, secretaría del Comité de Infectología de la SAP–. Hay una relación directa entre esquemas incompletos y mortalidad por enfermedades prevenibles. La vacunación no solo protege a quien es vacunado, sino también a quienes no pueden vacunarse, como por ejemplo los recién nacidos o aquellos con inmunocompromiso”.

Otro dato que suma preocupación entre los especialistas locales es que uno de cada tres niños no recibió el refuerzo de la vacuna quíntuple o pentavalente (difteria, tétanos, tos convulsa, hepatitis B e infecciones por Haemophilus influenzae tipo b) a los 15 meses y solo la mitad de los de 5 años contaba en 2024 con el calendario completo que se requiere para el ingreso escolar.

En una clara alusión al movimiento antivacunas –que, sin embargo, no parece ser tan fuerte en nuestro país–, Guadalupe Pérez, prosecretaria del Comité de Infectología de la SAP, puntualizó que “se suman distintos factores: dificultad de acceso al sistema de salud por horarios restringidos o distancia a los lugares de vacunación desinformación, percepción errónea del riesgo y la circulación de información no basada en evidencia que han contribuido al descenso de las tasas de vacunación. Hay suficiente evidencia científica para respaldar la eficacia y seguridad de las vacunas, acumulada durante décadas. Las vacunas son seguras”.

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